jueves 19 de noviembre de 2009

Según en qué contextos


Ejem. Una nueva pieza sobre el libro de Gabriela Wiener es hoy portada en notodo.com. No creo que haya muchas más, con este libro maravilloso al menos. Escribí mi antirreseña. Hice una crítica en Estado Crítico. Le hicimos una entrevista que difundimos en nuestro último programa. Son fragmentos de un todo.

Aunque sólo cobre la mitad de las cosas que hago y no tenga ni una noche libre al mes, como freelance estoy últimamente más contenta que nunca. Pero me siento un poco enterradora.

No voy a explicar más que esto. Si desempeño mi trabajo bien, ¿no estoy dando oportunidad al empleador para que se deshaga de un redactor de plantilla?

martes 17 de noviembre de 2009

Más trabajos del fin del mundo


Ya era hora (para mí, que la he recibido hoy) de poder ver la entrevista escrita a Yuri Herrera. Sale en la Go Magazine de noviembre (105). Aquí la ofrezco (pdf enlazado en la imagen), para quien tenga curiosidad en leer más de lo que sabe decir este escritor mexicano.

De su propia voz, se le puede escuchar en los trocitos que emitimos dentro del programa 5 de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?

domingo 15 de noviembre de 2009

Enseñanzas de Fadanelli


Estaba muy cansada. Eran las diez de la noche del sábado y llevaba un día y medio metida en el Círculo de Bellas Artes, experimentando por dentro el lúbrico festival de la literatura puesto en marcha por La Fábrica y la Revista Eñe.

Salí a buscar un cajero y un poco de aire y un billete y un bar. Encontré a Claudia. "Vengo a la conferencia de Fadanelli", me dice. A pesar de haber leído el programa siete u ocho veces, no me había fijado en su nombre.

Y no sabía quién era. Los que sí lo sabían eran legión. La última conferencia del festival fue quizá una de las más concurridas. Y allí apareció una especie de hombre-montaña con gorra en la cabeza, que no dejaba ver más que una pequeña parte de su mandíbula y boca. Con lo que tenía de sobra.

No me voy a detener en lo que dijo (aquí hay algunas de sus perlas), pero lo que fue pronunciando por aquella boca -y el resto de sus canales de comunicación, porque expresaba con su actitud de montaña, a través de su gin-tonic en copa balón, se posicionaba frente al mundo que se le sube a la chepa con su tono chulesco, harto de todo, batallado en todos los frentes, aguardentoso, medio asqueado...- descargó sobre la concurrencia un río de odio.

Y nos reíamos y todo. Y aplaudimos y todo. Pero yo sentí un río de odio. En todas las direcciones -hacia sí, hacia fuera-. Demasiada potencia, demasiada necesidad expresiva, demasiada negatividad, demasiada impotencia además, y la consecuencia es una frustración gigante y un escritor gigante. Pero no le he leído una sola línea. En la conferencia, el mexicano Fadanelli ni se trató de justificar ni de hacer fans. No había, esta vez no, una voz en el estrado tratando de convencernos de qué interesante es.

Porque se odia y se desprecia. Así sentí esa sesión. Bofetadas de inteligencia. Erudición hastiada de sí misma (porque, se ha de concluir por su charla, ¡lo ha leído todo!). Y, junto a esa cascada malsana, ahí detrás, oculto con la gorra y el gin-tonic y las palabras como cascajos, alguien que ha sabido vivir en medio de sus instintos (destructivos/autodestructivos) torciéndoles la mano.

Qué sé yo si es auténtico o no. Si esto es literatura o no lo es.

Lo que tengo claro hoy es que no se puede luchar contra, sólo se puede luchar dentro.

viernes 13 de noviembre de 2009

Prensa gratis y triste

La primera vez que apareció mi nombre en un periódico fue hace quizá dieciocho años. No existían la prensa digital ni los blogs, a la sazón. Escribieron mi nombre mal en la firma (me apellidaron Colón, como un colaborador fijo de aquel diario que, además, fue mi profesor años después) y jamás cobré la colaboración.

Seguramente aquel texto no merecía ni ser recordado. Seguro que era triste.

La segunda vez fue hoy. Se puede ver aquí, para quien no haya pillado un ejemplar a uno cualquiera de los esforzados repartidores. Una huelga de los trabajadores del diario (ya van 150 despidos, una barbaridad) ha propiciado que echen mano del texto de una freelance.

Es un poco triste.

Nos quieren hacer creer que la prensa es gratis.

jueves 12 de noviembre de 2009

Las mañanas transversales


Una de esas mañanas. Dispersión total. Trabajo en siete cosas, todas a la vez, y trabajo sobre todo en encontrar trabajo. Me asusto del mundo, pero estoy en mi centro. Si uno sin conocerme revisa mi curriculum, pensará que soy una estrella del periodismo cultural. Pero en esto no hay estrellas. Plumillas valorados peor que un señor que pegue ladrillos, que una señora que limpie escaleras. No estoy exagerando.

Uno detrás de esta pantalla se encuentra con solicitudes de personal del más alto descabello (un redactor con varios años de experiencia, alemán e inglés, a jornada completa, por 12000 euros al año, ejemplo absolutamente cierto y visto esta mañana). Pero, claro, los jóvenes no pueden elegir. ¿Qué hay de los que no lo somos?

El caso es que lo hacemos con gusto. Y los que pagan -los que deberían pagar- se dicen aquello de sarna con gusto no pica... Como en el medievo, se llevan las especies. Te quedas el disco que comentas y te das con un canto en los dientes. A veces, la especie es una entrada que a otros les ha costado 40 euros o una noche en una cola. No me siento privilegiada por ello, ni mejor pagada.

Por aquí se lleva darle los escasos presupuestos a los que tienen "firma", aunque periodistas no sean. Y los periodistas seguimos engrosando las colas del paro (aquí y en todas partes). Puede que el paro no. Yo no me paro. Sólo he de seguir aceptando las reglas del juego. Donde cuatro ladrillos valían siete, ahora valen tres. Lo tomas o lo dejas.

Mientras tanto, la firma. Este fin de semana lo pasaré muy metida en un festival protagonizado por aquellos que ya se han hecho una firma. Y pondrán muchas en los libros de sus fans.

Ayer tarde, la firma. A un escritor le pedían, en la fila de delante, que firmara su cuento. Uno de los doscientos que se presentaban como parte de una antología de microrrelatos. Casi 200 mini ficciones, en los que algunos de sus autores se quedan 3 o 4 de los textos.

En todas partes, la firma. Iban Zaldua -uno de mis escritores favoritos- presenta su nuevo libro, que afortunadamente encuentra un hueco en la nueva encarnación de la editorial Lengua de Trapo. (Será en el Hotel Kafka en Hortaleza, a las 19,30 h.).

Lo bueno de estas mañanas (que antes, en otra época, podían sumirme en un abismo, que hoy también, pero que ya sé que del abismo se sube, tarde o temprano) es que las dejo estar. No lucho contra ellas. Ni contra este estado precario. Me adapto a la situación y braceo, pero sin desespero. Los hilos de los que puedo tirar para mover las circunstancias cuelgan a una distancia estratosférica y yo soy Alicia después de haber ingerido el bebedizo empequeñecedor. Salto y corro nerviosa de un tema al siguiente, de una web a la otra, de un asunto al de más allá. Pero lo importante es saltar y correr.

Alguien como yo tiene muchas maneras de suicidarse (metafóricamente). Por ejemplo, momificarse en un solo espacio mental, olvidarme de lo fácil que sería no tratar de reinventarme de cualquier forma posible, petrificarme. Que otro sea estatua de sal.