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viernes, 11 de enero de 2008

Independencia Cultural: indie chileno en la década del 2000

País largo como una hebra, entre la cordillera y el océano, sufre de aislamiento natural. Pero, dentro, experimenta un momento de creación musical efervescente que se vive como una sacudida del abotargamiento. Los artistas de esta generación se presentan sin complejos, evolucionan sin pedir permiso y van dejando, en lo que va de década, el poso de un trabajo serio y creativamente goloso. Eso sí, en este reportaje, no hay dos iguales.

Informe Indie Chileno

Era 1986, duros tiempos para hacer pop en Chile. Uno de los grupos de la época (mitológicos de punta a punta del subcontinente), Los Prisioneros, cerraba con ese tema el recordado ‘Pateando Piedras’ (Emi Odeón Chilena, 1986): ‘Independencia cultural’ es tan lúcida y actual que fascina. En Chile, creativamente, siempre se ha mirado poco, o a destiempo, hacia fuera. Pero aquí vamos a hablar del hoy. La agitación interna que se vive en lo musical merece que nos detengamos a revisar qué, y por qué, y quiénes.

Daniel Riveros, Gepe, ha acaparado recientemente la suficiente atención (siendo bien recibido además en Argentina, México y España) para tener que vérselas con envidias y otras yerbas. Alguien dijo en la prensa que era “el nuevo Víctor Jara” y el eco se amplificó. Puede que no lidere ningún movimiento ideológico pero –salvando las distancias-, él está recorriendo el camino de búsqueda de un lenguaje que todo autor debería seguir. Dice, “yo lo tengo como referente musical, no como figura”. No es el único, voto a bríos. En la senda de la recuperación desacomplejada y recreativa del folk, está el trabajo de Manuel García, con ‘Pánico’ (Alerce, 2005), aliento trovero y una voz que remite inmediatamente a la de Silvio Rodríguez. Cerca, pero sin tocarse, se sitúa Leo Quinteros (telonero de la reciente gira de Dominique A); su cuarto álbum es ‘Los accidentes del futuro’: esquemas pop-rock sesenteros, jugueteo melódico y textos de enorme solidez. Escucharle trae a la memoria grandes nombres del rock y figuras sabias del pop latinoamericano como Charly García.

Ni tanto ni tan calvo

En Chile hubo un periodo cultural un poco vacío o muy reprimido durante los 70 y 80. En los 90 empezaron a ocurrir cosas. La segunda mitad de los 90 sirvió para crear una plataforma para que la generación más joven, la que empezó a florecer en el 2000, pudiera tener mejores herramientas de creación. A la vez, esa generación quiere sacarse el estigma de arte politizado que tenían la mayoría de las creaciones chilenas”, dice Rodrigo Santis, capo de Quemasucabeza, uno de los sellos que más y mejor agitan allí. Desde Neurotyka, discográfica que anima la escena alternativa desde el 2004, opina Hixaga: “Siempre ha existido una escena independiente, no muy grande, claro, por el tamaño de nuestro mercado. Ahora bien, desde la irrupción de las nuevas tecnologias, las que tienen que ver con la internet social o web 2.0, la escena musical se ha expandido. No creo que sea un momento especial, sino que tanto el público como los mismos artistas, profesionales y aficionados, pueden dar a conocer de manera mas fácil y abierta su trabajo, lo que genera que se produzcan movimientos, intercambios y colaboraciones”. El concepto de autor se ve representado en esta casa por el trabajo de Fernando Milagros, de profesión actor, que se inspira en el country-folk, la intimidad de un Devendra y el eco arrastrado de un Yann Tiersen, sin renunciar a su identidad: ‘Vacaciones en el patio de mi casa’ (Neurotyka) es su debut. Este sello, por su lado, presta atención a otros estilos, como el hip hop de Colectivo Etéreo (maravillosa su ‘Balas y Falos’), integrado por Prospegto Arkano, Menda, Dj Vaskular, Tonossepia y una de las almas más inquietas de Santiago: Dadalú. Rapera porque, dice, en un rap se pueden decir muchas más cosas que en una canción, habla sin tapujos de la creación, de ser mujer y músico en Chile hoy, y su desparpajo da mucha envidia.

Despegando del underground, hay más mujeres de carreras prometedoras. Javiera Mena ya editó su ‘Esquemas Juveniles’ (Índice Virgen) en Argentina y México: coquetea con el tecno-pop, cuenta historias de corazón roto con dulzura y, entre lo frívolo y lo sentimental, está creando una imaginería poderosa. Imprescindible su dúo con Gepe en ‘Sol de invierno’. Francisca Valenzuela, jovencísima debutante con ‘Muérdete la lengua’ (Feria La Oreja, 2007), ha llamado la atención por la frescura de su pop de autor, aunque parece que quiere jugar en otras ligas. El tiempo dictará sentencia.

El Sueño de la Casa Propia encierra un proyecto personal (José Manuel Cerda), desde Valparaíso, con personalidad electrónica y sentimiento lírico. Y mucho más: el pop marciano de Teleradio Donoso (‘Gran Santiago’). Perrosky (‘El ritmo y la calle’), músicos con años de experiencia que hacen un blues-rock con resonancias de The Gun Club o Violent Femmes. Matorral, Guiso, los hermanos Mostro, Familea Miranda o los restos del mejor grupo de fusión, Fulano, reconvertidos en La Media Banda. Pero aquí, ya, estamos “pateando piedras”.


//Este reportaje (junto con la entrevista a Gepe que subí anteriormente) fue publicado en Clone Magazine número 30 enero-febrero 2008. ¿Por qué Chile? Porque es mi debilidad, porque el momento creativo de esta nueva generación es francamente impresionante, porque todo me suena más auténtico, porque sí y por el apoyo y la fe de Pablo Vinuesa//.

jueves, 10 de enero de 2008

Gepe: muerde el bocado

Por segunda vez tengo a mi disposición a este audaz, inquieto artista del otro lado del globo, para sonsacarle las respuestas francas que le caracterizan. Gepe –Daniel Riveros-, quien representa a una nueva generación de creadores chilenos sin respeto por nada, se somete a las preguntas de esta periodista-fan (de la peor clase) en una taberna capitalina. Dos suculentos pinchos esperan.

Gepe: muerde el bocado

Tras ‘Gepinto’, ¿qué te ha traído ‘Hungría’ (Factoría Autor, 2007), tu segundo disco? Buscaba encontrar un lenguaje que, manteniendo lo que hago, diera un paso más allá en términos de internacionalización... Creo que eso lo logré, este disco ha sido mucho mejor comprendido fuera de Chile.

Te he leído en algún lugar que tú no guardas ningún respeto por las cosas que aprecias… Es que no le tengo miedo a meterle mano a todo. No sé si lo que yo busco es música de autor, pero no me importa mezclar cosas, o hablar sobre un tema que técnicamente no domino, pero lo intuyo. A veces he hecho formas de canciones que alguien me contó que se hacían. Yo me atrevo, perdí el respeto a la academia.

¿Crees que te están entendiendo? Incluso las malas críticas me gustan, los análisis son mucho más objetivos que en Chile, donde saben que tengo un cierto perfil y lo hablan desde ahí. Yo quiero que la música se entienda desde la música y no desde sus referentes.

¿Qué significa crear en Santiago? Es difícil analizar la propia situación, siempre he vivido en el mismo lugar… Aunque creo que estoy en el momento adecuado y en el lugar correcto, como que todo lo que he conseguido dependiera de eso. Uno tiene una especie de talento para algo, pero ese talento se desarrolla en un contexto y una circunstancia… Estoy bien, es de donde soy no más.

Naciste a la música en un grupo de noise-rock (Taller Dejao) y ahora vas de autor e intimista, ¿no echas de menos la electricidad? A mí me gustaba Sonic Youth, y tenía guitarra y hacía ruidos, las tiraba por las escaleras… Volvería a esa parte de investigación, porque a mí me gustan compositores como Olivier Messiaen, Stockhausen, Luigi Nono… La creación de atmósferas. De hecho, donde yo quiero llegar es algo que está en ese mundo, académico-abstracto-filosófico-espiritual –y suelta esto de un solo aliento, sonriendo para dentro-, y en esto muy directo que se llama pop, que se hace en tres minutos treinta, eso es. Creo que hay un modo de llegar al medio, creo que Violeta Parra lo hizo, como volverse abstracta, amorosa, potente, pero en un formato súper claro, “cachai”.

¿Cómo ves la creación musical de tu país? En Chile no tenemos casi ninguna influencia de nosotros mismos, recibimos todo de fuera. Eso ha creado una personalidad mucho más propia; los artistas chilenos son muy distintos unos a otros. Javiera Mena y yo, por ejemplo, no nos influimos musicalmente. Eso no pasa en Brasil u otros países, donde sí se pueden encontrar escuelas. En Chile hay pocos bloques, poca gente, y muchas ideas distintas.

Con esto ya está, Daniel. Ah, ya, excelente -y muerde el bocado.

Gepe en el Retiro
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Publicado en Clone 30 (enero-febrero 2008), como parte del Informe Indie Chileno.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Afterpop: la literatura de la implosión mediática (reseña)

Publicada en el Clone Magazine, número 28 (sep-oct 2007)

Afterpop: la literatura de la implosión mediática
Eloy Fernández Porta
Berenice

Afterpop no es un libro. Es colección de artículos, conectados con hilo fino y sin apretar demasiado. Una exposición, a priori, de las falencias de la crítica literaria, la que se expele a diario desde los púlpitos periódicos, y una exhibición de las características de una nueva sensibilidad practicada, hoy, por muchos de nuestros autores. El campo de juegos literario está siendo puesto del revés, y es aquí que el crítico, aferrado a categorías caducas, rancias, se debate panza arriba. Crítica de la crítica y luz sobre lo oscuro. Afterpop no es una lección. Es una guía, abierta, amplia y acogedora, pero no sencilla de penetrar. Su mayor atractivo es, permítanme, su complejidad. Una idea no es mejor cuanto más enrevesada se presente, pero en el libro de EFP, ese elemento –la sobresaturación de nombres y referencias, la catarata expansiva de anclajes, ejemplos y citas- es una simple gozada. Ampliemos esto: en cada uno de estos ensayos hay sufiente material para sostenerse por sí solo; pero el armazón conceptual se afirma, se agiganta, mediante elementos que “narran” su situación geo-cultural, su “aquí y ahora”. Afterpop no es un ensayo. Es un hallazgo: de una forma de pensamiento reptante, sinuosa, aglutinante, incómoda, pérfida y pervertidora. No hay nada fijo, ni tesis ni leyes. Es un relato de ideas. Algo recorre su articulación: la voluntad de no dejar títere con cabeza. No es iconoclastia pura y estéril. Es salvaje y fértil iconoclastia. Y tan, tan brillante, que ciega.

miércoles, 29 de agosto de 2007

ATMO: Independientes sin red

No hay imagen inocente, ya sea fija o en movimiento: ése es el centro del dilema que arrastra el cine documental. Cualquier objeto, persona o situación es modificado -envilecido- por el simple hecho de ser observado –no digamos ya por ser filmado-; la más simple decisión –vg. el emplazamiento de la cámara- es una toma de posición. Y toda toma de posición es política.

Algunos creen que es una manera de producir propaganda con coartada intelectual; otros, que es la única forma honesta de hacer no-ficción. Un grupo de realizadores y productores independientes se ha bordado este axioma en el forro de la gorra para encarar, desde el 2000, la producción de películas bajo la etiqueta ATMO: una de las factorías europeas de audiovisual más creativas, prolíficas y tendenciosas del momento.

Ellos son los responsables de “Read My Lips”, clips que recorren la red cual reguero de pólvora, en los que personajes de la política mundial dicen aquello que nunca quisieron decir en público: mediante una elaborada técnica de sincronización, George Bush, Sadam Hussein o Bin Laden cantan canciones de amor, develan su verdadero discurso o ejercen de hipnotizadores de feria –véase “The Voice” de Johan Söderberg.

Además de las carátulas y animaciones que generan para televisión, lo más ambicioso de su proyecto es cosa del tándem Erik Gandini-Tarik Saleh. “Sacrificio: Who Betrayed Che Guevara?” (2000) escarbaba en circunstancias que muchos prefieren mantener en el limbo de la leyenda. Y en 2003 “Surplus: Terrorized into Being Consumers” (en un canal temático se emitió como “Superávit”) hizo que festivales del mundo entero se volvieran hacia ellos.

¿Por qué el 20% del planeta come el 80% de los recursos y se queda tan pancho? ¿Cuál es el derecho que tienen los gobernantes del G8 a fomentar la escalada loca del consumismo? ¿Y cuál el que se arrogan los manifestantes anti-globalización para destruir la propiedad ajena? “Surplus” es un sofisticado vídeo-clip de 90 minutos, que utiliza la música y el montaje en una búsqueda sensorial y no pretende explicar la realidad, sino levantar ampollas yuxtaponiendo elementos: una adolescente cubana que sueña con comer big-macs a paletadas, junto a un treintañero sueco que no sabe cómo gastar su dinero, junto a Steve Ballmer arengando cual domador a los desarrolladores del emporio Microsoft, junto al discurso de George Bush en que invita a perder el miedo a consumir… ¡Si Eisenstein levantara la cabeza!

Hace sólo unos meses presentaron “Gitmo: The New Rules of War”, que ya comenzó su carrera de premios y festivales, una película destinada a permanecer como el más completo documento de lo poco/nada que se conoce sobre qué pasa al otro lado de la verja de Guantánamo. No busques objetividad en sus filmes: Atmo es una posición ideológica y un compromiso. Hacer cine aséptico en estos tiempos, según ellos, no es leal ni apropiado. Si lo quieres, lo tomas. Si no, lo discutes.

//Este artículo apareció en la revista Clone en julio de 2006. En la página de la productora puedes ver novedades: ATMO. En youtube hay varios clips de la película Surplus: este es mi favorito//

martes, 22 de mayo de 2007

Belleza americana

Kristin Hersh es una estrella. Despide una intensa luz genuinamente americana, hecha de alma oscura e historias agridulces. Escribe e interpreta. Hace aquello que sabe hacer. Siete discos en solitario y una decena a lomos de grupos. En la música desde los catorce. Hoy tiene cuarenta y su nombre forma parte de uno de los capítulos más memorables del indie-rock. Ha pasado por todos los estados de la lucha, hasta afianzarse en el firmamento. Ella puede enseñarte a cantar como una estrella.

¿Alguien duda hoy día de que Throwing Muses fueron tan importantes como los Pixies? Banda aparte en el indie, de fuerte personalidad, el grupo escribió un capítulo fundamental al hermanar new wave y punk con el country-folk y al tener, todo sea dicho, a dos mujeres al frente, cuando eso era todavía curiosidad de museo. Tanya Donelly y Kristin Hersh destaparon sucesivas cajas de Pandora desde 1983 hasta que, en 1991, tras ‘The Real Ramona’, se separaron. Kristin se aferró al grupo mientras fue humanamente posible, secundada por el fiel David Narcizo. Throwing Muses era para ella, hasta entonces, su vida. Bajo su manto se hizo adulta, sufrió decepciones, se recolectó de nuevo.

Pero hubo de disolver la banda, aduciendo que ya no podía perder más dinero. Toda pasión tiene un precio. Tiempo antes, y sin creérselo, había hecho su debut en solitario: ‘Sé que llevo veinte años haciendo discos, pero mi carrera solista me fue impuesta, nunca me la plantée realmente. Hice unas canciones para mi marido y él las envió a Warner Brothers: eso es mi primer disco. Entonces pensé “¡¡no!!”. He estado siempre escondida detrás de Throwing Muses, yo sería chica-en-una-banda para siempre; y, de pronto, ponen mi nombre en un disco.’

Así sucedió ‘Hips and Makers’ (Sire/4AD, 1994), disco largamente celebrado que vendió más que cualquiera de los álbumes de su banda. Desde entonces, a veces abrazó sonidos de apariencia llena o luminosa (‘Sky Motel’, 1999), otras desnudaba su guitarra en ambientes fantasmales (‘The Grotto’, 2003). Pero es ahora, en ‘Learn to Sing Like a Star’ (Yep Roc, 2007), donde se la oye pisar todo lo fuerte que se puede con una Collings. ‘He tenido que aprender a sentirme afortunada, en lugar de estar con el corazón roto por Throwing Muses. He debido darme cuenta de que éste es mi trabajo y dejarme de pamplinas. Ahora mismo lo que hago involucra a cinco personas en el escenario y eso es maravilloso. Realmente soy muy tímida, no tengo el gen del “artista”, del “espectáculo”. Me siento muy afortunada, porque me dejan fingirlo y hacer mi trabajo’.

Es como si, por fin, se aceptara con su rasposa voz y su lírica arisca. ‘El título vino de… ¿conoces el spam? Entre las mezclas que me mandaba mi ingeniero por e-mail, me llegó uno titulado así, ‘Aprende a cantar como una estrella’; era tonto, pero al mismo tiempo me molestó. Estoy trabajando en mi disco y me dicen “hey, debes aprender a cantar”, ¡y es verdad! Empezamos a usarlo, como broma. Cada productor con el que he trabajado me ha hecho repetir mil veces las voces… Cuando intento cantar como una verdadera cantante, ¡suena como una conversación! Pero, a la vez, la verdadera razón por la que los seres humanos cantan es… para alcanzar las estrellas, para llegar al espacio...’

Sus canciones emocionan a fans en medio mundo, pero ella sostiene que le son “dictadas”: ‘Es casi como una incautación: mi cabeza tiene un resultado, y de alguna forma sé qué necesito y qué no. La oigo, y yo sólo la transcribo. Sí, utilizo la guitarra para llegar ahí, pero… no creo que sea mental, es… otra cosa y no precisamente pensar’. Bajo esta desmigajada forma de componer, se trituran las historias de decadentes, solitarios, borrachuzos, milagrosos, portadores de gracia, falsos, raros, o rarísimos; el desamparo, la depresión, la amargura, las separaciones, lo cómico, lo trágico, la pléyade infinita de oscura belleza americana es invitada a sus canciones: ‘Tiene su gracia, porque yo tengo un problema, personalmente, con los sentimientos. Yo estudiaba para ser científica cuando la música apareció. Nunca he querido estallidos emocionales, todo lo quería “divertido” y “bonito” y “ligero”. Lo que sucede es que una canción no juzga las experiencias en términos de bueno o malo, oscuro o claro; toma la intensidad de la emoción. La canción dice “esto es un punto alto y esto es uno bajo y vamos a hacerlos casar y creamos un punto enorme”. Yo no tengo paciencia para altos y bajos. Quizá es lo que sucede cuando tu personalidad no está hecha para lidiar con esas cosas… En ese orden, componer música siempre ha sido para mí una salvación.’

Y ahora una protesta: basta ya con el discurso de “mira, es una mami rockera”. Como la mitad (estadísticamente y sin comprobación alguna) de sus pares hombres, tiene familia a la que atender y facturas que pagar. Pero es cómodo no recordar eso cuando se repasan las carreras de Michael Stipe, Bob Mould o Andrew Bird -músicos que la han acompañado alguna vez. Es su “curro”, así lo llama ella, pero también: ‘Es droga. Lo he intentado dejar, sí, porque soy madre y no debería estar haciendo esto. Pero ni siquiera puedo vivir sin escuchar a otros haciéndolo. Cuando parece que estoy cansada… no, no… estoy a la espera de ese subidón, una y otra vez. Es como una terrible misión, y sé que esta vida me llega a enfermar... Soy muy feliz cuando veo a Vic Chesnutt o Howe Gelb haciéndolo, y sé que siguen adelante, son mis mejores amigos, así que también yo puedo’.

Kristin Hersh 18-03-2007

//Artículo aparecido en la revista Clone -número 26 mayo-junio 2007 //

miércoles, 11 de abril de 2007

Un hombre: Klaus Klump (reseña)

Reseña publicada en Clone, enero-febrero 2007.


Un hombre: Klaus Klump
Gonçalo M. Tavares

Mondadori

Qué le sucede a un hombre fuerte en un contexto de guerra. El portugués Gonçalo M. Tavares –autor aún por descubrir aquí- se propuso esta cuestión como fondo en la primera novela que le han traducido al español (lleva cuatro años publicando sin pausa en su país). Este libro debe, por tanto, tomarse como aperitivo, como una degustación (breve e intensa) de lo que está por llegar. Con “Un hombre: Klaus Klump” (perteneciente al ciclo llamado de “novelas negras”) el autor investiga en la materia ausente de la naturaleza, en la violencia que produce la guerra sobre los hombres, en la forma maleable de las conciencias y el tejido social. La lectura de esta novela es de una intensidad no apta para cómodos. Hay algo de destilado en esta prosa, una cualidad de decantación que la hace espesa y consistente, y mucho más compleja de lo que podría uno esperarse. Se trata de una literatura –alta, por las miras, por la ambición - que apuesta por concentrarse en las cosas, por usar lo material del mundo (perros, ruidos, olores, manos, pelos, llagas, cuchillos y balas), al tiempo que fomenta el pensamiento. Con una cualidad analítica propia de la filosofía, con fervorosa confianza en la palabra, pero al mismo tiempo, desde la humildad, evitando como la peste entregar respuestas cerradas, Tavares se sitúa en la mejor tradición europea que hace hermanas a la narrativa y la ética. Pocos se atreven hoy por hoy a abrir con el bisturí del lenguaje la sustancia moral de los tiempos y de los hombres.