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jueves, 29 de julio de 2010

A mí sí me gusta Amélie Poulain


Y cuántas veces no habré llorado como una imbécil con la escena (la cuarta, o así, "a Amélie le gusta...") en la que mete la mano en un saco de lentejas. Soy de ésas. O solía serlo, a saber si la película me resiste una sexta (re)visión.

Pero también me he reído como una imbécil leyendo un tebeo, el cómic al que le copio la viñeta, una de las más perfectas/sincréticas de un libro lleno de viñetas brutales.

Aunque vaya por delante que no soy quién para opinar sobre cómic, que habré leído cuatro o cinco en mi vida. Ah, esperen, tengo que contar los quince o veinte Tintines, ocho o diez Asterix y diez o doce Mortadelo y Filemón que tuve de pequeña. El Libro Gordo de Petete no entra en la categoría cómic.

Da lo mismo, aquí, mi nula capacidad crítica al respecto del arte secuencial. Porque en realidad lo que quería decir es cuán lúcido, inteligente y masacrador es este librito delicioso. Que puedo entender que aborrezcan American Beauty y Amélie -fundadores de cierta ñoñez cinematográfica de gran raigambre, cierto-, pero también que desparramen sobre Cameron y Scott -aunque a mi entender, desaprovecharon la oportunidad de hacerles pelear acerca de Alien. O incluso con Alien dentro.

Y que, más allá de eso, el auténtico color de esta historia, magníficamente dibujada por Darío Adanti y rematadamente bien escrita por Jordi Costa, está en la oportunidad de reirnos con delirio de todos esos mitos, más cercanos o más lejanos. La necesidad de entrecomillar la mitomanía. Y la fiesta de la creatividad gamberra e inteligente. Están los guiños más o menos privados (la redacción de Fotogramas, tan bien representada), aunque yo lo que les agradezco en el alma es la caracterización de Philipp Engel, porque es el único al que conozco. Un diez.

Y de verdad que yo también habría dado unas cuantas hostias de haber estado viajando a través de "2000 años de cine" -aunque mis víctimas ideales hubiesen sido Meg Ryan y no muy atrás Tom Cruise-.

Antonio Trashorras, en su presentación madrileña de 2000 años de cine, les dijo a los autores (responsables también de Mis problemas con Amenábar, que ya estoy corriendo a comprar) que él quería más. ¿Dónde hay que firmar?

miércoles, 22 de abril de 2009

Philippe Petit


Imaginaos un cable tendido entre el edificio Metrópolis y la terraza del Círculo de Bellas Artes, y un hombre en lo alto, un funambule, a wirewalker, un funambulista artista del aire sin otro objeto que pergeñar sus pasos etéreos y capturar vuestras miradas. Eso es Philippe Petit: gratis, sin causa, sin consecuencia, arte blando, persecución ciega, belleza sin apóstrofe, sin mercado, sin intercambio. Eso fue para muchos grises neoyorquinos en un día cualquiera del setenta y cuatro, cuando yo todavía usaba pañal y chupete. Y nos lo cuentan en Man on Wire.

Por mi parte, lo he contado así en notodo.com y hoy es portada.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

De Flickr a Cahiers

Quién me iba a decir a mí que alguna vez iba a ver publicado mi nombre en una de las revistas más prestigiosas y admiradas que existen. Cahiers du Cinéma, en su edición España, lleva este mes de diciembre (número 7) un artículo salido de esta fábrica.

Las carambolas suceden. Llevo tres años en Flickr. He conocido a muchos contactos, y a veces he conocido a las personas detrás de los contactos. Así sucedió con Luís - Una cierta mirada. Él es alcalaíno, de los de verdad (mientras que yo sólo vivo aquí y trato de sacarle partido). Dirige el Festival Alcine y la sección cinematográfica de las actividades culturales desde la Fundación Colegio del Rey.

Él me puso en contacto con Cahiers. Sin conocerme de nada, han confiado en mí, y en la página 47 (dos tercios de la misma para ser exactos) está la crónica de lo que pude ver en Alcine: mi nombre al lado de firmas como las de Carlos Reviriego o Carlos F. Heredero. Cuánto tocayo.

Eso me trae a la cabeza una anécdota: hace muchos años, traté de hacer pinitos en un diario sevillano, donde solía publicar un profesor de la facultad de Ciencias de la Comunicación y crítico eminentísimo, especializado en música en el cine: Carlos Colón. Colón me daba clases y yo repetía a diario que me recordaba (lejanamente) a mi padre. Aquel textito (creo que un repaso a la agenda musical de un olvidadísimo fin de semana) salió firmado como Carolina Colón.

Cahiers - Alcine