Mostrando entradas con la etiqueta periodismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta periodismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de septiembre de 2011

A la rica caza

Lo decía Guillem Martínez en una de esas entrevistas recientes sobre la Cultura de la Transición: "La CB (Cultura Brunete) es el primo de Zumosol de la CT. Es una cultura importada y pagada con dinero de FAES a los think tanks republicanos" (del artículo El pelotazo de la cultura, de Pablo Elorduy e Irene G. Rubio, Diagonal 23/06/2011). También decía en otro momento de ese "especial" Cultura de la Transición: "Está sobreexplotada ETA, muy sobreexplotada. Han conseguido eliminar tres partidos, es muy serio". Y en esta última frase se refiere al movimiento #15M.

No soy analista política, un poquito podría considerarme analista de los medios o de la información o de la cultura, en este último ítem me podría llamar aprendiz, en fin. Sólo sumo, corrijo, resto, divido y multiplico, la ecuación se está haciendo sola a medida que recibo códigos. Y no están muy ocultos.

Si la CB es una versión iracunda de nuestra CT (le importa un pepino el consenso), si se muestra irracional, fantasiosa y tremenda como lo fue su líder espiritual (Aznar), si tiene voces que podrían ser leídos y escuchados por muchxs como una versión enternecedora de la parodia de Chaplin sobre los dictadores (de Jiménez Losantos a Sánchez-Dragó, y sólo dejo un enlace a su última chorrada autoparódica), la CB es lo que viene, o es la cara B de la Cultura de la Transición que sí, que parece agotada. Que no se ha muerto.

Visto que la alternancia no alterna nada, en verdad, y que esos dos grandes importantísimos partidos ya no son Jekyll y Hyde sino los dos a la vez en un mismo rostro, lo que viene es una CTB. No podemos escandalizarnos ni un poquito por las portadas de La Gaceta  ni por los debates de Intereconomía, porque esta cultura los ha dejado existir, crecer y posicionarse como medios a los que muchos (cada día más) otorgan credibilidad: eso quiere decir que les otorgan la posibilidad de instalar su visión del mundo en sus cabezas.

Da bastante miedo. Puede que esos dos medios que menciono nos parezcan de risa, pero el problema (como me señaló alguien en twitter estos días) es que, mientras nos reíamos, se crecieron. Y la osadía se extiende y multiplica.

Sobre esa misma ecuación que se me ha ido "revelando" (y es que venimos de un verano agostado, santero y milagroso como pocos), ETA ya no existe, por más que se empeñen en darle de cuando en cuando un espacio en cuerpo 60 en un titular (uno de los últimos que leí la daba por muerta, y creo recordar que se disputaban la autoría de su asesinato).

Lo que existe en su lugar son los indignados, palabro por el que muchos hace rato no sentimos ninguna simpatía (etiquetar funciona como mecanismo de reducción). Lo contrapongo a riesgo de que se me malentienda: los indignados vienen ocupando en estas semanas, en pequeños brotes, el lugar que se asignaba a ETA en nuestra "cultura". Se nos ha mostrado increpando a peregrinos, se nos ha mostrado en asambleas y sentadas como un peligro y, la de hoy, se nos señala como infiltrados en las reuniones de los profesores.

Esto último no lo hace un medio, sino directamente un político. Dando carnaza.

Ya sabíamos que se nos prefería quietos, callados y consumiendo. Pero consumir apenas podemos y nos queda un espacio mental importante en nuestros cerebros mientras, con una lata de gaseosa del Día, nos quedamos en cuartos alquilados o nos sentamos en las plazas entre palomas grises. Hemos encontrado una forma mejor de invertir el espacio mental y de usar las plazas. La indignación, que pudo ser la chispa, ya no es crucial. El trabajo que se está desarrollando es la creación, y visibilización, de conciencia crítica distribuida y multiplicadora. Y como no dejan de echarnos leña, ahí seguiremos.

En los medios, se pasó de la indiferencia o la ausencia total a ocupar algún que otro espacio importante, a tener sobre el movimiento los ojos de los opinadores y todólogos de todo signo (con un paternalismo y una condescendencia crecientes, brutales y asqueantes). El #15M o la revolución de la ciudadanía harta, positiva, esperanzada y crítica, ya se está presentando al común como una epidemia, un mal, un cáncer, un fenómeno terrorista. No queda Transición, no queda guerra, y no queda más enemigo que el ciudadano que se ha cansado de que le expolien sus derechos.

PD. Soy bastante avestruz. Habitualmente huyo de aquello que me hace daño. Por eso este post es muy raro en este blog. No tengo vocación de Cassandra, por demás.

miércoles, 26 de enero de 2011

De obrerxs y esquiroles

Anoche acudí a la presentación del libro de Mercedes Cebrián, La nueva taxidermia -un libro al que quiero dedicar más frases que ésta, en otro momento-. En la calle, fuera de la librería, tuvo lugar este diálogo:

Un abogado al que no conozco: "Sí, vengo del trabajo"
Carolink: "Pues qué bien. Debes de ser la única persona de esta gran reunión con un contrato laboral. El contrato laboral es una entelequia".
El abogado: "Hoy he hecho un contrato laboral a una chica" (nótese, "chica").
Carolink: "Felicitaciones. Espero que sea un contrato de trabajo digno sin condiciones precarias".
El abogado: "..."

Sigo haciendo amigos.

Elena Cabrera escribió esta entrada hace pocos días y suscribo cada punto y coma de su artículo, aunque el verdadero problema, al que no entraba en esta ocasión, es que ella y miles más estemos detrás de nuestras pantallas caseras esperando esa respuesta, ese "sí te lo compro", ese encargo bendito con el que sumar cuarenta, dieciocho, sesenta, cien euros por texto. Hay medios más benévolos que otros (y benévolo es la traducción literal de "voluntario" en francés).

Colaboro, como sabéis, desde hace bastante más de un año en el blog Estado Crítico. Lo que publicamos -salvo excepciones- es texto creado para ese blog. Habrá quienes lo hagan por visibilidad, relevancia, qué sé yo. A mí -como es el caso del programa- me parece un espacio útil para, no siempre teniendo el medio que saque mis textos, escribir críticas honestas sin presiones ni limitación de caracteres. Sin embargo, hay quien prefiere no colaborar con el blog y regalar ese trabajo a un periódico. Un periódico que solicita críticas literarias pero no las va a pagar.

Ésta debe de ser de las pocas actividades profesionales en que la gente se regala: no veo yo que lo haga la cajera del supermercado, ni el abogado de la ONG, ni el arquitecto de la obra. Es normal que nos tomen el pelo y lo único que nos ofrezcan, cuando buscamos un contrato laboral, sean situaciones de post-becario, "contrato de autónomo dependiente" (la broma máxima: tenga horario y obligaciones de oficina, no cuente con ningún derecho de empleado) o colaboraciones desde casa (ahórrome tus seguros sociales, tu espacio físico, tu conexión adsl y tus derechos).

Todos hemos empezado en las reseñas sin firmar y sin cobrar, quizá para acariciarnos el ego publicador o para enseñárselo a la abuela o para "hacer curriculum". Normal cuando se trata de estudiantes, de gente muy joven. Aunque en el escenario digital de hoy: ¿Por qué se lo regalas a una empresa?

¿Por qué no sumas tus esfuerzos a una red de creadores? ¿Por qué no te implicas en una radio libre, en un fanzine, en un proyectos común donde no mande el dinero? ¿Por qué no expones tus contenidos en proyectos públicos, con licencia de republicación, cita y remezcla? ¿Por qué no te quedas esos textos en tu propio espacio en lugar de dárselos a un periódico que está mermando la plantilla cada semana y después publica cuentas de resultados elegantes y saneadas?

Me encantó descubrir esta entrada de una periodista vocacional, sin embargo el ánimo y pasión contagiosos de su autora me hace preguntarme en cuántas de esas redacciones ha conseguido ser medianamente bien pagada. Uno de los comentaristas decía algo así como que el periodismo se moría porque el periodista se amarraba a la hipoteca y las comodidades. ¿Tiene el periodista que vivir en condiciones precarias hasta los 67 años para hacer bien su trabajo?

Un camino alternativo nos lo propone Carlos (en clave de humor, como más me gustan las cosas), real como al vida misma.

La poquita luminosidad del panorama me la dan proyectos como Periodismo Humano. Necesitan subsistir del pago colaborativo de sus lectores, así que si te importa el periodismo bien hecho y con enfoque social, no dejes de suscribirte por-lo-que-te-dé-la-gana. El día en que estos periodistas tengan que abandonar será un día muy triste, pero no esperes a quejarte entonces.

Aquí algunos (incluída yo) regalan su trabajo. ¿Necesidad de que exista el espacio que nos publique el periodismo en que realmente creemos, aunque sea a costa de la retribución? Es periodismo serio, es comprometido, está trabajado in situ, es de autor; sin embargo la mayor parte de ese contenido que difunden no sería comprado por ninguno de los medios tradicionales. ¿Por qué? No puedo dejar de pensar en ese sample al final de una canción del último de Mala Rodríguez, donde una voz medio rota recita: porque el ser humano todavía no cotiza en bolsa.

(De regalo) Música para el proletariado 2.0

jueves, 8 de abril de 2010

El barrio está que arde


Dicen ellos "Llevamos tiempo tejiendo redes que queremos compartir con los lectores de periodismohumano". Decimos nosotras "¿Quieres hacer el favor…? llegará un poquito más lejos". Dice Steven Johnson en Sistemas emergentes: "Los vecinos se enteran de lo que les sucede a otros vecinos porque se cruzan con ellos, y pasan por delante de los comercios y viviendas de otros mientras caminan por la acera".

Ése es un libro que tiene diez años pero resulta hoy estimulante en muchos sentidos y que, entre otras cosas, me reafirmó en una idea que me viene acosando desde hace tiempo: en las redes están los nuevos barrios. Apenas sé nada de mi vecina de al lado (salvo que cuando sale del ascensor deja tufo de colonia podrida), pero sé bastantes cosas de mis vecinos de twitter y facebook (es más: hay múltiples maneras de seleccionar a los "amigos", y mi único filtro en las redes es poder compartir intereses; no me interesa tu estado civil; no me interesan las fotos de la playa). He aprendido pocas cosas de mis estancias (a veces bastante histéricas) en las redes sociales, pero una de ellas es que, si algún sentido tienen es el de compartir historias.

Cuando empezamos el programa de radio, al principio nos limitamos a utilizar la vecindad para llenarlo de contenidos. El primero de todos estuvo hecho con participaciones de amigos, que nos contaron sus lecturas veraniegas. Después vino trabajar con aquellos autores y libros de los que nos sentíamos más cercanas (obviamente, leyendo mucho, a contrapelo muchas veces, y extendiendo nuestra red de amor) y ya han pasado varias decenas de amigos por los micros de Radio Carcoma: podemos decir que algunos engañados con tretas muy poco éticas.

A veces no contamos con amigos/vecinos, pero viene Elizabeth Smart a llorar sus pasiones desde la tumba. Otras se nos caen los invitados cuatro horas antes y nos traemos a un clérigo del siglo XVII.

Y comentamos y pedimos participación en nuestro barrio, que es la pequeña comunidad de seguidores de #quiereshacerelfavor (entra a twitter y, en directo, los lunes de 21 a 22 h. serás escuchado). (Lo intento, por mi parte, en facebook, pero tiene otras reglas y la participación no es la misma).

Es un programa en una radio libre. Y sabíamos que no habría retribuciones, más que la satisfacción personal de estar difundiendo la literatura que leemos con pasión. Ahora, sin embargo, tenemos una inesperada recompensa: la de que un medio nuevo (no sólo nuevo, distinto, crítico, enfocado en los derechos y lo social, único) se haya fijado en nosotros y nos deje redistribuir nuestro podcast en su sección Culturas. Allí estará cada jueves.

Nos sentimos muy honradas de aportar un granito de arena a Periodismohumano. Pero es mucho más lo que ellos nos aportan a nosotros: un público al que no llegaríamos de otra forma. Hacer nuestro barrio un poco más grande.

Es lo que hacen los vecinos, ¿no?: prestarse un dedo, un antebrazo, medio cuerpo, y el tiempo, sobre todo el tiempo. Pero ya no viven aquí al lado. La pasión, la filia, la comunidad en intereses, el amor por los mismos temas o la visión del mundo (de nuestra profesión, en este caso) es lo que nos une. El barrio se ha vuelto crítico, transversal y participativo. El barrio está que arde.

domingo, 31 de enero de 2010

Silencio


“La verdadera crítica se acerca a su objeto con la misma ternura con que un caníbal se guisaría un recién nacido”
Walter Benjamin
"No tengo ningún interés en pasar a la leyenda / Ni en morder las flores mientras hago el amor"
Esclarecidos

Tanto miedo vertido. Escondido. Agazapado. Sacando los colmillos.

Hace ya varios años que hago críticas. Las publico en Go Magazine (tan breves que no se pueden llamar así) y en Qué Leer; hace pocos meses en Estado Crítico. Y aquí. Soy una completa advenediza en esto de la crítica, las letras las llevo en la sangre sin haber pasado por la susodicha facultad, pero vivo en el mundo y consumo y produzco cultura desde mi humilde rinconcito.

Soy una lectora concienzuda y sé que, incluso sin las bases que muchos tienen y no usan, aprendo según lo practico. Nacieron las antirreseñas para dialogar de una forma muy íntima con los libros, seccionar el qué vale (para mí, como creadora) y el qué no vale. Se puede estar en todos esos mundos sin desfallecer.

Criticar no se puede parecer a arrojar flores al paso de un desfile. Hay que coger ese desfile y destriparlo cuando no exponga más que globos rotos. Criticar no debe ser dar palmaditas en la espalda porque una noche tuviste que sentarte a cenar con el autor y ya le conoces las muecas. Hay que ponerse una lija en la mano y frotar muy fuerte el hombro.

Los que producen no pueden esperar que el mundo absorba sus productos sin contestarles. No se puede esperar el silencio. Cómplice. Cobarde. Constante. Criticar debe ser como follar: o se hace con pasión, a gritos, o no se hace.

El problema está en ese silencio (como ha dicho Elena sobre este cómic). Muchos esperan que la crítica baje la cabeza, borre las señales, se lama las heridas (como pensaron que haría Echevarría en aquel famoso caso). Los hemos (mal) acostumbrado al silencio y no a lo contrario. Callar es tan desastroso como mentir, poner una sonrisita formal, emitir el terrorífico "no está mal".

Me arrogo el derecho de hacer críticas negativas, cuando los productos atentan contra la inteligencia del lector/consumidor al que se dirige.

Mi primer novio: estuve casi cinco años con él. Para cuando terminé la relación, aquello era como la cuarta parte de mi vida. Recién en ese minuto mis amigos y familiares se acordaron de decirme que les parecía un sumo gilipollas. Es que no hay derecho.

//'Tú me quieres callada... Y yo quiero que grites' 'Que no me acaricies' dicen Esclarecidos. Benditos.//

Más: Nuestro último programa, dedicado a la Nueva crítica.
La bienvenida del Sr. Brea, a quien le he robado la cita de Benjamin.
Y esta entrada va para Demonios tus ojos (autor de la foto que quiero que sea portada de mi libro, del que espero durísimas críticas), R (único crítico que he tenido), Manolo, Ale y todos los estadistas.

viernes, 22 de enero de 2010

Caritas


Muchos de los que me conocen no saben que soy, en realidad, alguien bastante tímido que se lo piensa siete veces antes de entablar una conversación con un desconocido. Algo bastante absurdo cuando se pretende ser periodista (pero siempre dije que yo era periodista sin vocación).

Así, uno de los últimos encargos recibidos me pilló de través cuando me dijeron que debía salir a la calle a interceptar la opinión de la gente. No tres o cuatro, sino cinco opiniones diferentes sobre diez temas diversos. Para sacar cincuenta he pasado cuatro o cinco mañanas con el cámara en el centro de Madrid (a través de las ventiscas, los temporales y las nieves de estas últimas semanas) y he tenido que saltar encima de casi cien personas. O de doscientas, si contamos a todos los que no me dejaron terminar la frase "perdona, buenos días, estamos haciendo una encues..."

Muchos creerán por prejuicio que es el tipo de trabajo que se le encarga a los becarios. Puede ser. Pero sería un error. En estos días he aprendido que para que la gente se detenga contigo un minuto, te deje grabar sus opiniones con una cámara y sacarles una foto hay que echar mano de toda la psicología del mundo. Al cabo de las primeras negativas y de sentirme terriblemente mal por ellas, descubrí que esto era parecido a ligar en un bar. No te acercas a todos los tipos que están solos, sólo a aquellos que en principio parecen tener ganas de entablar. Gran palabra ésa.

En estos días, también por primera vez, me daba lo mismo si la gente hacía o no hacía cosas bonitas. Si sabía pintar con el pie o escribir poemas en braille. No los entrevistaba por hacer cosas especiales, tan sólo por ser especiales. Miraba la cara de una mujer, de un hombre, elegía el tema (tenía diez distintos para recopilar respuestas), los asaltaba, les pedía permiso. En estos días, mis objetivos sólo debían disponer de medio minuto para quedarse conmigo, y detenerles no fue tarea fácil.

Por eso, por la gigantesca amabilidad del gesto de prestar la opinión de uno que vive y lucha a otro que vive y lucha (que eso es un periodista hoy día) y regalarle un poquito de su tiempo, escribo esta entrada hoy y ya me voy a dormir. Espero que ninguno se reconozca en las fotos porque por supuesto no tengo permiso para ello y por eso están en quince píxeles cada uno. No porque no sean importanes, sino porque son súper importantes.

Sin embargo, tras la timidez y la lucha, venía lo más extraño. Cuando terminaba las mañanas de grabación y persecuciones callejeras, decía adiós a mi compañero y me metía al metro rumbo a casa. Me costaba al menos un cuarto de hora darme cuenta de que ya no les necesitaba, de que ya no debía estar escrutando sus rostros en busca de una esperanza de respuesta ni seguir parando a la gente que me cruzaba en el camino.

Y el veneno, sin embargo, ya estaba inoculado. Ahora no puedo parar. Necesito saber los nombres de todos vosotros y lo que pensáis todos vosotros, sin excepción, de todas las cosas.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Aportajismo

Tanto por escribir. Tanto por anotar. Tanto por desarrollar. Varios borradores esperándome con la ceja enarcada, diciéndome con su sonrisa "¿cuándo te metes conmigo, nena?". Sí, si estoy perra, es porque mis esfuerzos están puestos en no sucumbir. No perecer a esta situación que yo sola me he buscado. Demasiado complicado todo. Casi a punto de desestimar que ser periodista sea una forma de ganarse la vida. Quizá sea una forma de hacer la vida, pero no de ganársela.

Mientras tanto, preparo mano a mano el programa de esta noche. Elena y yo nos encontramos en el estudio de Radio Carcoma con un invitado, Robert Juan-Cantavella, que ha tomado la voz de un periodista ficticio, o de un ficcional reportajista, que se empeña en una búsqueda de El Dorado, un paseo suicida por Marina D'Or (Oropesa del Mar, Castellón) y un recorrido aún más suicidia por el V Encuentro de la Familia, en Valencia, 2006. El resultado está en su novela-aportaje (Mondadori, 2008).

El género aportaje lo acuña este escritor, o su alter ego, Trebor Escargot, y se refiere a un reportaje sin posibilidad de certeza. Periodismo impuro. Falacia periodística. Presencia de la invención y ausencia de veracidad. Sospecha constante, cejas enarcadas otra vez. Vamos, que da igual que lo contado haya o no sucedido. Todo debe estar dentro del texto. Entonces es verdad.

Lo complicado del asunto -a una novela no se le pide que sea verdadera- es que este género, sin haberlo premeditado, está muy a menudo en la prensa diaria. Más de lo que creemos.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Prensa gratis y triste

La primera vez que apareció mi nombre en un periódico fue hace quizá dieciocho años. No existían la prensa digital ni los blogs, a la sazón. Escribieron mi nombre mal en la firma (me apellidaron Colón, como un colaborador fijo de aquel diario que, además, fue mi profesor años después) y jamás cobré la colaboración.

Seguramente aquel texto no merecía ni ser recordado. Seguro que era triste.

La segunda vez fue hoy. Se puede ver aquí, para quien no haya pillado un ejemplar a uno cualquiera de los esforzados repartidores. Una huelga de los trabajadores del diario (ya van 150 despidos, una barbaridad) ha propiciado que echen mano del texto de una freelance.

Es un poco triste.

Nos quieren hacer creer que la prensa es gratis.

martes, 1 de abril de 2008

Indie, Latinoamérica, Aira, las debilidades, el ego

Cada día encuentro más difícil y con menos propósito contar qué hago, a qué me dedico, o qué pienso. Es que la grosería inscrita en el acto de publicar lo que YO hago y lo que YO pienso se me atraganta no sabéis hasta qué punto. Los blogs se me atragantan. Pero tengo un blog. No, dos.

En el último gran libro que leí (YO leí), Las aventuras de Barbaverde de César Aira, hay un personaje que aparece en la cuarta aventura, la que transcurre en "el Gran Savoy" (¡qué libro tan fantástico! YO opino), muy fugazmente: una señora sesentona que edita un "periódico local" con sus opiniones, sus pensamientos, sus aleccionamientos a la comunidad de la que se cree guía espiritual y benefactora moral, y se enemista con aquellos vecinos que ni se interesan por su panfleto y no quieren leerlo ni regalado. Ella es una blogger de la Argentina profunda.

Doce Notas (ese trabajo que me ha caído del cielo) acaba de ver publicada su nueva edición, la revista número 61 (segunda en la web) y el Día a Día número 2. Esto quiere decir que cualquier cosa que te interese al respecto de la música (clásica, contemporánea, lírica, la más transgresora, YO digo) y la danza, lo puedes encontrar ahí. Y, si no lo encuentras, es porque alguien se olvidó de contárnoslo. De más está decir cuánto me estoy divirtiendo y cuánto estoy aprendiendo aquí. Voy al Auditorio Nacional y le doy la mano a Josep Pons. Asisto a un concierto de Rachmaninov y me dan los hipos como sólo me ha provocado un directo de Nick Cave.

La otra parte de mi esfuerzo, en el último mes y medio, estuvo dedicada a este artículo: el Indie Latinoamericano, una peregrina idea/excusa bajo la que reunir a los artistas que más me interesan en la actualidad. Gepe, Lisandro Aristimuño, Javiera Mena, Coiffeur y unos cuantos más. Aparece en las páginas de Calle 20, en el número de abril. Sólo espero que sirva a alguno para abrirle las orejas un poco más, para emborronar prejuicios y predisponer a los incautos. Sólo espero que Javiera consiga una discográfica que le distribuya en España, que Coiffeur venga pronto a hacer gira, que Quiero Club sustituya en los anaqueles a los soplagaitas esos de Maná.

Y, me pregunto YO, ¿por qué llevo dos años rebuscando denodada en estos países, como si en España no hubiera grupos y cantautores? ¿Por qué siento que es más auténtico, me llama más, me otorga más forma y me reinventa la música de estos que están al otro lado del Atlántico? Sí, he oído grupos españoles de estos últimos dos años, y no me quedo con casi nadie. Mucho mimetismo y poca autenticidad. Un capote aparte para Señor Chinarro, el mejor cantautor de mi generación.

Esto es, al cabo, lo que YO pienso. Qué grosera.

sábado, 6 de octubre de 2007

Ten cuidado con lo que deseas

La realidad tiene muchos reclamos a diario. Los editores de los medios de comunicación del mundo entero tienen sobre sus cabezas, de una manera natural-prestada-engorrosa (la misma en que dejamos que los dirigentes nos dirijan, que los empresarios nos emprendan), la responsabilidad de fabricar esos universos simbólicos, efímeros y circunstanciales, día tras día; de hacer digerible, colonizable, el pandemonium del mundo.

De la infinita marea informativa, sólo unos pocos pedazos de realidad alcanzan nuestro cerebro con una virtud cualitativa que los hace diferentes. No tiene que ver con los esfuerzos de los editores de los medios de comunicación del mundo entero. No tiene que ver con las circunstancias, ni con lo contingente, ni con lo noticioso. Estímulos que de verdad puedan perdurar. Estímulos cargados como una pistola. Entonces, y así es como funciona para mí, el mundo empieza a girar alrededor de esos fragmentos. No es una portada de diario, es un vórtice de huracán. Organizo todo lo demás utilizando ese centro, que da sentido al magma incomprensible, y lo convierto en una obsesión.

Para que eso revierta en mi trabajo (en esa palabra fetiche a la que regreso una y otra vez), ideo formas de hacer que esa obsesión, ese fragmento de la realidad que sólo me importa a mí, se convierta en alimento espiritual, material de pensamiento y fruición estética para los que me rodean. Imprimo, copio, muestro, reproduzco y adjunto. Siembro y siembro, sin descanso, la semilla del azote, busco extender el torbellino a mi alrededor. En el otro lado del mensaje, en el papel del receptor, están muchos de mis amigos que se dejan, y están mis editores. Busco, rebusco, insisto hasta el hartazgo: ese pedazo de realidad merece ponerse en letras de molde, mire usté.

Lo pretendo tanto, lo vendo tanto, que me seco.
Siento que mis semejantes y yo no compartimos referentes más que el cambio de la peseta al euro y las tablas de multiplicar.
Creo que nadie me comprende.
Rompo cosas.
Pero un día, con el remolino apaciguado ya, alguien deja caer, al fin, una respuesta: ese contenido me interesa.

Échate a temblar pues, ya que, en ese instante, otro tipo de responsabilidad acecha. La realidad se configura cara a cara contigo: habrás de enfrentarte a una entrevista, a un verdadero artículo, a las letras de molde que tanto has solicitado. Habrás de contarle a muchos, a todos, a los desconocidos, para qué carajo han de incorporar ese fragmento (ese libro, ese disco, ese autor, esa obra, ese escupitajo individualista) al universo de sus apropiaciones simbólicas. E importa, todo importa.

So far

miércoles, 4 de julio de 2007

La nueva cultura extramusical

Este mes -número de julio-agosto- ve la luz un reportaje con mi firma en la revista de la "nueva cultura", Calle 20 (editada por el diario 20 minutos). El tema: el Festival Internacional de Benicàssim y sus actividades extramusicales (Cortos, Teatro, Danza, Moda y Arte). Gracias a que conozco por dentro y por fuera estas actividades desde hace años (trabajé en la oficina de producción por dos temporadas), parecía bastante lícito que me encargara de reseñar lo más destacado de sus programas (excepto en lo referente a la Mustang Fashion Weekend, donde la competencia de Alex Carrasco es mucho mayor).

En general, han salido piezas muy breves y muy directas, que espero capturen la multiplicidad, la locura y el colorido de esas actividades: mucho menos llamativas que el cartel musical, son un complemento imprescindible para su personalidad. Para variar, me he divertido horrores.

lunes, 2 de abril de 2007

Curriculum improvisado

La petite polémique que me recomendaba Pablo en el blog Fuck Me I'm Twee ha motivado el siguiente comentario. Como el tema ser-mujer-trabajar-crear es un campo minado y las ampollas se levantan solas, de momento, me sirve para presentarme:

Mi (nada) humilde testimonio. Llevo en esto (programas de radio, revistas musicales, fanzines, blogs, entrevistas, cubrir conciertos, fotografiar músicos, y no cobrar na más que las gracias) desde que tenía dieciséis años (hace otros dieciséis, por cierto). Nunca, nunca, nunca, he sentido que se me "contratara" por ser mujer, o se me dejara de contratar por esa razón. Al igual que mi hermana que tenía un grupo de indiepop, como tú lo llamas. Quisimos hacer e hicimos. No creo que haya luchado más que... por ejemplo... (ponga usted aquí el nombre de su crítico musical favorito), para publicar en revistas. Afortunadamente. Nadie nos puso un pie en la nuca para guardarnos nuestra opinión. Algunos nos verían como bichos raros, pero tuvieron la decencia de no comunicárnoslo. Eso sí, paciencia, la de una santa, porque querer hacer crítica musical es renunciar a que te paguen por ello: ya tienes el disco promocional y date con un canto en los dientes. Por cierto: la primera revista que me abrió su redacción fue la mentada Ruta 66. Moraleja: dejemos de quejarnos y hagamos.

lunes, 26 de marzo de 2007

Periodismo musical

En el mismo concierto del post anterior, conversé brevemente con un periodista musical al que conozco hace años. Le pregunté qué le había parecido el concierto y su respuesta fue "no me ha gustado nada". A lo cual, di un pequeño respingo y traté de proseguir la conversación de la manera menos embarazosa.

A pesar de lo fan que soy de Kristin Hersh, traté de entender por qué a un periodista, que vive de asistir a conciertos todos los días del año, le pudo haber parecido un mal concierto. Esto me hizo pensar en mi respuesta-comodín, cuando, en 1992, cancelaron el programa de música independiente que llevaba en una emisora de radio, y debí encontrar otra forma de ganarme la vida: "soy fan de la música, si tengo que vivir de ella quizá acabe odiándola". Mi carrera de disc jockey radial había durado cuatro años, y tenía dieciocho.

También me trajo a la memoria un párrafo leído hace pocos días en la revista GO de marzo (preciosa portada dedicada a Arcade Fire), en la entrevista que Pepo Márquez hace a la misma Hersh: "Cometo de manera voluntaria un error que detesto (...) hablando de que casi toda la gente que conozco que escribe de música, está involucrada con la propia música a más niveles que el meramente periodístico". Me sirve para asegurar: los periodistas musicales son los únicos periodistas que entran en el gremio porque son fans de la música. Los periodistas de crónicas de sucesos son, a lo sumo, fans del periodismo de sucesos. Etc.

Es encantador tener pasión por tu trabajo. Pero, en general, es síntoma de la escasa profesionalización de este ámbito; las revistas musicales, por descontado, tampoco ayudan mucho a eso (y, aunque sea echar piedras sobre mi propio tejado, me ocuparé de esto otro día).

Yo no soy periodista musical (y ciertamente tampoco soy periodista) aunque, para ser justos, es la especialidad que más he practicado. Porque soy fan. Mi interlocutor, en aquella conversación del día 18, sí es periodista musical, y profesional.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Crónica: Kristin Hersh 18-03-2007

Entre otras cosas que espero publicar, esta semana apareció en MTV.es la crónica del concierto de Kristin Hersh, en Moby Dick el pasado 18 de marzo.

Las fotos de la crónica (que nunca van firmadas) también son mías. Más fotos del evento aquí.

domingo, 18 de marzo de 2007

Kristin Hersh

Dentro de unas horas, realizaré la entrevista más importante de mi vida. No por su valor profesional (quién determina si aquél es más importante que éste), sino sentimental. Ahora que lo tengo tan al alcance de la mano, todo se complica. Me pregunto si seré capaz de extraer jugosas declaraciones de la entrevistada o la conversación se convertirá en un patético "cuánto-me-gusta-tu-trabajo" y "cuánto-me-identifico-contigo".

Acabo de escribir esto y no sé si las dos partes de la sentencia son contradictorias o complementarias.