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sábado, 27 de agosto de 2011

Vacaciones ficción


Toda vacación es un asunto que compete a la ficción, no a la realidad.

Desde el momento en que estableces un tiempo comprado (o usurpado a costa de tus finanzas) a la rutina; desde el momento en que decides generar (o te generan, a golpe de talón) un paréntesis en los días, sus rutinas y obligaciones. La burbuja se instala como si abrieras una sima en la realidad, un vídeojuego, un universo alternativo en el cual es posible sentarse en torno a una hoguera para escuchar un cuento maravilloso tras otro.

No para otra cosa son las vacaciones. Las vacaciones son el tiempo de la ficción. Quieras o no quieras rodearte de ellas.

La mediavida que llevamos no puede ni de lejos competir con la maravilla destilada que hay en una narración / que hay en una vacación.

Mírate a ti mismo antes de salir. Mírate después. No eres el mismo, la misma, en serio quieres ser otra, el solo desplazamiento obra el milagro. Partes a un lugar donde nadie sabe quién eres en realidad. Donde nadie va a pedirte cuentas por lo que dejas sin hacer, por lo que no contestaste.

Una gran parte del esfuerzo de esa vacación consiste en impostar. Impostar que puedes pagarte ese viaje, a priori. Impostar que ése es el viaje que sin duda quieres, como segunda mentira. Impostar que allí y sólo allí vives esos días como si fuese el paraíso, ya se trate de una habitación de tres estrellas es un resort de Cancún o un alojamieto rural en Las Hurdes.

Según la configuración de esa vacación -designada/diseñada- el relato será más fuerte, más perviviente, o sobreviviente a secas. Tal cual una buena historia contada al raso, bajo las estrellas, la narrativa de la vacación podrá instalarse virgen y plantar semillas para mantenerse un rato en el magma rutinario, lobotomizador del curso escolar. La vacación como píldora -ni azul, ni roja- para habitar en otra matrix, diferente pero igual, de la que te acoge el resto del año. La vacación como ticket dorado para una función exclusiva -de 3 días o 3 semanas-, directamente inoculada a tus sentidos.

La vacación es silente. Te necesita. La vacación compete a tus habilidades como organizador de salidas turísticas o a tu ciega confianza en un tour-operador, el mayor mago posible sobre la tierra (fuera de los vídeo-djs). En uno y otro caso, tú y los demás esperamos que esa vacación, esa bisagra, ese transcurso, ese símil sumergido de la vida en el Olimpo, pueda ser narrado.

A mí me basta habitualmente con la narración privada. Cuando contaba 10 o 12 años, en mi lugar de vacaciones habitual, el pueblo de la abuela, jugaba a sentarme en las piedras manchadas de azufre del río Odiel, y creer que era una diosa (del Olimpo) que podía servirse miel y ambrosía sin cesar, directamente de los recovecos que el mismo agua había horadado en las piedras.

De mis siete días comprados de vacación, recuerdo una playa compartida, pero prácticamente mía a partir de las 8pm. Recuerdo unos cuantos hábitos que acoges en las primeras 24 horas como te agarrarías a las tablas de una balsa (pedir un galão para desayunar, solicitar una caneca en la barra al atardecer, aparecerte antes de las nueve en las duchas para no sufrir las colas, acostumbrarte al grito de "Bolinhas, bolinhas" desde temprano en la mañana hasta última hora de la tarde...). Recuerdo unos ojos azules con profusión de pestañas que me despidieron tras siete días en un lugar en el que nadie sabía mi nombre propio.

Toda vacación está abocada a convertirse en una reunión de cuentacuentos milagrosos. Podemos soportar con sonrisa estólida la narración de los que tuvieron suficiente dinero o sangre fría para comprarse un mes en Veracruz o en Tánger. Podemos soportar la historia del ligoteo de verano de la amiga que no termina de sentar cabeza (o que, merced a la ficción, su vacación la convirtió en mercancía). Podemos escuchar en los próximos meses docenas de cuentos, de narraciones, de historias.

Aunque ninguna nos dejará tan satisfechos, tan lozanos, tan creativos como nuestra propia narración.

Por supuesto, esta entrada fue creada para hacer mi propia ficción.

sábado, 30 de julio de 2011

Ya estamos otra vez

El Cultural. 29/07/2011. Malas noticias. No se ha muerto nadie. Sigue muerta la crítica cultural de género. 15 blogs "literarios", esto es, de crítica y reflexión sobre literatura, se nos dice que son los mejores. 15 escritores y sus "bitácoras" (horror de palabra). Todos hombres.

Hay muchas más cosas que se pueden desenmarañar de una lista así que es, además, ejemplo de "canonización" a la que los suplementos culturales son tan adictos. Han existido agitados y sanos debates en otros espacios. De hecho, estaba a punto de dejar enterrados estos apuntes porque ya se ha hablado mucho. Pero no, oiga usted, mientras pueda y no me vaya nada en ello, no me callo. La única cosa que me parece verdaderamente criticable es la ausencia de mujeres.

La paridad (otra feísima palabra) es un esfuerzo arrealístico de signo buenrrollista. De eso no quiero. Ahora, esto otro también es arrealista. ¿No existe ninguna mujer escritora y bloguera que pueda estar en la misma lista? Intentemos conocer, por deducción, los criterios: que sean blogs de escritores con libro (creo que todos los autores son publicados); que sean de crítica, parece ser, aunque no sea estrictamente literaria; ¿que los escriban hombres?

Después he sabido que la lista se confeccionó consultando previamente a unas veinte personas del mundo de las letras "en español". Y algunos de ellos se han defendido: "Yo voté a mujeres". Pues no se ha colado ni una. También: "Pues son dos mujeres, directora del suplemento y directora de libros", aunque ese argumento sinceramente no dice nada, salvo de la, otra vez, ausencia de la crítica con perspectiva de género en toda nuestra cultura.

El caso es que dentro de esos estrechos márgenes que parece revelar la lista, no se me ocurren a priori blogs de mujeres. He tenido que pensar y expurgar. Pienso en bloggers fabulosamente críticas con su entorno cultural, pero no tienen libro publicado. Pienso en mujeres "de las letras" impresas y mantienen blogs de intimidad, de diario, de creación poética, pero no de crítica. Pienso en mujeres-guadiana que abren un blog y lo cierran y abren otro y tal cual. Pienso, pienso, pienso...

Pienso en mi mismo lugar. No voy a hacer el conteo, somos muy pocas mujeres haciendo crítica literaria en las revistas, suplementos, medios de cualquier tipo. En el blog colectivo de crítica en el que participo somos más de catorce, sólo yo soy tía. Y no es porque lo quiera así.

Elvira Navarro, en su muro, enfoca la cuestión desde otro ángulo: no estamos porque no somos, y es responsabilidad nuestra ser. Me gustaría estar de acuerdo con ella. Y desmontar para siempre el victimismo, la indolencia, el silencio, la confraternización, la dependencia de criterio, la tendencia al dejarse llevar y a aplacar el enfrentamiento.

Tendría que recoger aquí algunas notas de Un cuarto propio conectado de Remedios Zafra, que recomiendo mucho, y en el que se admite que tenemos ahora un acceso inimaginable, mujeres y todos, a espacios de creación, colectivización del conocimiento y consumo de cultura como no habíamos tenido antes. Pero no se puede ser tan inocente como para suponer que estos espacios, y dentro de Internet los blogs, por ser libres, gratuitos y distribuidos pueden ser de todos de manera igualitaria.

Ok, es responsabilidad nuestra no asumir un espacio crítico, no creernos con la voz grande, poderosa, categórica de los que destripan obras en la red y propagan su opinión. Pongamos una sola traba al razonamiento de E.N.: ¿Qué hay, por ejemplo, de las condiciones de producción? ¿Están hombres y mujeres en las mismas? Partiendo de que "no se recibe absolutamente nada" por escribir un blog (en la lista hay varios que son pagados por medios), alimentar uno de estos espacios implica un gasto de tiempo y energía, ¿a qué se lo dedican ellas si no están haciendo blogs de crítica?

La invisibilización se produce a muchos niveles, y el de la autocensura no es el menor. Llevo haciendo crítica desde hace mucho. A nadie le pedí permiso. Pero, sinceramente, hay muchos días en que me dan muchas ganas de callarme. No sé si será cuestión de género, desde luego sí de carácter, el que no me apetezca hacerme enemigos y llevarme puyas grandiosas (insultos personales también) tanto si doy sopapo como si opino bien de un libro.

He llegado a una conclusión de ayer a hoy: la lista no tiene un problema por los votos de las personas consultadas, ni lo tiene por el criterio editorial de las directoras, ni por la tendencia de ese medio a canonizar a su alrededor. Lo tiene porque la sociedad lo tiene y seguimos sin plantearnos debidamente ciertas evidencias.

Anexo_Actualización 31_07_2011
No puse mis blogs aposta. Primero, porque mi criterio, autónomo, no es equivalente al de 34 consultados. Segundo, porque no me interesa hacer un canon: soy una lectora de blogs arbitraria y dispersa. Tercero, porque me gusta que todos descubramos por nosotros mismos. Y, finalmente, porque dentro de esos criterios que se pueden inferir de la dichosa lista, no encontraba mis propios ejemplos: esto es, mujeres autoras publicadas y, solitas, constantes con un blog (de creación y crítica).

He aquí algunos de los blogs que son referente para mí (no estrictamente literatura, sí cultura, y muchas más cosas; algunas de éstas son, además, pioneras en los blogs en España)
Petite Claudine
Elena Cabrera
Preescolar
Vidas de santos
Reinohueco

He aquí otros, que abarcan temas como la creatividad, la escritura, los procesos de (auto)edición y más; algunos de estos blogs son estrictamente de creación, y algunos han llegado hasta mí a raíz de la dichosa lista (se admiten incorporaciones):
Claudia Apablaza
Silvia Nanclares
Luna Miguel
Cristina Rivera
Cristina Morano
Jara Calles
Noemi Guzik

Por otro lado hay montones de blogs interesantísimos que no responden a un solo autorx, son colectivos:
Libro de Notas
La tormenta en un vaso
Estado Crítico
Afterpost (dormitando, al parecer)
Butano popular
Mamajuana

En casi todos ellos hay colaboradoras, aunque la proporción no sea muy grande. Es interesante observar que la reciente revista Mamajuana, compuesta en su mayoría por gente muy joven, es en donde más mujeres hay.

Insisto en que hay un problema de criterio; como individualidades están, no son muy leídas, no son consideradas, y son por tanto poco "influyentes" (a los ojos del mundo, y ése es el daño que las listas de este tipo hacen). Por último, y creo que también importa, a mí me parecen estupendos algunos de los blogs de la lista, pero la mayoría son una trasposición a la pantalla de columnas de opinión, que ni siquiera incorporan hiperenlaces.

viernes, 22 de julio de 2011

Acrítico género cultural

Estoy harta de tener que justificarme.

Echad un paso atrás y veréis que no es tan terrible lo que decimos los y las feministas. Bajaros de vuestros podios y dejad de tener miedo de perder privilegios, porque son privilegios muy insignificantes. Sopas con hondas nos van a dar a todxs.

Estos días he tenido un compañero de piso, un inquilino en la habitación que tengo libre. Es escritor, latinoamericano, y lo considero persona con mentalidad abierta. Así y todo, he tenido con él largas conversaciones sobre lo que significa ser feminista en el "primer mundo precario" de este principio de siglo XXI.

En una de éstas tuve que utilizar mi mejor arma: "Hace cuatro siglos, el paradigma mental nos permitía tener seres humanos debajo de nuestros pies y utilizarlos como esclavos. Ahora nadie podría considerar a un ser humano de otro color un ser inferior. Con las mujeres sigue sucediendo, subrepticiamente. Se nos paga menos en los empleos, se nos relega al espacio privado, a las tareas domésticas y a los cuidados, y nadie parece darse cuenta del terrorismo que eso supone".

Aún existen muchos de vosotros que no os habéis parado a reflexionar del lugar de privilegio absurdo que habéis heredado y que os gustaría perpetuar. No detectáis en el aire la constante sangría de la presencia de mujeres en todos los espacios del intercambio, la cultura, la política o los negocios. Las que consiguen estar tienen que renunciar a mil cosas y pelear -el doble- con prejuicios estancados. Y eso tampoco se nota.

Por centrarnos en lo cultural, podemos mirar, por ejemplo, los datos de esta nota aparecida en El País hace ya muchos meses. Los del suplemento se hacen unas listas y, en lo literario, se recogen 180 nombres, con sólo un 13% mujeres. Algo después nos cuentan que, de 18 críticos, sólo 3 son mujeres. ¿Por qué tendría que ver un dato con el otro? ¿No he leído yo misma, indistintamente, a escritores y escritoras durante los últimos treinta años?

Hay que reconocer algo y es que a las escritoras hay que buscarlas más. Sentir interés. Pero una vez que empiezas (contradecidme) ya no puedes parar.

El feminismo como pensamiento político de primer orden. Esta semana me he encontrado (vía @hijotonto), con regocijo, esa frase en un texto en dos partes. Escrito por Andrés Neuman, personaje de nuestras letras recientes a quien no tengo mucha simpatía. Aquí el texto uno, aquí el texto dos.

Lo primero que pensé fue: bien, si uno de "ellos" se atreve a decir: "Su escritura (de los escritores) omite de entrada las relaciones entre ficción y patriarcado" es: vamos por buen camino. Más: en realidad, la escritura de las mujeres (muchas) también la omite, el pensamiento feminista y la crítica cultural con signo de género está completamente doblegada y subvalorada debajo de la enorme producción/edición literaria a cascoporro. La perpetuación de los estereotipos es lo que mola, al parecer, y vende. Y, en eso, no he dejado de estar de acuerdo con el Lector malherido y viejas reseñas suyas.

Más adelante, he de leerle: "Los escritores hombres heredamos una doble laguna" y empiezo a sospechar. No es éste el espacio para hacer un análisis muy concienzudo; pero, como no tengo otro...: los escritores y las escritoras heredamos todas esas lagunas, las mismas, porque la sociedad es la misma para vosotros y para nosotras. Dejémonos de monsergas. Los micromachismos nos los han inoculado las abuelas (y los abuelos) a ti y a mí, Andrés. Sólo escribiendo, sólo leyendo, sólo pensando, sólo abriendo la mente podemos llegar a darnos cuenta de la losa tan enorme que el heteropatriarcado nos lega, aún, hoy, todavía, cada día, cada minuto y segundo que nace un nuevo niño y lo vestimos de azul, nace una nueva niña y la vestimos de rosa.

Es urgente y necesaria la introducción de una perspectiva de género en nuestra crítica cultural, como ha sucedido a través de los siglos con el colonialismo o, más cerca en el tiempo, con las migraciones desde el "tercer mundo". Y, si bien el gesto de Neuman se aprecia por valiente, a priori, por ser una voz que se pone de parte de una tendencia con muy poquita buena fama, también tuve que admitir (después de leer sus textos cuatro o cinco veces) que adolece de una mirada paternalista de la que tenemos que librarnos de una buena vez, vosotros y nosotras, todxs.

No puede ser que señalemos, por ejemplo, un libro que pudiera tener una perspectiva racista, pero nos parezca normal que dentro de una novela publicada en 2010 todos sus personajes femeninos sean la madre del protagonista, que le prepara los cocidos, y una novia que no hace nada salvo esperar que llegue el día de la boda (el ejemplo lo acabo de inventar, pero podríamos encontrarlo con un poco de trabajo). Bien es verdad que este tipo de argumento podría darse para, por su medio, criticar ciertas realidades. Es el caso de un librito que he leído recientemente, El camino que va a la ciudad de Natalia Ginzburg.

En mi trabajo como crítica literaria, tengo que encontrarme de todo y también con personas que no entienden que siempre elija libros de mujeres o que resalte las características "de género" que se desprenden de alguna ficción. Hasta hace bien poco no era un objetivo, ahora lo es todo el tiempo que desarrolle crítica cultural. ¿Por qué? Para contrarrestar. A riesgo de, por ejemplo, perder espacio de crítica para señalar algunos de estos desequilibrios.

En otro momento de este blog me quejé en voz alta de la estúpida lectura de la serie Mad Men escuchada en una conferencia, en la que prácticamente se atribuía toda la personalidad esquiva y descomprometida del protagonista a la cualidad de "puta" de su madre. En fin.

De regalo, una viñetita que lo resume todo:

Un pelín de esfuerzo y todos tendríamos una vida más compleja. Más feliz, justa y equilibrada, también.

jueves, 14 de julio de 2011

Economía de la literatura de los cuidados



- Cuando fui a verte la última vez, que me habían dicho que estabas enferma, quería preguntarte si te querías casar conmigo. No sé cómo se me había ocurrido esa idea absurda. Sin duda hubieras respondido que no, te hubieras reído o te hubieras enfadado, pero yo no había sufrido tanto. Lo que me ha hecho sufrir que tendrás un niño, que tú con esta esta cara, con este pelo, con esta voz, tendrás un niño y tal vez lo querrás, tal vez te irás haciendo poco a poco distinta, y yo ¿qué seré para ti? Mi vida no cambiará y yo seguiré yendo a la fábrica, bañándome en el río en verano, leyendo mis libros. Antes, estaba siempre contento, me gustaba mirar a las mujeres, me gustaba dar vueltas por la ciudad y comprar libros, y también tenía muchas cosas en la cabeza y me parecía que era inteligente. Me hubiera gustado que tuviéramos un niños juntos. Pero ni siquiera te dije nunca que te quería. Tenía miedo de ti. Qué historia tan estúpida ha sido.
Natalia Ginzburg. El camino que va a la ciudad.


Leí a Natalia Ginzburg, por primera vez, por culpa del libro Las correspondencias, de Pedro G. Romero (Periférica), que es, por cierto, una de las voces de nuestro último programa. Ahora no tengo ese libro, Querido Miguel, se lo presté a una mujer hermosa y valiente.

Tomé este otro, El camino que va a la ciudad, de la biblioteca municipal (úsala mientras se pueda). Anoche, Julián Rodríguez, editor de Periférica, me dijo que éste fue el primer libro que escribió.

Hay mucho que escribir diletantemente sobre la literatura y la creación con visión de género. Hay mucho que discutir. Cuando leo un libro de Natalia Ginzburg (que nació un 14 de julio, tal día como hoy, de 1916, casi el mismo año que mi abuela Francisca) siento exactamente que es ésta la literatura de mujer que no tiene marcas ni necesita reivindicarse de ningún modo. Que no tiene un viso femenino ni feminista, que es gran literatura, que está exenta de estereotipos y que lee la realidad de nuestro lado. De ese lado infinita, permanentemente invisibilizado.

domingo, 10 de julio de 2011

¿Dónde estabas tú en 1998?

1998. Año en el que se funda ZEMOS98. El acta de constitución legal de la Asociación Cultural comenzemos empezemos está firmada el 4 de octubre de 1998. Legalmente, el colectivo ZEMOS98 veía la luz por primera vez a partir de entonces. El Último de la Fila se separaba definitivamente, mientras el Gobierno español autorizaba la utilización de la base de Morón de la Frontera (Sevilla) a las tropas de Estados Unidos en caso de un ataque contra Iraq. Mientras la película Titanic recibía 11 Oscars, Netscape Communications Corporation anunciaba la creación de mozilla.org para coordinar el desarrollo del navegador web de código abierto Mozilla. El desastre de Aznalcóllar, la detención de Augusto Pinochet en Londres, la transexual Dana International venciendo con el tema Diva en Eurovisión, el Mundial de Fútbol en Francia, la creación de la Asociación de Internautas, la victoria de Hugo Chávez por primera vez en las elecciones presidenciales en Venezuela y hasta el nacimiento de Google. Todo eso ocurrió en el año 98. ¿Dónde estabas tú en 1998?

//Rubén Díaz en el texto: Nosotros, siempre nosotros... más algunos amigos, incluido en Código fuente: La remezcla, Zemos98 10ª edición//

¿Dónde estaba yo en 1998?
Sirviendo de camarera en un restaurante.
Intentando escapar de mi ciudad natal, Sevilla.
Intentando comprar un ordenador para conectarlo a Internet.
Ingresando a ciertos foros y contactando con personas con inquietudes similares.
Enamorándome.
Viajando a Chile (sí, el "hogar" de Pinochet).
Instalándome allí por cuatro años.
Instalando el virus de ese otro lugar en mi ADN.
Y teniendo hijos.

¿Dónde estoy yo en 2011?
Muy lejos de aquello y a la vez muy cerca.
En Madrid y en las redes, sin culpa.
Recuperando narrativas internas y externas.
Recreando otras.
Creando cosas y criando hijas.
Devota de nuevas personas, de nuevas redes, de nuevos amigos.
Remezclando, haciendo del concepto algo central en mi forma de entender la creación. Y escribiendo, de nuevo, un manuscrito que tiene varios años de preparación. Quisiera creer que es la definitiva.
Preparando el último programa de la 2ª temporada de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?
Que va de... mezclar y remezclar, de un libro, de una filosofía, de un sistema epistemológico de entender el mundo y de una experiencia.
Código fuente: la remezcla.

sábado, 2 de julio de 2011

Este cuento tiene dedicatoria

Bastantes años ha que remuevo la melancolía y los cafés con leche en los bares. En esto de no usar tacones hay una verdad al descubierto. Recuerdo los cócteles de marisco por todo almuerzo en un lugar en una plaza sevillana que queda muy atrás en la memoria. Era tan pobre como ahora. Hace poco me han dicho que soy poco femenina y por toda respuesta fumé dos cigarrillos más de lo habitual, sintiéndome Alejandra. Pero sin palabras.

No dispongo de barcos, aunque sí de una pizarra: en ella no escribo. Aparecen los nombres de mis fantasmas y obsesiones. Robert Burton, Madame Bovary, Mario Levrero, Pizarnik, Katherine Mansfield y una triste malfollada que no existe desde que no sueño con ella.

Era por junio. Flamaba. No, no flameaba.

Anduve casi a gatas las escaleras de los treinta y cinco pisos que llevaban a tu guarida. Quizá esté exagerando. Me gustaba hacerte esperar e imaginarte tomando una cerveza tras otra al lado de mujeres y hombres a los que despreciabas por su falta de compromiso.

Si no tenemos sueños... me dijiste una noche. Pero yo olvidaba los míos tan pronto despertaba y el otro lado de la cama siempre estaba frío y seco. ¿Sabes aquí? ¿Ese hueco?

Hubo una vez un hombre muy cruel con las personas con las que vivía, a los que maltrataba en sus diarios mientras eran ellas las que le permitían, al hombre, el tiempo y el espacio para escribirlos. Yo no quiero ser así, te dije, por ese dejé de verte.

Y más adelante alguien dijo quererme.

Pero entre un tiempo y el otro nada puede ser contado, salvo de esta forma: no eran trasgos, demonios, monstruos, freaks, pero todos ellos eran feos en extremo y allí encajaba bien. Era una jet set desarraigada que no se vanagloriaba de nada y sabía vivir la vida a concho. Fueron tiempos felices, entregados al puro sibaritismo sensorial: los más hermosos libros, y no otros, eran discutidos hasta la madrugada por la mujer de piel translúcida, parecida a un gusano, y por el jorobado cuyo apéndice servía para asentar las copas de vino. El oso de pelo marrón con manos callosas, humanas, la estrafalaria bailarina bigotuda, los gemelos con sonrisa reventada de dientes negros, el señor que no tenía ninguna tacha salvo negarse a salir de la casa, nunca, jamás. Y yo misma.

Vaciamos varias botellas, una noche, en el agua de la piscina, y bebimos y nadamos desnudos sin tocarnos, las paredes de roble nos hacían sentir larvas del vino. Nos intoxicamos.

Bebía una cerveza, una tarde, buscando el caleidoscopio que me permitiera reflejar el sinsentido coherente de la vida, con el cual pudiéramos acribillar en masa a aquel hombre cruel que detestaba en secreto a su familia. Sabíamos que, llegado el momento, sabríamos cómo encontrarlo. Pero entonces el hombre sin tacha me besó en la mejilla muy cerca de la boca y todo explotó.

No podíamos permitir que lo normal se introdujera. Tampoco yo podía y me fui.

Me he ido tantas veces, de tantos sitios, unas veces más tambaleante, otras menos. Corrígeme si me equivoco: eras tú quien decía que siempre estaría sola porque era demasiado mujer. Para celebrarlo, otro trago.

Mientras, yo, no quería ser nada, salvo un canal de Youtube en el que se introdujeran innumerables piezas remezcladas con mis obsesiones, con las esquirlas, con el mal de Montano y el aliento infatigable de las mujeres y hombres que escriben atendiendo a sus sueños. Cómo odio caminar con tacones.

miércoles, 8 de junio de 2011

Esto es reflexión

Mensajes en el contestador: a) Desde el ayuntamiento de Sant Quirze del Vallès, una invitación a dar una conferencia sobre Finnegans Wake, de James Joyce, una propuesta extravagante, nunca he destacado por saber algo de ese libro; b) tres agobiantes peticiones de los departamentos de prensa de tres editoriales de Barcelona para que presente tres libros de autores más o menos amigos o conocidos míos, tres libros que yo sé que son horrendos y que me hacen recordar aquello que decía Bioy Casares de que a veces hay amigos que te mandan sus libros y parece que lo hagan para que acabes perdiendo la fascinación por la literatura.

Enrique Vila-Matas, El mal de Montano


Las novelas son de largo aliento. Eso quieren los novelistas. Nadie sabe exactamente lo que significa pero todos dicen: largo aliento. Yo tengo una bebé y un niño mediano. No me dejan respirar. Todo lo que escribo es -tiene que ser- de corto aliento. Poco aire.

Valeria Luiselli, Los ingrávidos


Escribe, que nadie te retenga, que nada te detenga: ni hombre, ni imbécil máquina capitalista donde las editoriales son los astutos y serviles relevos de una economía que funciona contra nosotras y a nuestra costa; ni tú misma.

Héléne Cixous, La risa de Medusa


Que “dentro” somos libres para okuparnos, experimentarnos y resignificarnos. Que el cuarto propio de la amiga Woolf es y no es verdadero, porque si se mira de cerca roza la falacia pequeñoburguesa y resulta francamente irreproducible en según qué contextos; y que en ningún lugar somos más libres que en nuestra vida interior. La colonización sigilosa de nuestros pensamientos es, para muchos y muchas, la última libertad posible.

Autocita de aquí, Prólogo para Lola


¡Somos amapolas, muchas amapolas en el campo! Todas de tallo delgado, rojísimas, fragilísimas. Esforzándonos con ahínco por permanecer agarradas a tierra un minuto más, subsistentes por inercia y fervor. Miro a S. y a su trabajo de (auto)creación y la veo formar parte del puñado de amapolas que, siendo exactamente iguales a las demás, conseguirán pasar la noche, vivir otro día. Su esfuerzo la retroalimenta. Pero no sólo a ella: su hazaña será permitir que, en unas cuantas generaciones más, estas amapolas cabezotas consigan modificar la programación a la que está sometida la especie. En esto consiste su toma de poder: normaliza la anomalía.

Autocita, no publicado


Esto es reflexión.

miércoles, 1 de junio de 2011

Apuntes para una estrategia

(Un poema de José María Gómez Valero)

Ellos,
quienesquiera que seamos,
siempre serán más.

Nosotros,
quienesquiera que sean,
siempre seremos menos.

Una vez dicho esto
pasemos a la acción.

http://www.twitlonger.com/show/ams2bt

Escribir más y largo sobre la situación actual de las acampadas y sobre todo acerca del relato exterior, omnímodo, de lo que está pasando. Eso quisiera pero no alcanzo.

Ésta es mi cama en estos días en que paso unas quince horas al día sentada al ordenador (mi cuarto propio conectado, visto por uno de sus flancos).


Y ésta es una selección de las octavillas diseñadas por mi hija Arancha (10 años), horas después de nuestra visita a la #acampadasol (poco antes de las elecciones 22M)


Tenía algunas más y no los encuentro ahora.

Tengo una colección de cuarenta o sesenta enlaces por leer con respecto al tema de las acampadas.

No me gusta usar la etiqueta #indignados. He pasado al siguiente nivel. Mi indignación ha dado paso, en las últimas dos semanas, a mi hambre de futuro.

Tendría que contar con días de setenta y dos horas para dar cuenta de la manipulación tan bestial a la que está siendo sometida la revolución tranquila desde el día posterior a las elecciones.

Nuestras ambiciones, nuestro hambre (hablo en una primera persona del plural sin haber pasado ni un solo día en las acampadas) no se acaba con una visita a las urnas. Eso es lo que ellos se creen.

Después, el viernes 27, vino el intento de desalojo (o desalojo completo) de la #acampadabcn. La indignación también dio paso a la vergüenza.

Y veo brotar a mi alrededor a seres tibios, gente de mi edad y aún más jóvenes que, tan cagados en el alma y en el futuro como yo misma, miran al movimiento con escepticismo. Creyéndose lo que ha contado la Ser, el ABC o La Vanguardia (que no me da de comer, me paga un artículo cada tanto).

Ellos hablan, en verdad gritan, más alto y más fuerte. Nosotros somos menos. Pero resistentes. La única estrategia posible es hacerse omnipresente.

Y escribí hace pocos días:

Y las acampadas prendieron... en los niños de 10 años que las visitaron y se empoderaron

martes, 19 de abril de 2011

Cul-de-sac

Hace pocos días, en una de esas escasísimas ocasiones en que converso con gente fuera de esta pantalla, dije: "Ya nunca más, cuando alguien me pregunte si escribo, diré que sí. Si alguien quiere saber en qué proyecto ando metida, diré que en ninguno". Nunca más crearé expectativas falsas. Sobre todo a mí misma.

Me siento como un arriero haciendo avanzar medio paso por hora a cada res de ganado, en lo que se refiere a mis proyectos. Dispersada en mil espacios. Qué es esto que llevo adelante, sino la narrativa sin narrativa. Confirmo que prácticamente no hago otra cosa que escribir y que no puedo enseñar nada a nadie, porque todo está a la vista. Confirmo que deseo/necesito escribir. Pero ni deseo ni necesidad. Básicamente, no sé hacer otra cosa.

Empecé a llevar un diario a los seis años: van treinta y uno. En treinta y un años no he conseguido acabar una sola pieza mostrable, ni uno solo de mis proyectos de ficción ha llegado a concluirse.

Cada día me planteo (coartada o necesidad) la importancia, la pertinencia de parir más ficciones al mundo, de colocar toppings sobre la gran ensaladera de la ficción contemporánea. Alabo y admiro a las personas capaces de creer en un proyecto, en uno solo, por el tiempo suficiente para llegar a terminarlo. Gasto mis días, entre otras cosas, en leer y reseñar lo que otros sí han escrito. Invierto tiempo y esfuerzos en hacer visibles sus proyectos. Los míos duran alrededor de quince días con cierta incandescencia. Después, nada.

Ellos montan las ficciones, yo las desmonto. Mi devenir actual corre en forma de crítica y pensamiento y los temas vienen marcados por sus ficciones, ellas sí, concluídas, mejor o peor, editadas. Continúo con los diarios. Sólo los he dejado en dos ocasiones. Cuando me enamoré mucho y me olvidé de ciertas esencias. Cuando me desenamoré y pasé algún tiempo sin poder hablarme a mí misma.

Y la paradoja se hace evidente. Qué hace una persona que no es capaz de completar un solo cuento desde hace varios años creyéndose en el derecho de criticar lo que escriben los demás. Qué hacen ellos con sus ficciones invadiendo mi imaginario y consumiendo mi tiempo. Qué culpa tienen. Lo que yo sé es que estoy en un cul-de-sac.

También sé, y aunque la tipografía sea la misma lo digo con letra pequeña, que mis treinta cuadernos son el material que necesita mi futura remezcla.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Prólogo para Lola

Hace algunos meses, mi madre me contó que se había decidido a publicar algunos de los muchos poemas que escribe desde siempre. Que le hiciera un prólogo, me dijo también. Claro que se lo escribí. Estos días recibe en casa los ejemplares y, aunque todavía no los he visto, no me puedo aguantar más las ganas de compartirlo. Una última cosa: me parece la mayor de las justicias (poéticas) que sea ella la que publique, primero, un libro.


La libertad intelectual depende de cosas materiales.
Virginia Woolf


María Dolores Almeyda es Lola, desde ya para todo aquél que esté entrando en este libro. Lola es la autora de estos “Versos clandestinos” y es también mi madre. ¿Qué es antes y qué después? En una imposible bio-bibliografía, inadecuada a los tiempos y al sentir políticamente correcto, podríamos encontrar algo como: “Lola Almeyda escribe cosas, literatura y personas, desde el principio de los tiempos; usted no puede leer sus obras anteriores porque son de carne y hueso, porque algunas se han muerto, porque docenas y docenas de proyectos se licuaron entre sus manos bajo el efecto de los ácidos que son las necesidades de los demás; y eso que llaman avatares de la vida”.

Para mí, la madre y la poeta coinciden con mi biología, con mi experiencia del mundo y mi conocimiento de los conceptos “escribir” y “vivir”: con independencia de que las tres obras producidas en su vertiente “madre” tienen ya treinta años y la primera obra en su faceta “poeta” llega en este año a manos desconocidas. La poeta estuvo siempre ahí, fundida y confundida, sin espacio propio, sin cuarto ni zulo: apenas cajones en los que cuartillas y libretas se mezclaban con mecheros olvidados por otros en los bares, ropa interior bien doblada, pequeños objetos a los que uno se va aferrando a través de los años. La poeta era una mujer paralela, una especie de fantasma que atravesaba su cuerpo, sus manos y su vista, la componedora de un discurrir de pensamiento que se volcaba fuera de las cotidianas miserias. ¿Dije “fuera”? Más bien, quizá, dentro, tejiendo incansable en el núcleo oscuro de lo que nos dejaba ver a los demás.

Quien escribe lo hace a todas horas, en cualquier lugar, sobre cualquier superficie. Puede estar calculando asientos contables, pero en verdad compone versos. Puede estar dando a luz, pero en realidad compone versos. Puede asistir a funerales, pero lo cierto es que compone versos. La existencia de mi madre y la madre-clandestinamente-poeta me enseñó que nadie, en el “afuera”, puede decirnos lo que somos “dentro”. Que “dentro” somos libres para okuparnos, experimentarnos y resignificarnos. Que el cuarto propio de la amiga Woolf es y no es verdadero, porque si se mira de cerca roza la falacia pequeñoburguesa y resulta francamente irreproducible en según qué contextos; y que en ningún lugar somos más libres que en nuestra vida interior. La colonización sigilosa de nuestros pensamientos es, para muchos y muchas, la última libertad posible.

Lola nunca me ha dado a leer sus versos voluntariamente. Adicta a los cuadernillos y libretas, los tenía y utilizaba a todas horas, y a veces los dejaba olvidados por mesas y estanterías. Me recuerdo siempre buscando la hora solitaria para echar un ojo. Había una gaveta, un cajoncillo de polipiel roja: algo así como medio metro cúbico que albergaba las cuartillas más secretas, supongo.

Envejecer es algo que hacemos todos, pero algunas cosas se mantienen. Cuando, hace pocas semanas, me dio a leer los poemas seleccionados para incluir en el libro, no pude introducirme en ellos sin sufrir los temblores propios de quien está hurgando en la intimidad de otra persona. Porque -no hablaré demasiado de ello, quiero que lo comprueben ustedes mismos-, la poesía de Lola puede ser una experiencia descarnada para quienes somos sus hijos, pero creo que contiene un nivel de desnudamiento grande y malsano -como puede ser “malsano”, en la retórica positivista, estar en contacto con ese oscuro núcleo interior, cuya existencia muchos negarán-. En Versos clandestinos, la Lola-fachada, dedicada en apariencia a la pura y eterna Obligación, es pisoteada y enterrada por los Temas verdaderamente importantes. Surge de dentro la mujer que siempre estuvo ahí, la Lola-poeta que al fin se muestra, no sé si orgullosa, pero al menos consciente-de-sí: haya o no haya ojos para leerla. El que estemos aquí, a punto de pasar página, no cambia en realidad nada.

Queda preguntarse si la Lola-poeta habría sido lo que es, habría dado un solo fruto, sin la otra, la responsable de un mundo. Y una última cosa, que también pesa: cuando uno se ha acostumbrado a vivir dentro de sus pensamientos, entregarles un mínimo de condiciones de visibilidad y ofrecerlos puede ser un camino, también, tortuoso. En Versos clandestinos Lola por fin da cuenta de ello. Ha sido su propio médico indagador, su detective de dudosos métodos, su jurista escribiente de una licencia poética hecha a su medida; y aquí, en exclusiva, tenemos las filtraciones de aquellos cuadernos secretos, hurtados a las miradas, preservados de la suciedad del gran Otro, la Realidad. Ella los hace públicos al tiempo que siguen siendo clandestinos: y esto es así, probablemente, porque a las viejas costumbres es difícil decirles adiós.

jueves, 17 de marzo de 2011

Retirar la grasa

Reinventarme es una de mis especialidades. He pasado por casi todo lo que se pueda imaginar. Épocas de desagravio laboral, intentando ganarme el pan dando clases particulares a chicos. Épocas (de desagravio laboral), convirtiéndome en ejecutiva de ventas de una empresa de servicios informáticos. Épocas (ídem de ídem) atendiendo la recepción de una oficina en la organización de un festival. Y más épocas, esto cansa. Cumplí 37 años hace nueve días. Toca reinventarse una vez más.

Nada es como nos lo prometieron. Nada es como pensaban nuestros padres que sería. Si para ellos no fue fácil, mi generación (¿o es cosa mía?) se ha perdido la bisagra de los buenos tiempos, nos han tocado los siguientes. No me voy a quejar hoy, he dado muchos bandazos, de todos he salido magullada, pero todavía estoy en pie. Mejor que en pie.

Siempre digo que no soy parada. Que mi andadura profesional desde que volví de Chile ha sido un sinvivir en pos de un futuro más o menos cierto, que me permita mantenerme medianamente tranquila junto a mis hijas. No tengo más que siete euros en la cuenta de ahorro. Ni casa, ni coche, ni trabajo fijo, pero a nadie le sirve un trabajo fijo del que puedes ser despedido hoy y hoy y hoy. Tengo, eso sí, aproximadamente cuarenta y cinco años por delante en los que no puedo parar de cotizar ni un solo mes.

Sólo tengo vaivenes. Habrá que aprender a vivir de los vaivenes, pues.

Ingreso en una nueva actividad. Necesito una red real. Y un buen día, hace nada, descubrí dentro mío la Red de tejer cuentos, que pongo en marcha el próximo domingo. Voy en busca de realidad, como voy en busca de ella escribiendo a diario, ejecutando planes, inventándome un ¿futuro?, realizando un programa de radio.

Acabo de terminar un libro (que reseño hoy) que habla del fin de la posibilidad de narrar, del fin de autor y del lector, de la muerte de la novela. Y me propongo, en cambio, enseñar a los niños a creer en su imaginario y empoderarse de su imaginación.

No dejo (como todos los que estén más o menos aquí) de sentirme bombardeada por noticias del fin, por el aviso del cataclismo (económico, simbólico, nuclear). Déjenme de hecatombes. Llévense esos apocalipsis. Déjenme seguir luchando, por inercia, por melancolía, permítanme unas cuantas décadas para dilucidar qué está bien entre todo lo que está mal.

Necesito retirar la grasa de toda la carne masticada, de toda la mentira consumida, de todas las narrativas melifluas, y volver a creer en otros universos dispuestos a acogernos. Más pronto que tarde.

domingo, 13 de febrero de 2011

El énfasis

Imagen tomada prestada de este sitio, porque da permiso.

No llegué a decirlo pero lo pensaba, estos últimos días, durante el enésimo arrebato de un twittero-famoso (esa categoría): en el momento en que #tuputamadre u otra expresión similar llegara a los Trending topics de twitter (nacionales, claro), me quitaba. Y hubiese sido la segunda vez.

Por suerte, algunas cosas: me importan no demasiado los TTs (más que porque reflejan lo que hay); la mayoría de la gente a la que leo no siguió el asunto ni le dio más énfasis; y aún creo que la herramienta es mucho mejor que aquello que se impregna en el afuera, llámese medios de comunicación, diarios online, bloggeros de postín u opinadores profesionales.

Trabajo desde hace ya algún tiempo en ese resbaloso terreno que se llama Social media (redes sociales, no más), pero observándolo con distancia, algo de suspicacia y un mucho de descreimiento. Esto es, en todo caso (y lo cuento a riesgo de quedarme sin trabajo) porque no creo en el marketing ni en la colonización de la red a cuenta de las marcas. Aunque a veces pienso que toda resistencia es fútil, me resisto.

Vengo utilizando diversas redes sociales desde 2005 con toda la hartura y pasión de la que soy capaz; explotándolas, sería más acertado; en algunas ocasiones, con resultados elefancíacos: cometiendo todos los (ho)errores y pagándolos después. Para eso tuvimos los primeros años, las primeras redes, las primeras descargas de adrenalina, los primeros espejismos de amistades online, los escarceos y experimentos los tuvimos entonces. Nunca había visto -y es que me planteo que la burbuja creada por los social media marketers (¿aprovechada?) y demás fauna está pronta a estallar- tanta inquina lanzada y absorbida a través de estos medios.

Diríase que el dilema está en: dada la impresionante inflación en los contenidos (y sobre todo en las opiniones, que no son lo mismo pero que se mezclan como si fuese aceite sobre espaguetis) en esto que llaman los medios sociales, ¿cómo destacar? Los recién adoptados, los que han sido evangelizados, los que están llegando a estos espacios convencidos por su asesor de imagen de que "mola", parece que necesitan hablar más fuerte que los demás. Y entran a hacernos compañía como elefantes en una cacharrería.

El énfasis de los dictámenes. Las opiniones contundentes. Las descalificaciones ("tu puta madre, guapa"). La furia. El insulto ("mujer fascista"). Una rabia desmedida. Las cadenas insufribles de bromas (y no sólo eso) a costa de una metedura de pata. Hay que hablar sea lo que sea lo que se diga. Hay que quedar por encima. Quedar vencedor.

Solo leo volumen a mi alrededor: hay que enseñar más carne, esto es una pelea a muerte, hay que ensañarse. En las escuelas de relaciones públicas en medios sociales se cuenta (aventuro) la ciencia del énfasis. Del abultar, resaltar e imponerse. Aunque no venga a cuento: cuando vivía en Chile siempre sabíamos cuándo había españoles alrededor, no hacía falta ni prestar oído al acento. En las redes sociales hay muchos "españoles" porque el acento que se impone es el de la brutalidad. La palabra énfasis es una palabra preciosa que se me está deconstruyendo.

Mientras, sí, también declaro que no debemos dejar de tener opiniones contundentes. El énfasis actual es eso sin su contrapartida: yo puedo opinar, pero tú no; yo puedo hablar, pero a ti no te dejaré expresarte; tú puedes bromear, pero si me daña insignificantemente te haré caer. Donde hay énfasis, debería existir también ponderación.

Necesitaríamos contexto y sobre todo un barbitúrico ideal contra las crisis de poder, que me he procurado yo sola todos estos años, que no se trafica en ningún mercado negro y que se ingiere tan solo leyendo un poco: te obliga a pensar unos minutos tus reacciones, te sitúa en el lugar del otro, te disecciona los argumentos que creías tan perfectamente férreos y formados. Te da otra visión, oiga, y es baratísimo.

Se llama relativismo. Aunque contra toda norma, la medicina es mucho más accesible para los que no somos nadie.

martes, 8 de febrero de 2011

País largo como una hebra

Me encontré el viernes con un artículo en el periódico-cuyo-nombre-no-volveré-a-mencionar. Ése que despide a 2500 personas de su plantilla para, días después, plegarse a las protestas de unos cuantos airados y decir que "ninguna broma con..." (ponga usted aquí: la abuelita, el niño deficiente, la mujer maltratada o las víctimas del terrorismo, a gusto del consumidor).

Cualquiera que me conozca un poco, sabe de mi fascinación por Chile, que no puedo racionalizar, que está hecha de corazón, recuerdos y vestigios, y que quisiera actualizarse con un viaje futuro, una nueva toma de contacto real (volví de allí hace ya ocho años).

Todo ese tiempo es el que llevo observando desde lejos lo que sucede culturalmente en Chile. Esto que da título al artículo vengo predicándolo desde hace varios años, así que me satisface comprobar que la tendencia se hace palpable. Hasta Vincent Moon se ha visto seducido por lo que allí está pasando (estuvo hace un año en Valparaíso y otras localizaciones grabando con los artistas, el vídeo es parte de ese documental). No se le puede pedir a un diario de difusión masiva que esté a la última (más bien están p'al arrastre), pero los músicos a los que hace referencia, los argumentos y casi todo lo demás (salvo los discos más recientes) están en una serie de artículos que publiqué en 2007-2008. Di luz a una entrevista a Gepe en Rock de Lux, un reportaje al pop indie latinoamericano (ampliando un poco el foco) que salió en Calle 20 y a este artículo de Clone Magazine que, en su día, no subí al blog (ni tengo respaldado en ningún lado, por lo que veo). Por eso me apetece rescatarlo.

Take Away Show _ special 'TEMPORARY VALPARAISO' (teaser) from Vincent Moon / Petites Planetes on Vimeo.



INDEPENDENCIA CULTURAL
Indie chileno en la década del 2000


País largo como una hebra, entre la cordillera y el océano, sufre de aislamiento natural. Pero, dentro, experimenta un momento de creación musical efervescente que se vive como una sacudida del abotargamiento. Los artistas de esta generación se presentan sin complejos, evolucionan sin pedir permiso y van dejando, en lo que va de década, el poso de un trabajo serio y creativamente goloso. Eso sí, en este reportaje, no hay dos iguales.


Era 1986, duros tiempos para hacer pop en Chile. Uno de los grupos de la época (mitológicos de punta a punta del subcontinente), Los Prisioneros, cerraba con ese tema el recordado ‘Pateando Piedras’ (Emi Odeón Chilena, 1986): ‘Independencia cultural’ es tan lúcida y actual que fascina. En Chile, creativamente, siempre se ha mirado poco, o a destiempo, hacia fuera. Pero aquí vamos a hablar del hoy. La agitación interna que se vive en lo musical merece que nos detengamos a revisar qué, y por qué, y quiénes.

Daniel Riveros, Gepe, ha acaparado recientemente la suficiente atención (siendo bien recibido además en Argentina, México y España) para tener que vérselas con envidias y otras yerbas. Alguien dijo en la prensa que era “el nuevo Víctor Jara” y el eco se amplificó. Puede que no lidere ningún movimiento ideológico pero –salvando las distancias-, él está recorriendo el camino de búsqueda de un lenguaje que todo autor debería seguir. Dice, “yo lo tengo como referente musical, no como figura”. No es el único, voto a bríos. En la senda de la recuperación desacomplejada y recreativa del folk, está el trabajo de Manuel García, con ‘Pánico’ (Alerce, 2005), aliento trovero y una voz que remite inmediatamente a la de Silvio Rodríguez. Cerca, pero sin tocarse, se sitúa Leo Quinteros (telonero de la reciente gira de Dominique A); su cuarto álbum es ‘Los accidentes del futuro’: esquemas pop-rock sesenteros, jugueteo melódico y textos de enorme solidez. Escucharle trae a la memoria grandes nombres del rock y figuras sabias del pop latinoamericano como Charly García.

Ni tanto ni tan calvo
“En Chile hubo un periodo cultural un poco vacío o muy reprimido durante los 70 y 80. En los 90 empezaron a ocurrir cosas. La segunda mitad de los 90 sirvió para crear una plataforma para que la generación más joven, la que empezó a florecer en el 2000, pudiera tener mejores herramientas de creación. A la vez, esa generación quiere sacarse el estigma de arte politizado que tenían la mayoría de las creaciones chilenas”, dice Rodrigo Santis, capo de Quemasucabeza, uno de los sellos que más y mejor agitan allí. Desde Neurotyka, discográfica que anima la escena alternativa desde el 2004, opina Hixaga: “Siempre ha existido una escena independiente, no muy grande, claro, por el tamaño de nuestro mercado. Ahora bien, desde la irrupción de las nuevas tecnologías, las que tienen que ver con la internet social o web 2.0, la escena musical se ha expandido. No creo que sea un momento especial, sino que tanto el público como los mismos artistas, profesionales y aficionados, pueden dar a conocer de manera mas fácil y abierta su trabajo, lo que genera que se produzcan movimientos, intercambios y colaboraciones”. El concepto de autor se ve representado en esta casa por el trabajo de Fernando Milagros, de profesión actor, que se inspira en el country-folk, la intimidad de un Devendra y el eco arrastrado de un Yann Tiersen, sin renunciar a su identidad: ‘Vacaciones en el patio de mi casa’ (Neurotyka) es su debut. Este sello, por su lado, presta atención a otros estilos, como el hip hop de Colectivo Etéreo (maravillosa su ‘Balas y Falos’), integrado por Prospegto Arkano, Menda, Dj Vaskular, Tonossepia y una de las almas más inquietas de Santiago: Dadalú. Rapera porque, dice, en un rap se pueden decir muchas más cosas que en una canción, habla sin tapujos de la creación, de ser mujer y músico en Chile hoy, y su desparpajo da mucha envidia.

Despegando del underground, hay más mujeres de carreras prometedoras. Javiera Mena ya editó su ‘Esquemas Juveniles’ (Índice Virgen) en Argentina y México: coquetea con el tecno-pop, cuenta historias de corazón roto con dulzura y, entre lo frívolo y lo sentimental, está creando una imaginería poderosa. Imprescindible su dúo con Gepe en ‘Sol de invierno’. Francisca Valenzuela, jovencísima debutante con ‘Muérdete la lengua’ (Feria La Oreja, 2007), ha llamado la atención por la frescura de su pop de autor, aunque parece que quiere jugar en otras ligas. El tiempo dictará sentencia.

El Sueño de la Casa Propia encierra un proyecto personal (José Manuel Cerda), desde Valparaíso, con personalidad electrónica y sentimiento lírico. Y mucho más: el pop marciano de Teleradio Donoso (‘Gran Santiago’). Perrosky (‘El ritmo y la calle’), músicos con años de experiencia que hacen un blues-rock con resonancias de The Gun Club o Violent Femmes. Matorral, Guiso, los hermanos Mostro, Familea Miranda o los restos del mejor grupo de fusión, Fulano, reconvertidos en La Media Banda. Pero aquí, ya, estamos “pateando piedras".

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De regalo, una lista de música (Spotify) en la que he metido todo lo que he podido encontrar de los grupos recientes chilenos, para quien tenga curiosidad.

domingo, 16 de enero de 2011

Efímera

"Han abierto una tienda de "novias" en mi barrio. La han llamado "Efímera". Qué posmos."
@carolinkfingers hace algunos días

La mayoría de las cosas que nos suceden -y menos mal- son efímeras. Incluso cuando estas cosas duran más de lo deseable -un duelo, una convalecencia-, van a tener un final. Nos parece, mientras están con nosotros, que no acabarán nunca pero, si no acabamos nosotros antes, llegará el día en que podamos mirarlas desde lejos y decirnos: "¡Qué mal lo pasé en aquella época!" (probablemente con un recuerdo bastante diluido del verdadero daño).

La ley se cumple tanto para la bueno como para lo malo.

La mayoría de las cosas que nos pueden llegar a suceder en el curso de una vida son pasajeras, he ahí un hecho. Las ciencias más o menos exactas y las humanas se han volcado, tradicionalmente, en el porcentaje de eventos que queda fuera de ese currículo: lo perdurable, las esencias, las leyes o la fatalidad. Así que el corpus descomunal de problemas que arrastra cualquier vida humana (hoy no tengo dinero para pan, mi pareja es un maltratador, mi hijo sufre una dolencia congénita) ha quedado como territorio huérfano de pensamiento y, por tanto, afín al arte.

Todo lo anterior fue escrito a vuelapluma en el recorrido del autobús 19 de vuelta a casa, después de bajar por un rato a La Casa Encendida. Sé que no es enteramente cierto: las vicisitudes del diario vivir son una de las ocupaciones de la Filosofía y sobre todo lo ha sido en el último siglo y medio, el tiempo que vivimos, en el contexto en que la Filosofía ha necesitado más que nunca reafirmarse en su autonomía; eso que llaman postmodernidad.

Me acerqué hasta La Casa Encendida porque el día estaba brillante y leí un aviso de ellos mismos, acerca del fin de una exposición (On & On). Lo que no sabía antes de llegar es que la exposición era precisamente una reflexión a cargo de una serie de autores sobre los conceptos de lo no permanente, lo fugitivo, la transformación, el devenir, el fluir y el cambio. Tampoco para el arte es nada nuevo y los propios comisarios (Flora Flairbairn y Olivier Varenne) lo cuentan en las hojas explicativas de la exposición, pero hoy me ha tocado especialmente el tema. Si esa afección de colon te va a acompañar toda la vida o si aquel abusón se ha dedicado a abrirte la correspondencia durante meses, no importa. Habrá otros momentos bellos y además debes dejar que vengan, en cualquier forma. También debes dejar que se pierdan (como lágrimas en la lluvia, and so on).

Uno de los momentos más bellos del día de hoy me ha sucedido dentro de la exposición.

Mirando en alguna de las salas, escuché cantar. Primero creí que alguno de los visitantes no se había -aún- sacado el modo karaoke de la noche anterior. O que necesitaba expresar su júbilo ante la transgresión de las formas y los conceptos. Me moví por el espacio buscando el origen de la voz, y lo encontré en la figura de una guarda de seguridad que, medio vuelta de espaldas a la pared (buscando quizá el eco perfecto de la sala, quizá el anonimato), cantaba:

This is propaganda. You know, you know.

El tono bello, la voz limpia, la melodía entre soñadora y tranquila. No podía creer que la guarda de seguridad no estaba ahí para ordenar a los padres agarrar por la mano a los niños, sino para cantar, cada pocos minutos, ese mantra cargado de sentido. Que a mí me ha transportado a ciertas evidencias y esencias, como por ejemplo que las novias que se casan son novias por un rato, después esposas, algún día viudas o malfolladas, y que nada permanece; y esa canción murió cuando salí de la habitación y pocas horas después, al cierre definitivo de la exposición.

Los que nos dedicamos a pensar en la cultura, aunque nos resistamos, nos dedicamos a una cosa tan efímera como esa breve estrofa silabeada en abstracto. Pero es bello saberlo y sobre todo es bello saber que, cuando no hay belleza, también se va a acabar, tarde o temprano.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Busco un centro de gravedad permanente

Desde hace diez días al menos, no puedo parar de ver este vídeo:



Como consecuencia natural, he escuchado casi ininterrumpidamente toda la discografía de Franco Battiato (la disponible en spotify) desde entonces, en random, encontrándome con grandísimas canciones ya conocidas (Nomadi, Bandiera Bianca) y otras muchísímas que no había escuchado nunca. Recuerdo haber tenido, en la época cassette, uno de esos recopilatorios de Battiato cantado en español (no sé si todo o en parte), porque hasta donde yo sé nadie hizo el menor caso a esta bestia parda en España hasta que le dio por grabar Nomadi en nuestro idioma y el vídeo fue pasado asiduamente en La bola de cristal.

Después, desconecté de Battiato, en la medida en que lo encasillé en una canción melódica vagamente transmediterránea; su hermosa voz y su nariz doblemente hermosa seguían siendo las mismas, pero se trataba, creo desde lo lejos, del tipo de artista que continúa viviendo de la fama ganada años atrás (hay una versión en directo, se puede ver en youtube, de Centro di gravità permanente, en la que duplica el tempo y carga las tintas con una sección orquestal de cuerda... too AOR).

Así que lo escuché mucho cuando tenía diez o doce años y paré. Ahora estoy descubriendo al Battiato que grabó discos desde ¡1965!, tiene pasajes de verdadera experimentación sonora, y era capaz de cantar cosas como Non sopporto cori russi / La musica finto rock la new wave italiana / Il free jazz punk inglese / Neanche la nera africana.

El vídeo de Centro di gravità permanente, que me mandó un amigo (desconocido, pero conocido desde los años flickeros), me ha hecho cambiar por completo mi visión de Battiato: histriónico en su seriedad, capaz de la autoparodia, bailarín de tremenda coreografía de vanguardia, ridículo y potente, hermoso, ¡joven! y sin gafas. Ahí donde mira frente a frente a cámara (jamás moviendo los labios en playback), parece querer decirnos: "soy una estrella del pop pero me estoy riendo de vosotros, de vuestras creencias y ambigüedades, de toda la bastarda falta de chispa crítica con la que asumís el mundo y os cambiáis de chaqueta día tras día"; ese gesto, ese rostro resumen una actitud desafiante, anticomplaciente, ácida y punk, que me parece hoy no necesaria, sino imprescindible.

Al mismo tiempo, todo esto entronca con la propia rabia que genero dentro, que no sé de dónde viene, y con la lectura compulsiva de Vida y opiniones de Lector Malherido, quien, se me antoja hoy, se encuentra bastante representado en la letra de Centro di gravità permanente. Yo no sé lo que es una opinión contundente. No estoy segura de nada, no me apego a ningún proyecto, no tengo la más mínima certeza, ni siquiera de estar aquí ahora mismo escribiendo esto frente a una pantalla de portátil, ni siquiera de estar escuchando en random la discografía completa de Battiato. Yo no busco un centro de gravedad permanente, aspiración que Battiato y yo sabemos que es una entelequia; me basta con poner en mi altarcito de dioses paganos la beligerancia humanística de Battiato, para siempre. Mis obsesiones dan para esto y no más.

lunes, 6 de diciembre de 2010

SCUM Revival Week


El lunes pasado publiqué una reseña en notodo.com sobre la novela Escuela de sueños, de Sara Stridsberg (451 Editores). En estos mismos días, apareció otra crítica del libro en el número 160 de Qué Leer. El miércoles 1 de diciembre colgué por primera vez mi firma en el suplemento cultural que más me gusta de todos los que salen en la prensa española (¿debería decir catalana?). Y el tema de esa pieza también estaba sacado de la misma novela, en la que la autora sueca reconstruye imaginativamente la vida de un personaje anómalo y fundamental del devenir feminista del siglo XX: Valerie Solanas. (Si alguien siente curiosidad, tiene el texto aquí y aquí para su lectura).

He de decir varias cosas: que tuve conocimiento de Escuela de sueños a través de Elisa G. McCausland (recomendación personalizada, no se equivocó); que Solanas y el Manifiesto SCUM estaban anotados entre mis intereses desde hace ya muchos años (no sé cómo llegué a él, a través de alguna disquisición de la época 1.0 de este blog, me parece); y que el título de la entrada me lo dio JC, quien es también el responsable de que hoy pueda tener una carpeta "Cultura/s" en los documentos de "Colaboraciones".

A riesgo de ser cansina, puedo continuar: buscaba "nuevos modelos masculinos" en el programa de hace dos semanas. Aquí el post en el blog del programa, aquí el texto en Periodismo Humano. Caprichosamente, tal vez, me interesaba indagar cómo se ven a sí mismos algunos "jóvenes" escritores, y qué modelos hacen encarnar a sus personajes masculinos en sus novelas. Una bonita bofetada conceptual me llega en ese espacio:

"A ver si va cuajando la idea de que somos ya muchos y muchas los que no vamos buscando “modelos”; ni masculinos, ni femeninos, ni todo lo contrario."
Comentario de Luis.

Si bien no hace mucho era de las que pensaba que las categorías femenino/masculino debían de estar superadas y que de poco nos iba a ayudar a la "normalización" la existencia del mayor dedo apuntador de todos, el reabsorbido Ministerio de Igualdad, hoy no soy de esa opinión, en absoluto. Me crecen los enanos del circo cada día, y el documento "La vida sin hombres" aumenta en longitud con referencias que debo constatar. Iremos tras ellas poco a poco, básicamente porque estamos llegando a un punto en el que las mujeres (de mi generación y más jóvenes) están olvidando lo que les corresponde, por puritito cansancio o por la muy postmoderna actitud de "estamos de vuelta"; yo no busco el feminismo por decreto en las aulas, sino aniquilar el adocenamiento.

Por un mundo sin categorías
El Manifiesto SCUM hay que leerlo y aplicarlo: no, no me refiero a aniquilar al sexo masculino. Quisiera, de veras, aniquilar el concepto, la categoría epistemológica. Si desaparece uno de los sexos, desaparecerán la lucha, la tensión, la desigualdad y el abuso. Algo de lo que digo en ese artículo del Cultura/s es que Solanas debería haber escrito el Manifiesto en formato de ficción: habría colado como con vaselina.

Que ni quiero ser hombre ni quiero ser mujer (por algo me coloco el burka de trabajadora), que quisiera dejar de saber el sexo del que ha escrito aquello, ha producido tal película, ha emitido tal barbaridad; que la última de las cosas que me importa en lo creativo es qué tiene entre las piernas su autor/a: es un hecho. Pero que en el mundo aún son categorías -puede que más que nunca- y etiquetas de mercadeo: son dos hechos.

A esto dedicaré otro post, otro día, con ideas y diálogos socráticos (sí, a veces, también de eso hay) que surgen espontáneamente en twitter. Os dejo una bonita anécdota de ayer mismo: mi hija de cinco años anda aprendiendo rudimentos gramaticales. Y me señalaba el género de las palabras que tenía en una ficha fotocopiada:

vaca: femenino; sol: culino.

Después de corregirle, me di cuenta de que le sucede con otras palabras (sobre ese magnífico plato italiano de láminas de pasta y salsa boloñesa, piensa que la primera sílaba es el artículo y dice "me encanta la saña"); y me di cuenta además de que -la etimología ahora no viene al caso- la palabra mas-culino lleva un aumentativo impropio, cargante e indecente. Y que es fea de cojones.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Dímelo delante de ella


Escrito al entrar: La idea de que Gabriela Wiener, la escritora y periodista que vive de contar en primera persona las más sucias gamberradas, siente pánico ante la idea de exponer sus intimidades de pareja ante la audiencia.

Eso mismo pensaba minutos antes de acceder a la Sala de Juntas del Círculo de Bellas Artes, el sábado del Festival Eñe, porque esos minutos se alargaban y unas cuarenta o cincuenta personas esperábamos en la antesala. Yo no sabía por qué.

Que escribir es un vicio pernicioso y, a veces, un solipsista método de desnudamiento, es algo que algunos de mis lectores saben. Que cualquier lector de blog “personal” sabe. Algunos conocerán a la simpar Gabriela Wiener (a la cual dediqué unos cuantos textos tras la lectura de Nueve Lunas), unos cuantos menos conocerán a Jaime Z. Rodríguez (quien, para mí, hasta hace bien poco no era nadie).

Hoy es el director de la revista Quimera, y he de decir que la revista me gustaba en su etapa anterior, pero que Jaime está invirtiendo y experimentando para que me atrape cada día más. Antes de ese hecho, desconozco a qué se dedicaba. Pues, al contrario que su pareja, no pasa buena parte de su jornada contando su vida al mundo.

No es un caso demasiado común éste: es ella la que tiene mayor visibilidad social (en lo literario), dos libros publicados y ampliamente comentados (Sexografías, el mentado Nueve lunas). En el Festival Eñe, fuimos citados por la pareja para una “acción” en la que nos contarían sus interioridades: Dímelo delante de ella.

JAIME: No somos actores. Yo dirijo una revista literaria

GABI: Yo trabajo en una revista que regala pelis porno.

Quería, necesitaba saber qué tramaban entre los dos: hasta hoy -salvo por algunas de las barbaridades gonzo a las que Gabi ha logrado arrastrar a su marido- no conocía experiencias literarias de la pareja. Y nos prometían desnudar sus chats íntimos.

Lo hicieron entre los dos, con cuatro manos, dos webcams, dos pantallas que proyectaban sus gestos y reacciones, un diálogo que estaba a medio camino entre el vodevil televisivo y la literatura epistolar amorosa. Con mesura y afán exhibicionista a partes iguales, nos hicieron llegar una selección de fragmentos de los cientos de chats que debe albergar, después de diez años de convivencia, la inmensa barriga (y engordando) de los respectivos gmails.

A través de diversos episodios, sin hilación cronológica, de su vida en común -incluyendo traslado a España, vida en Barcelona, pinitos literarios, primeras publicaciones de Gabriela, cambios de casa, nacimiento de Lena...-, nos contaron todo eso anclándose básicamente en su literatura común, con un emisor y un receptor únicos: ahora, de pronto, revelada. Ella nos tiene acostumbrados, él no tanto; pero en mi interior no pude sino asistir, cada minuto más tocada y violada íntimamente, al desnudamiento de los grotescos fenómenos que se dan al interior de cualquier pareja. Al interior de cualquier pareja que tiene, al menos uno de ellos, afanes literarios. Gabi, sin pudor, se enseñó como la mujer adicta a la admiración y fanática del piropo. Jaime, con pudor, mostró un poco de sus ambiciones poéticas y los sentimientos de frustración que, durante años, ha acumulado, por apuntalar el desarrollo creativo de ella.

“¿Quieres ser escritora? ¿Quieres ser escritora? Pues ¡escribe!”

Podría ser un diálogo de una sitcom o de uno de esos filmes muy dramáticos con patologías psiquiátricas diversas entre sus personajes. Lo cierto es que es parte de mi vida íntima y, a medida que se desarrollaba la charla/acción mutante de Gabriela y Jaime, más me gritaba en la cabeza, ésa y otras cosas que en otros tiempos tuve que escuchar.

Ese día, durante la escenificación de Jaime y Gabriela fue como si mi historia hubiese tenido una alternativa; un “si usted desea ser escritora, confíe en su pareja que le va a ayudar y pase a la página 205”.

Y siete años más tarde esa persona está un poco cabreada y frustrada por no haber podido hacer ninguno de sus saludables planes, pero tú has sido persistente y talentosa y trabajadora y tienes por ahí un par de libros con tu nombre en el lomo.

Y seguís juntos.

La idea de la acción, al parecer, se la dio Jorge Carrión a los dos. Aunque este territorio carnoso, sexual, fustigado por libidos enormes, abigarrado con pañales sucios, castrado por la apretura económica, asfixiado en frustraciones asombrosas y miserables, probablemente refleje a muchas parejas del orbe, pocas se me ocurren que podrían haber contado cosas tan rotundas. Sin parecer Pimpinela, aunque quisieran.

Hay una escena en su performance que (me) puso los pelos de punta. Ellos se pelean. De verdad. El ego de uno y la paciencia del otro. Demasiado real, demasiado humano, demasiado bien escrito porque son dos escritores como la copa de un pino. Demasiado vivido.

Pero desde un buen principio ellos nos lo advirtieron:

GABI Esto no va de literatura, va de amor.
JAIME: Esto es definitivamente un acto de amor

Probablemente, escribir no pueda ni deba ser otra cosa.

Escrito al salir: Esto que han hecho Gabriela Wiener y Jaime Z. Rodríguez ha sido sencillamente impresionante. Claro. Sucumbo a la lágrima o salgo corriendo a emborracharme. Lo segundo.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Diviértenos, escritor

Joder, es que me gustaría ser invisible. Es que me gustaría mirar a la gente sin ser mirada” (escribía mientras alguien hacía click):

(foto de Julio César González)

Abro con un twitt. @elenac recibió el Festival Eñe escribiendo: “La fiesta de la literatura es una expresión tan sanguinolienta y capitalista como la fiesta de los toros.

Entre ir y no ir, preferimos ir. En mi caso porque podía. Es cierto que la idea misma de un festival de literatura es algo extraña. La literatura, y no deja de ser cierto este lugar tan común, es un proceso de intimidad absoluta. Este tipo de actos obligan a sus creadores a la verbalización, la puesta en escena, incluso la performance. Antes, durante y después del “festival”, le anduve dando vueltas a la idea de que no puede ser sencillo para muchos asumir este lado espectacular. El desarrollo del festival me fue confirmando algunas de mis sospechas. Encontré quienes se toman el lado performático de una manera bastante natural, incluso generando “shows” que corren paralelos a sus libros. Encontré también los que encaran este “pasaporte a la fama” como quien se encamina al matadero: suben a su estrado, leen una conferencia, no abren turno de preguntas con el público, se marchan.

Sobre el tema de los formatos, que a mi socia le viene preocupando desde hace mucho, también habría bastante que decir. No sólo tuvimos la altura del escenario (entre cuarenta centímetros y casi un metro en algunas salas del Círculo de Bellas Artes), más la altura de la mesa, ahora también tenemos la pantalla de los portátiles como tercera barrera entre el público y el escritor. (Que ponga escritor todo el tiempo en masculino tiene, también, su porqué). Quizá no se dan cuenta ellos, poco habituados a la escenificación, ni recala en el asunto la organización, porque conceptualizar un “festival de literatura” debe ser tan difícil como “bailar sobre arquitectura”, que diría Zappa. Esa tercera pared era (por ejemplo, en la Sala Valle Inclán) un obstáculo de frialdad casi insalvable. Se ha notado en esta edición, eso sí, una instrucción generalizada por incluir multimedia: o, lo que es lo mismo, apoyo de audiovisuales que se han quedado, en las conferencias a las que yo asistí, en “visuales”, a menudo un slide-show de fotos fijas.

Eso no es una performance. Al menos yo tampoco se las pedía.

La rockerización del escritor
Entré, tal como llegué, a escuchar a Max y su “La triple, súbita y radiante primera manifestación escrita de la eñe”. En el texto que leyó, redacción bastante tópica (“la maraña ensortijada”, creo recordar, de algún pelo) y dibujos, claro, para mi gusto con demasiados chistes fáciles. Él fue uno, creo, de los que no estaban a gusto en el papel de ventrílocuo.

Algo después, la conferencia de Guillermo Saccomano fue para mí el primer acierto: reflexionó con buen tino sobre las creaciones de H.G. Oesterheld y su figura de “escritor popular”. “Se debe nivelar hacia arriba”; “el cómic es un género mayor, porque tiene un público mayor”; “el héroe es siempre colectivo”. Fueron, pena que leídos, un buen montón de zas a la gloriosa alta cultura, que muy bien podría haberse apoyado en el reciente texto de su compatriota Tabarovsky. Tampoco le hizo falta. Su mención del personaje Ernie Pike me hizo reflexionar sobre la reciente moda de gonzorizar toda aportación propia a la narrativa, al periodismo y la autobiografía. Cuando esta práctica, la del periodismo autobiográfico, se hace omnipresente, primero, deja de parecernos novedosa, pierde nitidez su fulgor; y, segundo, se relativiza su aporte: no pueden ser más interesantes las vivencias de un periodista que lo que de verdad se ha ido a contar, no siempre. Al día siguiente, Julián Rodríguez dijo que su narrativa nace de un “cansancio del yo”, qué curioso.

Patricio Pron se hizo con el micrófono de las preguntas del público en esa conferencia; de lo que puedo recordar, se enzarzaron en un diálogo interesante, pero ya conocido, sobre la ambición editorial, el trabajo de medro social en pos de un libro, la apariencia de escritura antes que la escritura, etc. Escribiendo esto me viene a la cabeza la lectura que hacía un compatriota de los dos, César Aira, sobre el personaje Alejandra Pizarnik; según él, la joven poeta tuvo en todo momento tan claro su objetivo y la forma de conseguirlo, que pasaba más tiempo en los cafés y las tertulias que creando su obra. A toro pasado (leí ese libro en 2004) me parece que Aira hablaba de otras personas.

Saccomano dio, a mi parecer, con uno de los greatest hits del festival, al referirse a la proliferación de “novelas de escritores, siendo como es el oficio más aburrido del mundo”. La escritura no puede cerrarse sobre sí misma (y de eso estuvimos hablando hace algunas semanas con nuestro invitado Santiago Lorenzo sobre su debut, Los millones).

En algún momento de la tarde también me senté a escuchar a Patricio Pron con Marcos Giralt Torrente. Se hicieron preguntas entre ellos, uno asumiendo el rol de “abuelo”, otro el de (lo lleva dentro) escritor showman. Se enzarzaron en una bastante inútil diatriba entre antes/después, pronto/tarde; le señalaba Pron a Giralt Torrente que comenzó “tarde” a publicar (a los veintisiete). Pron debería dirigir, sin dudarlo, el remake de La fuga de Logan y exterminar a todo escritor que se acerque a la treintena.


Entre los showman del Festival más "integrados" cabe mencionar a Javier Calvo con su Suommenlina en directo: música y recitación, algo valiente desde el punto de vista literario; pero ya conocido -si lo vemos desde el aspecto musical y de performance- para quienes vimos en directo a Mar otra vez, Vamos a morir o 713avo Amor, que creo que a Calvo le habrían gustado mucho. También Eloy Fernández Porta: y aunque me gustó su acción, pienso que (pasa igual con Calvo) no funciona autónomamente. El discurso de Fernández Porta es cada día más sofisticado, la "escena" lo hace parecer menos. Sus cambios de sombrero me encantaron.

Este año no pensaba entrar en nada que a priori no me pareciera interesante. Por eso mi experiencia del Festival Eñe fue -ya lo digo- una experiencia muy sesgada, con pocas conferencias, sin estrés, y sin embargo con bastante decepción.


En busca de amor
En la conferencia de Juan Bonilla encontré quizá el primer caso de ponente que está a gusto con el tema que le han asignado, tiene bastante que decir, se abstiene de florituras multimediales, le honra la autoparodia (“ahora es cuando dejo de leer y comienzo a tartamudear”, en efecto), se comunicó en un nivel “igualitario” con su público (“sé mucho de los futuristas pero muy poco de las máquinas”) y nos dejó, sin ningún afán caricaturesco, alguna broma agridulce sobre los desmanes de los poetas acercándose al poder.

Habló de las aspiraciones de la poesía: "no hacer inmortal al poeta, sino hacer inmortal al lector". Me quedé con este mantra tan divino, que baja del parnaso al creador y pone el acento en la turba que lo alimenta. Porque también dijo Bonilla (de quien tengo su primer libro de cuentos, con ex libris de 1996) que “escribimos poesía para que nos quieran más”. Pocas declaraciones de impotencia y necesidad hay más entrañables que ese “...pero no sirve para que me quieran”, de la amiga Pizarnik. A quien nadie citó.

Van pasando las horas. Connolly, Piglia, Aria. Fresán, Salinas, Rimbaud. Cernuda, Clarín, Maiakovsky.


Mujeres de papel
“El autor”, “el autor y su novia”, “autor que publica y puede por tanto conseguir mujeres...”. Ellos no se dan cuenta.

Entro el sábado en el Círculo de Bellas Artes, me faltan quince minutos para no sé qué conferencia, voy a la segunda planta con idea de tomarme un café. El camarero tras la barra y el que está en las mesas bromean respecto a algo intrascendente; al medio, entre los dos, yo espero ser atendida, ellos se tratan con una familiaridad impropia de un sitio que te cobra 2,40 € por un café. En medio de la broma, el gañán número dos decide incluirme: “¿Qué va a pensar esta pobre mujer?”, y yo que rebrinco y contesto: “De pobre nada”.

Aunque probablemente él gane lo que yo no.

Hasta el sábado a las cinco y media de la tarde no vi una mujer en el estrado del conferenciante (porque, también es verdad, ni pensaba asomarme a lo de Almudena Grandes, y otras mujeres que estuvieron antes tuvieron horarios asesinos). Lástima que la primera conferencia con una mujer protagonista a la que entro, la de Elvira Navarro, le saliese tan atropellada, los nervios se le subiesen a la laringe y no acertase a desemarañar las ideas tan sugerentes sobre "ciudad y escritura" que sí supo apuntar. Navarro habló de la necesidad de “encontrar territorios narrativos propios, aunque esto suene petulante”. Eso lo dijo ella. Y no él.

Veo en todos lados -y algunas conferencias, como la de Juan Bonilla o la de Julián Rodríguez, son extremadamente nutridas en ellas- a mujeres. Yo diría que el público es femenino en un setenta por ciento. Y las veo en las filas para recoger dedicatorias. Y las veo en los pasillos. Y están maquilladas y arregladísimas. Y no se suben al estrado. Este año ha existido además un recorte sustancial en las posibilidades de subir/no subir. Básicamente, era necesario ser escritor ya editado en Mondadori/Anagrama/Seix Barral. Nada de indies. Nada, nada de voces conocidas exclusivamente por los sabihondillos de la prensa cultural.

Y siguen pasando las horas: Giusseppe Tomaso di Lampedusa, Julio Ribeyro, Borges, Bradbury, Murakami.

Entro más tarde en una charla bastante sugerente de Javier Montes al hilo de la película The Clock, de Christian Marclay.

Siguen citando. Manrique, Kipling, Gombrowicz, Perec, Baker, McCarthy. ¡Dora García! Por primera vez en mi experiencia de este festival, se cita a una mujer.

Tuvo que ser Gabriela Wiener la primera que pusiera el nombre de una escritora (insisto, en mi festival) a resonar en el aire: y fue Sylvia Plath. A Wiener y su "acción" junto a su marido Jaime Z. Rodríguez dedicaré otro texto.

“Es muy tía”, me dijo una amiga el día que se puso a leer los últimos libros publicados por Julián Rodríguez. “Literatura de la incertidumbre (y del fracaso)” comenzó diciendo él mismo al principio de esa entrevista/conferencia. Puede ser que su forma de entender el mundo sin aristas, sin agarraderas firmes, lleno de recovecos, de dobleces, sutilezas, lecturas jamás unidireccionales sea muy “femenina”. O desde luego es todo lo contrario de “masculina” y no es que me haya dado por leer todo de través desde los sexos. Que me importan un pucho, que diría mi querida mamá chilena. Puede ser que por eso me siento tan cómoda (dentro de la incomodidad) en su literatura. Lástima que llegasen a esa entrevista conceptos como los “exotismos” de los que, a mi parecer, Rodríguez no pone nada de nada; también le preguntaron por “la figura de la mujer”: en lo que he leído de este escritor la mujer es de todo menos “figura”.

De la entrevista a Rodríguez salí anímicamente hundida, sin motivo aparente, aunque yo sé dónde estaba. Como justo después tenía lugar la charla de Robert Juan-Cantavella con Curtis Garland, hice acopio de ánimos y entré. Para no arrepetirme, claro que no.


El SEO del escritor
Ya hubiese querido yo ver a muchos escritores escribir cinco y seis libros al mes”. De todos los momentos del Festival Eñe, me parece que el aplauso que se llevó Juan Gallardo (aka Curtis Garland y cien seudónimos más) fue el más cariñoso y entregado. En mi verborragia interior me dije: “Lo que queremos ver aquí no son bufones, son escritores”, por eso aplaudimos a este octogenario de gorra y sonrisa postiza (digo, dientes nuevos) absolutamente auténtica y agradecida por el calor que le otorgaban su partenaire y el público.

Esto es un coñazo. ¿Está interpretando al personaje desde entonces -la temporalidad inscrita en la serie- o es una exégesis? ¿¿Desde la autocrítica, desde la autoconmiseración, desde la autodeterminación?? Es hiperrepetitivo, no añade nada, no está haciendo ni lectura ni interpretación, y lo de “hijo de puta” lo ha repetido seis veces”.

Al crudo, estos son los apuntes que me inspiró cierta conferencia. Estaba tan cabreada que me levanté tan pronto terminó de leer y salí.

En la noche, mi socia le puso apellido a aquello: “Fatal”. Son cinco, de cientocuarenta caracteres, en los que resumió su viernes eñe.

Ahora me salgo del festival y me voy a otro tema. El Search Engine Optimization de la web se llama desde hoy, en literattura, Super Ego Optimizacion. No pienso dar ni nombres ni iniciales (*), pero nuestro escritor entra al trapo con su resumen resumidísimo en twitter y le contesta vía e-mail. Es correspondencia privada y no voy a reproducirla, pero como el asunto ha hecho crecer mi indignación (la del apunte en crudo), aún dura la resaca y la cuento; no como denuncia, sino como (mal) ejemplo.

Así que el adjetivo "Fatal" en ese mensaje público insta a nuestro escritor a "defenderse" por correo electrónico. Argumentos tales como que una periodista cultural no debería tomarse a la ligera el trabajo de horas y días para escribir esa conferencia. Esa "performance" que "no estuvo nada mal". El rocambolesco intercambio tiene más de un episodio. En el último de ellos, la altísima benevolencia de nuestro escritor decreta básicamente que "no entendimos" su intervención.

Del apergaminado cipotazo que nos da nuestro escritor, saco dos conclusiones: una, que estos escritores deberían pasar más hambre antes de llegar a los estrados de conferenciantes. Dos, que están atragantados con las nuevas tecnologías de la comunicación. Ahora me pongo el otro disfraz, el de comunicadora en medios sociales y doy una mini-conferencia gratuita (y Creative Commons): amigo escritor, una mala crítica (una palabra, cinco caracteres, en un twitt) no es una crisis de reputación online. Y, si lo fuera, contestar a ese comentario debería haber sido:

uno, público; denota que estás vigilando lo que dicen de ti, denota falta de seguridad en ti mismo;

dos, preguntando por qué mereció el adjetivo "fatal";

tres, no tratando de imponer tu interpretación: llamar "performance" a leer mientras proyectas fotos...;

cuatro, lo último es llamar a tu cliente (tu lector, en este caso) tonto, o tonto y medio, porque no supimos entender tu grandeza.

Que, perdónenme, fue una mierda. (**)

Estoy en medio de la lectura de un libro llamado No sufrir compañía: el silencio es el vehículo de la sabiduría y tanto como callo, aprendo. Así que me callo ya y cierro con un twitt: “Si lo que haces es o no calidad lo dirá el resto, aunque lo seas y deja de hablar de ti mismo como si fueses una multinacional.” @littlepollo

* Donde no pongo nombres es anti-SEO.
** Como podéis comprobar, mi productividad bloguera aumenta por 1000% los fines de semana en que me quedo sola.