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viernes, 2 de julio de 2010

Just a working girl (1)

La broma sobre el trabajo y yo misma viene de muy antiguo, algún día debería contarla.

Hace no mucho, en un arrebato, me fui a un fisioterapeuta, a darme un masaje (fuera bromas). Sé que son los euros mejor invertidos de todo el semestre, porque este chico hace, además, de psicoanalista sin pretenderlo. Él masajeaba, yo me quejaba, una vez más, del poco tiempo libre, del muchísimo trabajo. Me preguntaba él si realmente no me daba tiempo a todo, o yo hacía para que no me diese tiempo.

Me dejó callada.

Ni siquiera contesto a los que amorosamente me comentan. Vale, prometo, porque no tengo excusa. Contesto, o peleamos delante de unas cañas. Hoy me propongo ponerme al día, porque in illo tempore éste era el blog profesional en que contaría lo que publicaba por el mundo.

Aquí están las reseñas publicadas en Go Magazine, que no sé por qué tengo tan olvidadas.

Publicada en ¿marzo?

Catherine Millet Celos
Anagrama

La mujer que desnudó la sexualidad desde su propia voz -o, como le gusta decir, desde su propio cuerpo- amplía y corrige su primera zambullida en un nuevo libro, que ha tardado un par de años en llegar; y eso puede tener que ver con que “Celos” (en el original, “Días de sufrimiento”) carece del “morbo”, de aquel “La vida sexual de Catherine M.”. Claro, los demonios interiores de la que fuera emperadora de la liberación sexual con signo cultureta y francés son menos aberrantes y más comunes: esa mujer con un comportamiento sexual límite, de campeonato, también tenía sentimientos. Era “normal”. Así que, le guste a ella o no, aquí aparece otra Millet, más madura, más cerebral, más autoconsciente incluso, y al mismo tiempo vale decir que está la misma: la de pluma directa e inteligente, la obsesa de las cuestiones visuales y la noción de espacio, la que utiliza modelos artísticos, formas reconocibles del universo abstracto y recreado para desandar sus propios pasos y presentar la realidad cruda, dolorosa, algo más dignificada. Y, ¿cuál es esa nueva Millet?: en el descenso al infierno de los celos, Millet también va a descubrir que toda su cultura a cuestas poco la ayudaba a entenderse. Se hace “fan” del “lugar común”. Entre dos aguas, el libro es un lúcido ensayo anclado en la psicología y el tratado artístico, y al mismo tiempo un excelente folletín. Lástima que, a ratos, parezca que cree necesario psicoanalizar a la “liberada sexual” que tanto nos hizo disfrutar antesdeayer.

Publicada en abril 2010:

F.G. Haghenbeck
Aliento a muerte
Salto de Página

Lanzarse al hoyo de los argumentos históricos, ubicando las obsesiones propias en un pasado más o menos remoto, en lugar de trabajar materiales del presente, puede ser tanto un escapismo como un campo de juego para la imaginación desatada. En una época en que México posee elementos de la realidad inspiradores de una narrativa tan fértil, darse al revisionismo en la novela, ¿no es frivolidad? F.G. Haghenbeck se va al México de 1868: final del imperio efímero de Maximiliano, europeos tratando de emular un régimen napoleónico al otro lado del Atlántico y todo el mundo revuelto en una guerra cuasi civil. Acercándose de puntillas a un costumbrismo de signo goyesco, procaz, lejos de la idealización, a través de una estructura montada como si fuera una “exposición” de cuadros y otras piezas artísticas, vamos entrando en una novela pulp con el trasfondo de una historia de venganza. Adrián Blanquet (ni hermoso ni bueno, como ninguno de los personajes) regresa a su ciudad a cobrarse todo lo que, en la confusión de la guerra, le han quitado. Destaca esa selección monstruosa de tipos y caracteres, que llena el relato de prostitutas siamesas, cocineros enanos, terratenientes obesos y sangre a borbotones. Si bien en las primeras partes cae en manierismos o descripciones arquetípicas, toda esa larga introducción parece quedarse como sostén para el desquiciamiento del relato que vendrá después, digno de ser puesto en viñetas. En algún momento, la novela se transformó en un caballo camino del infierno.

Publicada en mayo 2010:

Josan Hatero
La piel afilada (un bestiario de amantes)
Alfaguara

No me hablen de experimento: los experimentos explotan y éste está muy contenido. Me hubiese entrado mejor como enciclopedia. Desearía haber encontrado más riesgo, seguridad, saltos al vacío, altanería del intento de capturar el mundo (aunque sólo fuese como catálogo de amantes) en unas cuantas páginas. No me discutan: soy una amante "miope": nada podrá convencerme de que no me enamoro de aquello que no veo, que veo borroso. Sin embargo, me gusta este libro. Me gusta -es mi esencia- por lo que no es, por lo que no alcanzó a ser. El autor se esconde de la verdadera tarea, de la imperiosa tarea de imaginarnos. Estamos todos hechos un lío. No necesitábamos la constatación de que ahí afuera hay otros como nosotros: los testimonios de las "personas reales" entrevistadas no aportan nada a la literatura y acercan peligrosamente el "experimento" a un manual de autoayuda. Sin embargo, ahí está el bestiario. Afilados, narcolépticos, diferentes, santos, berlineses. Imposible sustraerse a la inclinación por vernos reflejados. Te vas a encontrar, y seguramente te vas a reflejar hermosamente descrito. Hay prolijosa documentación, variedades, pero también repeticiones o conceptos demasiado cercanos. Pero sobre todo hay dudas y no me gustan los amantes -ni los libros- dubitativos. Inventen ustedes, que son escritores, un mundo orgulloso de su esencia de mundo y que no tenga nada que deberle a nadie. Evite cuestionarse, que eso lo hará el lector atento y más que ninguno el pornógrafo.

Y publicada en junio 2010:

Pilar Adón
El mes más cruel
Impedimenta

En un libro de cuentos, es terriblemente complicado mantener la tensión suficiente en toda su extensión, y hacernos quedar ahí sin recurrir a fuegos artificiales -encandiladores, pero ilusorios-. Es cada día más frecuente cerrar un libro de cuentos con la sensación de que las maravillas, si están, se presentan retorcidas bajo los consejos del taller, como mujeres excesivamente maquilladas. Y sí, una sutil sensación de estafa. Terminado “El mes más cruel”, me digo: aquí debajo no hay más; todo está arriba, todo lo que se puede mostrar enseña su cara, todo está hecho de engañosas perspectivas, luces difusas, matices, sospechas, peligros. No hay certezas ni claridad posible. No hay explicaciones. Pienso que la autora ha llegado a la conclusión de que no se puede escribir de lo que no se conoce: y fundamentada en ese sano, terminal relativismo, nos enseña aquello que sus personajes ven y sienten. Sin escamotear información, sin narradores "listillos". La verdad es verdad porque está dentro de la literatura y Adón crea mundos deliciosamente bien armados, incontestables, autocontenidos, redondos. Y llego a esa conclusión no porque las historias sean de abrir la boca de pasmo, sino por el trabajo de cirugía sobre el lenguaje, la cuidadosa selección de palabras y el armado paulatino de frases y párrafos, un trabajo celoso sobre la sutileza, la connotación y el eco de las paredes nunca sólidas de los conceptos. Hay una búsqueda desencantada, pero tozuda, y eso me llena de entusiasmo.

lunes, 15 de febrero de 2010

Noches de tránsito (reseña)


Mark Kozelek
Noches de tránsito
Los libros del Señor James

¿Quién de nuestros lectores no se estremece cuando rescata canciones como “Katy Song” o “Carry Me Ohio”? El cantautor surgido del medio oeste ha permanecido y desarrollado un cancionero de vértigo desde 1992. “Noches de tránsito” (publicado en 2002, completado con nuevos textos en 2008) es el esfuerzo de Kozelek por recopilar sus letras y es primera referencia de Los libros del Señor James, zaragozanos osados doblemente -por montar una editorial y hacerlo con un libro de canciones-. Impagables sus comentarios previos (se incluyen los dos prólogos), sus homenajes a Katy, a Mike, a novias y amigos, los rastros de las giras en las letras, la soledad, la amistad, el propio peso de escribir, lo extranjero, lo familiar, la nostalgia, el medio oeste, San Francisco, Londres, conciertos ante veinte personas. Todo eso está en sus poemas, elegantemente traducidos (el original al lado) por Ezequiel Martínez Llorente y un disco (“Find me, Ruben Olivares”) con directos de Mark en España. No se puede pedir más.

//Publicado en Go Magazine 108 febrero 2010//

miércoles, 20 de enero de 2010

Los Soprano forever (reseña)


Varios autores

Los Soprano forever

Errata Naturae


Primero la televisión succionó nuestras cabezas; después nos hizo pensar. Tras el reciente Los Simpson y la filosofía (Blackie Libros, 2009), Los Soprano forever es la propuesta de Errata Naturae para homenajear a nuestra serie de culto. Sería (hasta donde llegan mis noticias) el primero de este tipo nacido en una editorial española. ¿Se merece Los Soprano una colección de artículos reflexivos, provistos desde la pasión del fan a la vez que desde el análisis de orientación estética, psicológica y sociológica? ¿Gastar tinta y papel en la creación de David Chase como fenómeno de la nueva televisión, rizo final y dead end del cine negro? ¿Se merece que pensadores de nuestro mundo -audiovisual y real: Ivan de los Ríos, Peter H. Hare, Noël Carrol, Fernando Castro Flórez y otros- engarcen página tras página desentrañando el porqué del éxito de una serie realista sobre un gordo con depresión y tendencia a machacar cabezas, capo de una mafia de suburbio? Escucho vuestras voces: se merece más.


//Publicado en Go Magazine enero 2010//

lunes, 14 de diciembre de 2009

Fin (reseña)

Fin
David Monteagudo
Acantilado

Nueve personajes delineados con cuatro detalles de su aspecto y formas de reacción. Relato de foco desnaturalizado, sin un solo asomo de empatía, como el que haría la más incruenta de las cámaras de seguridad, acerca de un encuentro de confusa causa. Peripecias que convergen en una noche en un refugio, especie de “bodas de plata” de otra noche “mágica” para aquellos personajes, ahora veinticinco años más viejos, incapaces de encontrar una buena excusa para aquella amistad de contornos desvaídos por el tiempo. Una pesada broma que todavía les escuece en las conciencias. Viejas rencillas y rencores que se destapan, mezquindades de adulto con problemas para encarar el fracaso, torpeza relacional, inmadurez sentimental, ¡frustración! Nueve desconocidos que se han dejado convencer en cierta fiesta y... un apagón. Ya pueden ver las estrellas y encontrarse con ellos mismos. En la primera aventura narrativa de David Monteagudo, trescientas cincuenta páginas saben a poco. Ni el autor sabe más que los personajes a los que maltrata, ni el lector se despega ni un momento de la ignorancia que a ellos acosa. Ha de seguir, dar la vuelta a la página, comenzar otro capítulo, exprimir los sentidos de cada nueva frase descriptiva, austera, ausente, incisiva de tan poco comprometida. Prosa sin brillantez, pero brillante. Es imperativo saber qué será de estos nueve, bajo esa desarmante amenaza que se los va comiendo. Apaguen sus televisores -dejen la serie de moda para después- y abran “Fin”.

//Publicado en Go Magazine 106 Diciembre 2009. Sobre el mismo libro, también escribí una crítica en este sitio, Estado Crítico.//

Kings of Convenience (crítica)


Kings of Convenience

Teatro Circo Price (Madrid) 1/11/2009


Se juntan dos talentos y salta la chispa. Se enlazan armonías y explotan corazones. Se plantan con actitud comunicativa y el fan los adora. Él, el fan, está en su derecho de deificar. ¿Qué les da, pues, ese sex appeal suyo?


Se traen a la telonera expresamente (Javiera Mena, a la que conocieron en una gira por Chile, es un astro pop en su país, aquí ya estamos tardando) y el mismísimo Erlend Øye sale a presentarla. Le dejan veinticinco minutos y un piano. No hay maniobra musical que pueda con la expectación de tener por fin sobre el escenario a los noruegos (nunca antes en Madrid). Las conversaciones y la impaciencia se comen su show. Y la sala (2500 almas) está a rebosar. Erlend y Eirik ocupan su lugar, con la impuntualidad necesaria para hacer brotar más ooohs y aaaahs. Entre bromas -ya les conocemos el carácter, uno va de entregado, el otro de introvertido- van dejando caer algunas de sus canciones más conocidas, entrelanzando con elegancia sus voces y sorteando la simplicidad instrumental con soltura. Hacen que los “lata-man” apaguen sus lucecitas y cuentan (Erlend) una anécdota sobre su vinculación con España: todos sabemos ahora que su tía abuela estaba reporteando en Madrid el día en que entraron las tropas franquistas. Dice sentirse bien de llegar a la ciudad “ahora que ya no hay guerra”. Mas aaaays.


Para una segunda parte, invitan al escenario a dos músicos más (violinista y bajista), y entre los cuatro el show pierde intimidad pero gana en ímpetu. Las evoluciones del chico del violín arrancan aplausos por sí solas y ellos están entre felices e incrédulos con la ola de amor que les llega desde abajo. Navegan en aquel mar de admiración -sólo un poco menos cálida con las canciones del álbum nuevo, pero deleitosa con las ya clásicas ('Stay Out of Trouble'). Más allá de si suenan o no a otra pareja de cantantes-guitarristas de hace varias décadas, lo de Kings of Convenience en directo es una entrega con revulsivo. Cuanta más generosidad, más líquido se vuelve su público.


//Publicado en Go Magazine 106 Diciembre 2009//

martes, 17 de noviembre de 2009

Más trabajos del fin del mundo


Ya era hora (para mí, que la he recibido hoy) de poder ver la entrevista escrita a Yuri Herrera. Sale en la Go Magazine de noviembre (105). Aquí la ofrezco (pdf enlazado en la imagen), para quien tenga curiosidad en leer más de lo que sabe decir este escritor mexicano.

De su propia voz, se le puede escuchar en los trocitos que emitimos dentro del programa 5 de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?

domingo, 11 de octubre de 2009

Dissipatio humani generis (reseña)


Dissipatio humani generis
Guido Morselli
Laetoli

La “desaparición del género humano”: admítelo, has fantaseado con ello muchas veces. Aunque posiblemente no se te ha ocurrido que pudiera quedar atrás una sola persona. El personaje narrador de “Dissipatio humani generis” ha decidido quitarse la vida antes de cumplir cuarenta años. Se interna en una cueva para arrojarse al lago pero en la madrugada se arrepiente. Cuando regresa, el mundo se ha vaciado de personas, los humanos se han evaporado y queda toda su industria atrás, exacerbada de sentido. Se enfrenta entonces a su nueva situación: esa soledad, soñada tantas veces, arrastra la grandeza de convertirlo en único portavoz del fin de la especie y la miseria de no tener a quien contárselo. En medio de las torpes estrategias de subsistencia, está el diálogo con una realidad bruta, la necesidad de adaptación, el miedo, la constatación de la ausencia de Historia, la desintegración progresiva de la individualidad -ahora que sólo hay un individuo- y un turbio descenso a las capas bajas de la conciencia. No es una narración cómoda, no está vertebrada, se engancha al género diario, con toda su fragmentación, al mismo tiempo que al ensayo, con la psicología y la sociología como ingredientes; la cultura acumulada durante años como gesto cada hora más absurdo. La fábula escatológica del italiano, apenas degustado en nuestro país, es, además de provechosa para cualquiera, una de esas perlas imperdibles para los que indagamos tenazmente en lecturas rellenas de intelectualidad y morbo.

//Publicada en Go Magazine Octubre 2009//

miércoles, 9 de septiembre de 2009

La condesa sangrienta (reseña)


La condesa sangrienta
Alejandra Pizarnik
Libros del Zorro Rojo

El personaje es fascinante -e incluso el libro que inspiró este texto, de la francesa Valentine Penrose- pero no necesario. "La condesa sangrienta" de Alejandra Pizarnik -urdido como reseña y publicado en la revista Testigo de Buenos Aires, en 1966- es un texto sobresaliente por sí mismo, de factura tan definitiva que uno no puede sino dejarse atrapar por su prosa, tan pronto inicia la lectura. Esa prosa: afilada y precisa, descriptiva pero cargada de lujuriosas connotaciones, organizada en breves "cuadros" que van perfilando el cotidiano deambular/torturar del sujeto al que se adhiere, generando una reflexión sin trampa sobre el horror, el abismo, la libertad, la melancolía y la "belleza inaceptable", fragmento tras fragmento. Esos esbozos funcionan como representación hirsuta, tan vivaz y tan mentirosa como un cuadro barroco, tan irónica y autoconsciente como una novela postmoderna. "La condesa sangrienta" no es un libro fácil, sí envolvente. Y, a tenor de las ediciones que se podían encontrar hasta ahora, alguien tenía que venir pronto a darle al texto entidad de libro. Lo que hace de esta edición una experiencia nueva -disfrutable, también- es concluir uno cualquiera de los cuadros, pasar la página, y encontrar uno de esos demenciales dibujos -rojo, negro, blanco- del ilustrador argentino Santiago Caruso: entre el simbolismo y la representación, fraguados en la oscuridad, casi puede sentirse en ellos el dolor de las mujeres que sacrificó para sí misma la triste Condesa.

//Publicada en Go Magazine septiembre 2009//

domingo, 12 de julio de 2009

Cortázar, quien no sabe encontrar no es cronopio


Hace pocos días, hallé en la basura unas cuantas postales de mensajes caducados y un plano del metro de París, del año 62. Quien decidió tirar los recuerdos del viaje de novios de la abuelita -al contenedor de reciclaje- era evidentemente un fama y no podía ni imaginar el asombro dibujado en mi cara ante tamaño encuentro. Silvia Monrós-Stajaković contactó en 1980 con el autor de “Rayuela” con motivo del contrato para su traducción al serbio, y en ese punto se estableció una rara amistad epistolar que incluyó también a la mujer del argentino, Carol Dunlop. Más que leer la exquisita prosa de Cortázar -las líneas redactadas de su pluma son escasas en el conjunto-, “Correspondencia” (Alpha Decay) sirve de insólito testimonio a los años finales, marcados por el “declive” creativo y los problemas médicos, de uno de los escritores más atípicos, menos literarios y más imprescindibles del pasado reciente, una ventana abierta a la vida corriente de la época en que ambos (Dunlop y Cortázar) redactaron “Los Autonautas de la Cosmopista”, viajando a paso de tortuga por la autopista del Sur. Cronopio también, Carles Álvarez-Garriga lo tuvo más fácil: la misma Aurora Bernárdez, albacea del autor, le puso por delante una serie de papeles sueltos, guardados con primor y nunca antes revisados para su edición. El resultado es ese (anunciado a bombo y platillo) “Papeles inesperados” (Alfaguara), y aquellos que han seguido el discurrir editorial de la obra de Cortázar bien podrían preguntarse si no hay gato encerrado en esta “providencial” recuperación. No lo hay. Los trozos, fragmentos, capítulos y relatos aquí incluidos fueron desechados por su autor por diversos motivos -incluso sugerencias de editor mediante- a lo largo de su carrera, y en algunos de estos textos, aún cuando se consideraron prescindibles o menores, hay suficiente maravilla como para quedar alelado, sí, como un cronopio. Sucede con los relatos (algunos desconocidos, otros tiernas primeras versiones como en 'Relato con un fondo de agua') y los pedazos no incluidos en “Un tal Lucas”, que hacen reir y sollozar tanto o más que el libro tal cual se imprimió. Pero este volumen reúne papeles de todo tipo, reflexiones de la actualidad, la justicia, la literatura y juegos, prólogos, presentaciones, ponencias, artículos, incluso una extraña “entrevista” sin entrevistador para la revista Life. El lector merece un cierto respeto, y en el caso de Cortázar es que nos enseñen lo que escribió, encuentren lo que encuentren.

//Publicado en Go Magazine julio-agosto 2009//

jueves, 18 de junio de 2009

La penúltima página

"La chica de la última página" me digo a mí misma, dado que desde hace cinco años, con muy pocas excepciones, todo lo que sale con mi firma en Go Magazine es una crítica de 1500 caracteres en la sección libros, ubicada precisamente en ese lugar.

Y me gusta tener ese sitio, tanto que trato de cuidarlo mucho. Este mes de junio -y que hoy sea 18 contando esto se debe a que llevo doce días sin ordenador, además de otros muchos avatares, pero el servicio técnico no le ha encontrado ningún problema, pero ya se me ha caído dos veces desde que lo encendí- me he mudado: mi texto, una entrevista al autor de Zona, Mathias Enard, está justo un pelín antes de que se termine la revista que con tanto denuedo hacen cada mes mis compañeros en Barcelona.

La subo al box.net y pego el enlace, por si acaso alguien tiene interés. A estas alturas de mes, no debe quedar mucha Go Magazine, tan poca como autoestima tengo.

PD: Un río de sangre, el título del artículo. No pude resistirme. Es el título de esta canción de Violeta Parra -por supuesto, grandiosa- y uno que planeaba usar para uno de los relatos que tengo por escribir. Todo se andará.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Los guardianes durmientes (reseña)


Los guardianes durmientes
Luis Rodríguez Rivera
451 editores

En un desordenado presente novelístico, cuando ya nos había dejado J. G. Ballard y Bradbury era un honorable aún-más-viejecito inacabable, un escritor con orígenes en el noroeste español se atrevió con una nueva fabulación sobre lo que nos espera en el futuro, un planeta que se consume a sí mismo y seres que inventan formas de sobrevivir en el caos de la distopía. Los elementos puestos en juego aquí son conocidos, poco delimitados –naturaleza masacrada, humanos gobernados por las grandes empresas, androides, aquí llamados símiles, humanizados, movimientos de resistencia. Lo añadido sobre el esquema de la fábula futurista cifra en la pugna de los viejos, caducos sentimientos que animaban al mundo, que buscan perpetuarse en el más inhóspito de los hábitats. Un triángulo de personajes en apariencia desconectados irá haciendo avanzar una trama a medio camino entre la aventura y el thriller, con buen ritmo y pulso ameno. Con un pelín más de arrojo en la poesía de las situaciones –que aparece, sí, leve, y es el mejor de los añadidos-, con un mayor trabajo sobre personajes que se adivinan potentes, con un poquito menos de apego a los tópicos –esas “vanguardias artísticas” promovidas por los malos en el poder-, Rodríguez Rivera habría bordado una tercera novela sabrosa y entretenida. Y es ambas cosas, pero de aquel que debutó con un trabajo tan llamativo y perturbador como “Memorias del hombre buitre” (Lengua de Trapo, 2005), esperábamos algo más osado y cercano a la perfección.

//Publicado en Go Magazine nº 100 mayo 2009. Vaya por detrás que Rodríguez Rivera me sigue pareciendo un autor interesante al que seguiré leyendo. //

domingo, 12 de abril de 2009

Los domingos de Jean Dézert (reseña)


“Los domingos de Jean Dézert”
Jean de La Ville de Mirmont
Impedimenta

¿Cuánto de Jean de la Ville de Mirmont hay en Jean Dézert? Este pequeño y magnífico libro forma parte de la escasa herencia que dejó su autor, muerto en las trincheras en 1914, y su rescate es todo un acierto: “Los domingos” es una fantasía carente de imaginación, fábula sin pretensiones y, al mismo tiempo, trasunto literario de la vida que él mismo llevaba en París, y de la que, de acuerdo con su prologuista (François Mauriac), siempre quiso escapar. Desde un planteamiento que pretende ilustrar la regularidad de los días de alguien consciente de la inutilidad de las ambiciones o el deseo trascendente, y se sabe parte de la multitud, tan reemplazable -y eterno- como cualquier otro, no se han de buscar, en sus poco más de cien páginas, inusitados giros de la trama o descabelladas argucias de estilo. La nouvelle funciona como un fresco pintado con elegantes, formalmente bellas descripciones de la monotonía, escenas que atraviesan los domingos, siempre iguales, de Jean Dézert, el funcionario, lector de Confucio y carente del menor sentido de la aventura. Esta, cuando se le plantea, viene en forma de folletos publicitarios para llenar el ocio de los domingos; o, sin planteársela, en la opción más “salvaje” de una posibilidad de matrimonio, nunca buscada, que sin embargo se prefigura como la apuesta para torcer la mano al aburrimiento. Y el fresco funciona, se fija como un espejo en el que cualquier “hombre común” de nuestro tiempo puede mirarse y, en definitiva, contentarse.

//Publicado en Go abril 2009. Impedimenta una vez más proponiendo lecturas olvidadas e imprescindibles//

miércoles, 18 de marzo de 2009

El lobo (reseña)


“El lobo”
Joseph Smith
Mondadori

Resulta muy tentador sentarse en el punto de vista del otro –bicho, alienígena o outsider- y narrarlo. Lo difícil es no dotar a ese “otro” de las mismas deficiencias estructurales que, como seres limitados, arrastramos, o pegarle nuestras opiniones sobre todo. Smith, un debutante que vendió como bollos calientes su primera novela en la Feria de Frankfurt hace dos años, lo hace pasar bastante bien poniéndose en la piel del lobo, protagonista y narrador de su libro, evitando con elegancia la sensiblería y los lugares comunes que vestirían al lobo de Oso Yogui o cualquier aberración disneylandesca. Su lobo vive en una lucha fiera por alimentarse y sobrevivir al invierno, y la narración es su propio trayecto a través del hambre, explicando sus motivos de predador con una prosa caliente y –a ratos- cargada de sentencias de aliento filosófico, aunque no tendencioso. Si aceptas el contrato de que un lobo se manifieste en un lenguaje humano, éste sería uno muy plausible para esta fábula, que hace virguerías con tal de no caer en el antropomorfismo, bordando la primera persona “alien”. El complicado equilibrio entre narración y descripción normalmente consigue llevarnos adelante sin apuros, a pesar de lo difícil de enganchar en una situación sin referentes conocidos. Una lectura que exige concentración e imaginación aunque, a pesar de lo sintético de la peripecia, se hace tediosa cuando los acontecimientos se dilatan exasperantemente en la mente del animal y las resoluciones escasean.

//Reseña publicada en Go Magazine marzo 2009//

Bowie - Amando al extraterrestre (reseña)


BOWIE: AMANDO AL EXTRATERRESTRE
Christopher Sandford
TB Editores

Christopher Sandford es, quizá, el mejor biógrafo de Bowie, además de uno de los mejores cronistas del rock, con libros dedicados a Cobain, Jagger, Clapton e incluso Roman Polanski. Es meticuloso, documentado hasta la saciedad, ameno y falto del sensacionalismo que le sobra a otros escritores de estos formatos. Se esperaba como agua de mayo una buena historia acerca del inglés en español, y por fin se atreven con “Bowie: Amando al extraterrestre”: imprescindible para comprender cómo llegó David Jones a convertirse en el icono pop de cuatro décadas –el recuento, exhaustivo, se detiene en los noventa-, recabando información de vecinos, compañeros de colegio, acólitos de sus años en Haddon Hall, groupies varias, innumerables managers y músicos que compartieron su tortuoso camino. Contiene todos los ingredientes para enganchar desde la segunda página. Lástima que la edición esté lastrada con una de las peores traducciones de textos sobre rock que hayamos conocido: mejor búscalo en Amazon.

//Reseña publicada en Go Magazine - marzo 2009. De verdad que me dio pena tener que terminar la reseña así.//

martes, 10 de febrero de 2009

Lo que arraiga en el hueso (reseña)


“Lo que arraiga en el hueso”
Robertson Davies
Libros del Asteroide

Entre las novelas de grandes ambiciones, las de Davies llenan un espacio hecho por él mismo de complejidad, astucia, coherencia, estilo y maldita-sea-la-buena prosa. Y entre las abocadas a ilustrar una vida humana, pocos (en la tradición anglosajona se juntan unos cuantos) han llegado tan lejos en la empresa de desmenuzar hechos y circunstancias integrantes de una sola existencia. El escritor canadiense está bien pertrechado contra el analfabetismo de los “límites de la conciencia”, que podría arrastrar un novelista más anticuado; y tampoco es de los que concede excesiva importancia al “viaje interior”. Así, la segunda parte de su Trilogía Cornish es otro ejercicio brillante de osadía en el trabajo imaginativo; de convicción para rellenar todas las zonas posibles de un personaje y de elegancia para descorrer el velo en cada una de las experiencias narradas, mostrando un matiz diferente que el lector, siempre, había pasado por alto. El pellejo de “Lo que arraiga en el hueso” pretende ser una exposición biográfica total, en pos de aquello que a duras penas rastrearía un investigador, ni el más dotado, cuando se trata de entender quién fue alguien ya desaparecido. La tarea es sobrehumana. La suma de intelectualidad vigorosa y sentido práctico hace que la lectura de este libro –y de los demás- se convierta en una fiesta de la inteligencia, una arrebatadora sesión espiritista hecha de puras palabras. Que sea otra novela de Davies es el menor de los alicientes para entrar en ella.

//Reseña publicada en Go Mag, febrero 2009. No complementa la antirreseña, es lo que es//

lunes, 15 de diciembre de 2008

Soy una caja



“Soy una caja”
Natalia Carrero
Caballo de Troya

En el mundo de la literatura de nuestros días, hay cosas que son valientes y cosas que no lo son. Los más se instalan en lo último: repeticiones irreflexivas de moldes archi-transitados. Los pocos vienen a vivir al otro segmento de la acción literaria. Aquél en que la construcción de la identidad, del qué decir genuino y personal, es el primer peldaño a escalar. Literatura como psicoanálisis o apertura gratuita de venas, pero búsqueda de pasos propios. ¿Que por qué puede llegar a ser tan doloroso? Porque algunos carecemos de la arrogancia para adentrarnos en lo trillado, así, en general. La valentía de Natalia Carrero está en el esfuerzo ofrecido –a vena abierta- por objetivar los balbuceos y hacerlos dignos de libro. Nos lanzamos a escribir sobre asuntos que no dominamos en absoluto o investigamos con armas primordiales –abecedario, collages, fantasías, manualidades- en donde nadie más ha estado. Así, el personaje-persona que lleva adelante “Soy una caja” es un sacacorchos ficcional, empeñado en la lectura de su autora fetiche, Clarice Lispector, que desentraña pocas cosas ciertas de los libros, salvo que tiene que escribir. Trabajo que, a pesar de su liviandad formal, se hace espeso como un diálogo surrealista, donde cualquiera tendrá problemas para separar lo literario de lo vivido. Lástima que las inmersiones en el “relato” de viejo cuño sean tan escasas, incluso un poco pacatas. Pero queda el esfuerzo del original esbozo. Escribir es un dictado, pero un dictado infame.

//Reseña publicada en la revista Go Magazine, diciembre 2008//

jueves, 6 de noviembre de 2008

Melancolía (reseña)

//Este libro vino a dar color profundo a este otoño de la crisis y de las esperanzas infundadas//

"Melancolía"
László F. Földényi
Galaxia Gutenberg


Tenemos dos tipos de compradores potenciales para este libro: los que "adoran" el grabado de Durero y los que se sienten identificados con la palabra que le da título. A los primeros, el libro les defraudará. A aquellos que agarren el término cada vez que se les muere un canario o se levantan con resaca, también. Porque la melancolía es algo bien distinto de la tristeza, tanto como lo es del hastío, aunque participa de los dos. El concepto, en nuestra época, está teñido de un deje pusilánime, incluso mojigato, y si te atreves a llamarte a ti mismo melancólico atente a las consideraciones de posero que te aguardan. Pero el mal está ahí, desde muy antiguo. Para el autor, la historia parte con los griegos, que acuñaron la palabra tal como nos ha llegado, y con un exhaustivo, bello y erudito ensayo recorre las acepciones del término, los famosos afectados, los efectos de la melancolía en el arte, la música, la filosofía y, aún más importante, el desastroso encaje del fenómeno en las sociedades de cada época. Porque el melancólico es un ser que difunde su propia enfermedad en todos los órdenes, simplemente cuestionándose la buena marcha de las cosas, recordándonos la presencia de la muerte en cada espúreo acto de la vida. Es un libro que, de tan erudito, resulta incontestable. Y su amplísima colección de apuntes, reflexiones, análisis de la pintura o textos reseñados persigue un único fin: situar la melancolía como forjadora de algunas de las más importantes páginas de la cultura.

//Publicada en Go Magazine, noviembre 2008//

domingo, 19 de octubre de 2008

El hospital de la transfiguración

“El hospital de la transfiguración”
Stanisław Lem
Impedimenta

¿Qué peor cosa te puede pasar cuando eres un jovenzuelo recién licenciado de Medicina que ser polaco en el año de la invasión alemana? Quizá el destino de escritor de Stanisław Lem se escribió entonces, cuando se apercibió de que nada podría hacer como médico en ese contexto. Así nació “El hospital de la transfiguración”, una primera novela que habla de él sin hablar de él. Lem pone en juego a Stefan, un muchacho apocado y pusilánime, que apenas sabe cómo enfrentarse a un funeral entre familiares, para convertirlo –progresivamente- en un médico que se come el mundo con curiosidad y decisión, que transforma y se deja transformar por las circunstancias en que se ve envuelto: un hospital psiquiátrico como metáfora de toda la nación polaca en desintegración. Unos colegas médicos, a cual más desesperado y neurótico. Un poeta-loco en demostración permanente de la lucidez y la vergüenza del intelectual. Y, claro, la invasión nazi que, irremediablemente, llega hasta ocuparlo todo. Si puede parecer, bajo la mirada poco atenta, que aún está lejos de eclosionar el Lem-escritor-de-ciencia-ficción, aquí está, gigante, el Lem-divulgador de la ciencia dentro de la literatura, un intelectual concienzudo con la materia que trata, arrojando luz de puro sufrimiento en las zonas más temibles de la conciencia. Pasajes de colección hay aquí para regalar: me quedo con la infortunada operación de cerebro en el quirófano semiclandestino del hospital, una de las escenas más terroríficas que se hayan puesto en papel.

//Publicada en Go Magazine octubre 2008. Para los lem-maníacos, aviso que ya hay otro Lem calentito en los mostradores, Vacío Perfecto, a cargo de Impedimenta nuevamente.//

domingo, 17 de agosto de 2008

Últimas dos horas y cincuenta y ocho minutos (reseña)

"Últimas dos horas y cincuenta y ocho minutos"
Miguel Ángel Maya
Lengua de Trapo

“Últimas 2 horas y 58 minutos” es una primera novela o, mejor dicho, una primera publicación. Es ejercicio formal que no peca de formalismo. Es novela experimental, hecha con un sentido de la honestidad, con una cercanía tal entre autor y lector que no se parece a ningún experimento. Es un trabajo serio, dividido en dos. Se puede empezar a leer por la primera (o segunda) parte, o bien por la segunda (o primera) parte. Se cuenta entre las novelas de escape, de viaje o de carretera más desquiciadas y coherentes que se hayan visto en mucho tiempo. Tiene un formato de espejo, tiene un (falso) narrador omnisciente, y la excusa del amor, detrás de todo como impulsor. En ese espejo no se entra en disquisiciones morales y apenas estéticas, y en la imagen que refleja es, a menudo, más importante, lo que no refleja: el fuera de campo adquiere una fuerza curiosa. Es un libro que se debe sólo a sí mismo, avanza imparable por caminos de medio mundo en la desastrosa huída de los personajes, ensarta episodios delirantes y, a veces, pide ralentizar la lectura para elaborar debidamente la peripecia de esos dos seres oscuros. Es una exquisita ventana a las casualidades que dominan nuestras vidas, sin otorgar ninguna suerte de magia o bondad a esas casualidades: son, sin más. Entrar en el primer libro de un autor novel, por mucho que traiga el sello de ganador del VI Premio de Narrativa Caja Madrid y aparezca en Lengua de Trapo, puede ser para muchos poco tentador. Sáltense los prejuicios y verán.

//Publicada en Go Magazine, julio-agosto 2008//

lunes, 9 de junio de 2008

César Aira: superhéroe lacaniano

Nadie se atreve a clasificar a César Aira. Ni él mismo lo hace. Su ingente producción–novela, cuento, ensayo- abarca toda tipo de textos. Hace gala de una fantasía desbordada pero mantiene, escrupulosamente, la verosimilitud; crea sorpresa en cada página, pero se guarda mucho de dejar cabos sueltos. Las aventuras de Barbaverde, su última publicación, es una montaña rusa de fantasía y coherencia.


El bien, el mal, la humanidad indefensa y una ciudad –Rosario, Argentina- como decorado. “Hacía años que quería hacer una serie de novelas con un mismo grupo de personajes, el marco tradicional de las viejas series de Batman o Superman: el supervillano, el superhéroe, el joven periodista, una chica bonita…” El proyecto era seguir produciendo estas novelas hasta su muerte, pero se cansó en la cuarta. Así quedó Las aventuras de Barbaverde. Dentro de esas cuatro novelas, no esperes que Aira se repita. Escribe y publica desde hace treinta años, pero “para que siga valiendo la pena hacerlo, implica plantearse desafíos mayores, subir la apuesta cada vez”.

Pero nada es lo que parece. Dentro de “El gran salmón”, “El secreto del Presente”, “Los juguetes” y “En el gran hotel” hay temas y sentidos que trascienden la novela de aventuras. Mediante los malvados planes del Profesor Frasca, se habla de la distribución de la riqueza, la avaricia del género humano, el devenir de la historia o la abstracción de las finanzas (en el episodio del “remate” que, dice, “me hizo un lío enorme en la cabeza”). Es que, lo que le sale “viene ya condimentado con mis lecturas de Lacan o de Leibniz, la cultura contemporánea, la filosofía o el psicoanálisis…” Los libros cuentan, además, con una suculenta pareja de protagonistas: Aldo Sabor –periodista inexperto que se “pega” al héroe- y Karina –artista plástica-, amén de una serie de secundarios de trazo grueso con los que se divierte hablándonos del papel irrisorio de las universidades, las intenciones torcidas del arte contemporáneo, la sociedad flanqueada por los medios de comunicación o la generación perdida de la Argentina de hoy.

Aira se aleja conscientemente del discurso surrealista; en el interior de sus aparentes locuras, mantiene un escrupuloso apego a la coherencia: “Me ha quedado de mi vocación original, que era la novela convencional. Me quedó ese gusto por una novela estructurada, como las de Balzac o todo el siglo XIX. Trato de mantener un verosímil, una trama; cuando interviene un elemento muy extraño, al día siguiente me preocupo de buscarle una concatenación. No me gusta dejar cosas sueltas”.

Y, al mismo tiempo, “mis novelas se hacen sinuosas, porque cada día en efecto se me ocurre una cosa distinta, y la novela tuerce el rumbo. Se hacen imprevisibles. Pero lo son para mí al escribir, porque no sé qué va a pasar, y lo son para el lector”. Las aventuras de Barbaverde desconcierta, apabulla, emociona y atrapa. Como parte del juego, el héroe no tiene, como se acostumbra, una “identidad secreta”, sino que todo él es secreto: “Cuando empecé la primera, la del salmón, se me ocurrió hacer esa escena en los pasillos del hotel, con la figura de Barbaverde que siempre esquivaba; me gustó cómo quedó y salieron cuatro novelas con un protagonista que no aparece nunca”.

Se lo ha pasado como un niño escribiendo: “Fue una empresa larga. Pero no cierro la posibilidad de, dentro de algunos años, escribir Las nuevas aventuras de Barbaverde”.

//Publicado en Go Magazine Junio 2008//