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martes, 17 de noviembre de 2009

Más trabajos del fin del mundo


Ya era hora (para mí, que la he recibido hoy) de poder ver la entrevista escrita a Yuri Herrera. Sale en la Go Magazine de noviembre (105). Aquí la ofrezco (pdf enlazado en la imagen), para quien tenga curiosidad en leer más de lo que sabe decir este escritor mexicano.

De su propia voz, se le puede escuchar en los trocitos que emitimos dentro del programa 5 de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Sakamoto & me


No todos los días aparecen en mi buzón propuestas para entrevistar a un personaje tan relevante en lo suyo. Ryuichi Sakamoto es uno de los músicos más inquietos, inclasificables y creativos que hay vivos en el mundo. Dotado de una vastísima cultura musical, amigo del piano, cercano a la escena pop y tecno, investigador de nuevas texturas sonoras... Desde 1978, el japonés no ha parado de trabajar en algo que viene a ser un estilo que suma todos los estilos, destrozando prejuicios.

Así, me acometió un remezón interior cuando supe que uno de mis medios favoritos (Calle 20) me solicitaba esa entrevista, amén de otras piezas para ilustrar la oferta musical del Festival de Otoño madrileño, que empieza ya (hablamos de Whale Watching Tour de Nico Muhly y Hanne Hukkelberg).

Poco menos de diez días después, un sábado, había de marcar un número de teléfono de un hotel de Roma.

- Buongiorno, sonno Giuliano.
- Buongiorno. My name is Carolina. Can I speak to Mr Sakamoto, please?


Sin temblor vocal, adentro tenía una docena de palomas reventando por escapar. Al otro lado, un silencio, y al cabo una tranquila voz dijo: hellooooo.

Para ese momento, el teléfono ya me sobraba y lo que realmente hubiese querido es haber podido volar hasta el hotel y poder completar esa pausa y calma en la voz con los gestos que imagino de monje sabio.

Y accedió a responder mis torpes preguntas con actitud humilde y colaboradora que, a la vista de un impresionante curriculum como el suyo, siempre me sorprende. Hubo silencios, rumiaba las palabras un rato, bromeó incluso y explicó llanamente esa forma de entender la música en donde las fronteras de estilos no existen y sólo hay lugar para el buen gusto y la verdad estética.

Hay mucho donde elegir en su carrera y, lo mejor de todo, él no se regodea en lo logrado. El reciente out of noise (2009) es uno de sus trabajos más experimentales y hermosos que he escuchado nunca.

Después de otro par de semanas, llega el momento. La satisfacción de ver lo escrito en hermosas hojas satinadas. He subido el pdf por si alguien tiene curiosidad. La revista Calle 20, ya sabéis, es de distribución gratuita en los locales y tiendas más selectos de la ciudad. También se puede visualizar completita aquí.

jueves, 18 de junio de 2009

La penúltima página

"La chica de la última página" me digo a mí misma, dado que desde hace cinco años, con muy pocas excepciones, todo lo que sale con mi firma en Go Magazine es una crítica de 1500 caracteres en la sección libros, ubicada precisamente en ese lugar.

Y me gusta tener ese sitio, tanto que trato de cuidarlo mucho. Este mes de junio -y que hoy sea 18 contando esto se debe a que llevo doce días sin ordenador, además de otros muchos avatares, pero el servicio técnico no le ha encontrado ningún problema, pero ya se me ha caído dos veces desde que lo encendí- me he mudado: mi texto, una entrevista al autor de Zona, Mathias Enard, está justo un pelín antes de que se termine la revista que con tanto denuedo hacen cada mes mis compañeros en Barcelona.

La subo al box.net y pego el enlace, por si acaso alguien tiene interés. A estas alturas de mes, no debe quedar mucha Go Magazine, tan poca como autoestima tengo.

PD: Un río de sangre, el título del artículo. No pude resistirme. Es el título de esta canción de Violeta Parra -por supuesto, grandiosa- y uno que planeaba usar para uno de los relatos que tengo por escribir. Todo se andará.

lunes, 9 de junio de 2008

César Aira: superhéroe lacaniano

Nadie se atreve a clasificar a César Aira. Ni él mismo lo hace. Su ingente producción–novela, cuento, ensayo- abarca toda tipo de textos. Hace gala de una fantasía desbordada pero mantiene, escrupulosamente, la verosimilitud; crea sorpresa en cada página, pero se guarda mucho de dejar cabos sueltos. Las aventuras de Barbaverde, su última publicación, es una montaña rusa de fantasía y coherencia.


El bien, el mal, la humanidad indefensa y una ciudad –Rosario, Argentina- como decorado. “Hacía años que quería hacer una serie de novelas con un mismo grupo de personajes, el marco tradicional de las viejas series de Batman o Superman: el supervillano, el superhéroe, el joven periodista, una chica bonita…” El proyecto era seguir produciendo estas novelas hasta su muerte, pero se cansó en la cuarta. Así quedó Las aventuras de Barbaverde. Dentro de esas cuatro novelas, no esperes que Aira se repita. Escribe y publica desde hace treinta años, pero “para que siga valiendo la pena hacerlo, implica plantearse desafíos mayores, subir la apuesta cada vez”.

Pero nada es lo que parece. Dentro de “El gran salmón”, “El secreto del Presente”, “Los juguetes” y “En el gran hotel” hay temas y sentidos que trascienden la novela de aventuras. Mediante los malvados planes del Profesor Frasca, se habla de la distribución de la riqueza, la avaricia del género humano, el devenir de la historia o la abstracción de las finanzas (en el episodio del “remate” que, dice, “me hizo un lío enorme en la cabeza”). Es que, lo que le sale “viene ya condimentado con mis lecturas de Lacan o de Leibniz, la cultura contemporánea, la filosofía o el psicoanálisis…” Los libros cuentan, además, con una suculenta pareja de protagonistas: Aldo Sabor –periodista inexperto que se “pega” al héroe- y Karina –artista plástica-, amén de una serie de secundarios de trazo grueso con los que se divierte hablándonos del papel irrisorio de las universidades, las intenciones torcidas del arte contemporáneo, la sociedad flanqueada por los medios de comunicación o la generación perdida de la Argentina de hoy.

Aira se aleja conscientemente del discurso surrealista; en el interior de sus aparentes locuras, mantiene un escrupuloso apego a la coherencia: “Me ha quedado de mi vocación original, que era la novela convencional. Me quedó ese gusto por una novela estructurada, como las de Balzac o todo el siglo XIX. Trato de mantener un verosímil, una trama; cuando interviene un elemento muy extraño, al día siguiente me preocupo de buscarle una concatenación. No me gusta dejar cosas sueltas”.

Y, al mismo tiempo, “mis novelas se hacen sinuosas, porque cada día en efecto se me ocurre una cosa distinta, y la novela tuerce el rumbo. Se hacen imprevisibles. Pero lo son para mí al escribir, porque no sé qué va a pasar, y lo son para el lector”. Las aventuras de Barbaverde desconcierta, apabulla, emociona y atrapa. Como parte del juego, el héroe no tiene, como se acostumbra, una “identidad secreta”, sino que todo él es secreto: “Cuando empecé la primera, la del salmón, se me ocurrió hacer esa escena en los pasillos del hotel, con la figura de Barbaverde que siempre esquivaba; me gustó cómo quedó y salieron cuatro novelas con un protagonista que no aparece nunca”.

Se lo ha pasado como un niño escribiendo: “Fue una empresa larga. Pero no cierro la posibilidad de, dentro de algunos años, escribir Las nuevas aventuras de Barbaverde”.

//Publicado en Go Magazine Junio 2008//

martes, 11 de marzo de 2008

Goldfrapp: de accidentes y psicodelia

¿Alison Goldfrapp en aires folkies? En todo caso, folk de aires ingleses, acompañado de un sonsonete extravagante y marciano. ¿Goldfrapp se vuelve poppy? Más bien, la utilización morbosa de una superficie convencional para amoldar historias de alucinaciones y viajes interiores y reales. ¿Alison y Will componiendo psicodelia? Es un sentimiento indefinido, debajo de cada nuevo corte, en un ‘Seventh Tree’ (EMI, 2008) optimista, extraño, rebuscado, líquido y hermoso. Pura gallardía a cuatro manos.

Nos tienen acostumbrados a cambiar la piel de cordero por pellejo de lobo, a reaccionar con furia a los encasillamientos y a reinventarse con una autoironía envidiable y original, que ya podríamos ver con más asiduidad en la música británica. Y vienen de parir un cuarto álbum que no a todo el mundo va a satisfacer. Los más, se sentirán defraudados por estructuras de apariencia convencional, como si hubiesen hecho una impensable rendición al pop. Este ‘Seventh Tree’ supone, sin embargo, encontronazos genuinos con la complejidad temática y la osadía instrumental, acercamiento a las muy fecundas fuentes del folk campestre, la poesía inglesa y la desenfocada psicodelia, a modo de inspiración. Will y Alison regresan, nuevos, distintos, brillantes: “Nuestra relación musical ha cambiado mucho, hemos crecido, hemos aprendido cosas, en especial a abandonar antes una idea que no funciona; a visualizar lo central de cada cosa: que necesitas buenas melodías, atmósfera y una forma de moverte entre las canciones. Sí, como equipo musical hemos mejorado…”

En ‘Seventh Tree’ hay un sentimiento perpetuo de viaje, de traslación: cuando una canción parecía haber empezado (hablemos de ‘Clowns’) como una suave serenata, se transforma en un intrincado vals. El tema del viaje se ha colado en todo el disco: “Fue algo accidental. Cuando estábamos llegando hacia el final del álbum, vi que muchas de las canciones hablaban de viajar, irse al extranjero, o hacer un viaje metafórico, o un trayecto físico… Me di cuenta de que quería poner ese sentimiento de ciertas películas americanas, las road movies, en las que alguien, de pronto, parte, la música comienza, se abre la idea de nuevos horizontes…” También, al menos como inspiración sonora y motivación de búsqueda, está el viaje psicodélico (imprescindibles ‘Eat Yourself’ o ‘Cologne Cerrone Houdini’). Will se esfuerza, a base de puntos suspensivos, en darnos pistas: “Creo que hemos perseguido la idea de algo… un poco soñador, un poco borroso, ¿sabes? Cuando la mente está neblinosa, y las percepciones no son las justas, quizá se estrechan… No hablamos de psicodelia musical, no es Jimi Hendrix; es algo amplio, que remite a sonidos, colores, olores… Todo lo que no es palabrería o intelectualidad, todo lo que se junta en ese sentimiento”.

Ese tamiz se traduce en formas de creación sin cadenas: improvisación vocal. Alison: “Sí tenía letra para esa canción (‘Eat Yourself’) pero no la canté. Era como si el sonido no funcionara, y estábamos atrapados, intentando arreglar aquello… Así que lo dejé, y lo convertimos en otra cosa, y la canción es muy distinta al final. Se vuelve…”, y Will le asiste: “Panorámica”. ‘Seventh Tree’ tiene un handicap: a primera escucha, suena como “sin mordisco”, plácido y privado del fuego incandescente que tuvo el predecesor ‘Supernature’. ‘A&E’, su primer sencillo, tiene en parte la culpa. Alison dice: “Es raro, porque sí es bastante pop, pero no lo es en absoluto, en especial por la letra, es muy oscura: A&E significa “Accidentes y Emergencias”, y va de alguien que pasa un tiempo en el hospital, alucinando y todo eso; quizá la melodía es elevadora, pero el contenido no es pop para nada”. Will se retuerce en su asiento: “Y no tiene una estructura pop convencional, ni la gran segunda estrofa del pop. De hecho, quienes escucharon el single previamente se quejaban de que era rara”. “Sí, sí”, Alison por su parte: “Sólo en la superficie es una canción pop, e incluso trivial, pero no es nada convencional en ningún sentido. Esa percepción es deformada”.

Y ese proceloso mar de clasificaciones y despistes ontológicos hará que muchos de sus seguidores se pierdan en una colección fundamental: “Algunas veces tienes algo y piensas: ¡es simple y sólido! Y se lo pones a alguien y te dice ¿Qué coño es esto?”. De nuevo Will se dobla de risa. “No tiene ningún sentido, cuando creías que era muy normal, no lo era; pensaste que era algo loco, y otro dijo que muy pop”. El tema, a todas luces, les entusiasma. Will: “Es algo en las letras, que son no-pop por completo. Ahí es donde se pone interesante. Es como cuando ves esas fotografías hermosísimas, paisajes espectaculares y realistas, pero en el borde del marco aparece una cuchilla o algo así”. Alison remata: “Estábamos de lo más angustiados haciendo el álbum, pensando esto no le va a gustar a nadie, esto no lo va a escuchar nadie… Lo último que pensábamos era que la gente lo encontrara poppy… No está bajo nuestro control”.

//Publicado en Go Magazine Marzo 2008 //

martes, 12 de febrero de 2008

Tom McCarthy: Mind the gap

En un mundo como el tuyo y como el mío, hay un tipo como tú o como yo, al que le cae algo en la cabeza. Su regreso al mundo no es, empero, trivial: contiene ocho millones y medio de libras que le impiden hablar del “accidente” por siempre jamás, pero le permitirán hacer otras cosas. Y, ¿qué hace? Re-crear una y otra vez los momentos de su vida que le devuelven la sensación de realidad perdida.


Tom McCarthy (Londres, 1969) irrumpe en el panorama internacional con “Residuos”, novela que, con apariencia de epopeya cotidiana y sin heroicidad, está construida como una espiral de obsesión por eliminar ese vacío, ese “residuo” de la conciencia que nos separa de la realidad. Un “hombre-cualquiera”, en un Londres tan vivo que se siente, asume la misión, egoísta y desinteresada al tiempo, de producir tantas repeticiones como sean necesarias para acceder a otro nivel de percepción. Ballard, Burroughs y Cervantes en el tejido referencial y una lectura que incrementa la tensión y la profundidad psicológica a medida que avanza.

¿De dónde te viene el hábito de escribir? Crecí en una familia literaria, y siempre asumí que debía ser escritor. Con siete años, escribí ‘Macbeth, por Tom McCarthy’. No me importaba que alguien lo hubiese escrito antes –pero tampoco le importaba a Shakespeare. Creo que abandoné a medio camino y salí a jugar al fútbol.

¿Cómo nació la International Necronautical Society, que tú fundaste? Estaba muy interesado en las formas de las vanguardias del siglo XX: manifiestos, comités, proclamas, expulsiones.., y me planteé una actualización semi-paródica para poner en juego algunas preocupaciones litearias, como el tema de la repetición, muerte y representación. Estaba muy involucrado con el mundo artístico, y en ese contexto ya se usaban estructuras parecidas, como la Association of Autonomous Astronauts o NSK (Neue Slovenishce Kunst).

Y ¿por qué una novela? ¿Cómo nació el argumento? La novela es un formato convencional, pero permite exploración infinita dentro de sí. “Ulises” es una novela... El argumento de “Residuos” nació por accidente: estaba en una fiesta, mirando fijamente una grieta en la pared, y tuve un momento de intenso déjà-vu, como el protagonista. Pensé: “¿No sería precioso poder reconstruir este instante? Y después, ¿dónde te detendrías?..”

¿Cómo describirías la “búsqueda” que emprende el narrador? Él reconstruye obsesivamente ciertos momentos, de tal forma que puede habitar su tiempo y su “modo”; y re-crea situaciones más extremas cada vez. Esas re-creaciones son para él como modulaciones y escalas alrededor de una idea fija.

¿Por qué sin nombre? Él es Cualquier Hombre: tú, yo, todo el mundo y ninguno. Para los Cíclopes, Odiseo tampoco tiene nombre.

Esa “búsqueda de realidad” está muy alejada de la metafísica, ¿por qué? El héroe siente al principio un ansia de trascendencia metafísica, pero termina comprendiendo que la materia y el caos son las cosas más reales que existen. En términos filosóficos, es una novela muy anti-metafísica: es como si pusiésemos a Hegel y Bataille en combate de boxeo, y Bataille noquea a Hegel y esparce su sangre por todas las primeras filas del público.

La exploración del protagonista, se diría, es del intervalo entre la conciencia y la realidad, tanto en el tiempo como en el espacio, ¿es así? Sí: el héroe experimenta la materia en el espacio, cuando se tumba a mirar el polvo moverse en el aire sobre su escalera; y la experimenta en el tiempo, observándolo flotar por horas, y preguntándose cuánto tiempo tardará en caer –y, por extensión, cuánto falta para que el universo y toda la materia colapse.

Re-crear para aproximarse a la realidad, ¿no es mentiroso? Cuanto más se aproxima a ella (una verdadera muerte), más cerca del éxito se siente… La paradoja que pone en juego el héroe de “Residuos” es la misma de Don Quijote: para ser más “auténtico”, tiene que ir hasta los últimos extremos de la artificialidad. En última instancia, accede a lo “real”, no mediante una “buena” simulación, sino más bien a través de una ruptura dentro de su violencia estilizada: su “re-creación” del atraco sale fallida y empieza a ver morir gente –y, para él, eso es fantástico.

¿Qué estás escribiendo ahora? Una novela llena de la materia versus el ideal, historia y recuerdos y trauma. Se llama ‘C’ y trata del duelo y la tecnología. Vintage lo publicará en los Estados Unidos en 2009 o 2010, pero ¡aún tengo que acabarlo!

//Publicado en Go Magazine, febrero 2008. Residuos está publicado en Lengua de Trapo. El título, Mind the gap, es una pequeña broma personal//

jueves, 10 de enero de 2008

Gepe: muerde el bocado

Por segunda vez tengo a mi disposición a este audaz, inquieto artista del otro lado del globo, para sonsacarle las respuestas francas que le caracterizan. Gepe –Daniel Riveros-, quien representa a una nueva generación de creadores chilenos sin respeto por nada, se somete a las preguntas de esta periodista-fan (de la peor clase) en una taberna capitalina. Dos suculentos pinchos esperan.

Gepe: muerde el bocado

Tras ‘Gepinto’, ¿qué te ha traído ‘Hungría’ (Factoría Autor, 2007), tu segundo disco? Buscaba encontrar un lenguaje que, manteniendo lo que hago, diera un paso más allá en términos de internacionalización... Creo que eso lo logré, este disco ha sido mucho mejor comprendido fuera de Chile.

Te he leído en algún lugar que tú no guardas ningún respeto por las cosas que aprecias… Es que no le tengo miedo a meterle mano a todo. No sé si lo que yo busco es música de autor, pero no me importa mezclar cosas, o hablar sobre un tema que técnicamente no domino, pero lo intuyo. A veces he hecho formas de canciones que alguien me contó que se hacían. Yo me atrevo, perdí el respeto a la academia.

¿Crees que te están entendiendo? Incluso las malas críticas me gustan, los análisis son mucho más objetivos que en Chile, donde saben que tengo un cierto perfil y lo hablan desde ahí. Yo quiero que la música se entienda desde la música y no desde sus referentes.

¿Qué significa crear en Santiago? Es difícil analizar la propia situación, siempre he vivido en el mismo lugar… Aunque creo que estoy en el momento adecuado y en el lugar correcto, como que todo lo que he conseguido dependiera de eso. Uno tiene una especie de talento para algo, pero ese talento se desarrolla en un contexto y una circunstancia… Estoy bien, es de donde soy no más.

Naciste a la música en un grupo de noise-rock (Taller Dejao) y ahora vas de autor e intimista, ¿no echas de menos la electricidad? A mí me gustaba Sonic Youth, y tenía guitarra y hacía ruidos, las tiraba por las escaleras… Volvería a esa parte de investigación, porque a mí me gustan compositores como Olivier Messiaen, Stockhausen, Luigi Nono… La creación de atmósferas. De hecho, donde yo quiero llegar es algo que está en ese mundo, académico-abstracto-filosófico-espiritual –y suelta esto de un solo aliento, sonriendo para dentro-, y en esto muy directo que se llama pop, que se hace en tres minutos treinta, eso es. Creo que hay un modo de llegar al medio, creo que Violeta Parra lo hizo, como volverse abstracta, amorosa, potente, pero en un formato súper claro, “cachai”.

¿Cómo ves la creación musical de tu país? En Chile no tenemos casi ninguna influencia de nosotros mismos, recibimos todo de fuera. Eso ha creado una personalidad mucho más propia; los artistas chilenos son muy distintos unos a otros. Javiera Mena y yo, por ejemplo, no nos influimos musicalmente. Eso no pasa en Brasil u otros países, donde sí se pueden encontrar escuelas. En Chile hay pocos bloques, poca gente, y muchas ideas distintas.

Con esto ya está, Daniel. Ah, ya, excelente -y muerde el bocado.

Gepe en el Retiro
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Publicado en Clone 30 (enero-febrero 2008), como parte del Informe Indie Chileno.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Transgresión

Voy a transgredir un rosario de reglas autoimpuestas en este blog, a saber:

- no hablar de mi vida personal
- no dejarme llevar por impulsos
- no improvisar posts estúpidos que la blogosfera ya está saturada de idiotas
- no publicar nada que no guarden dentro necesidad, libertad y osadía crítica

Pero Gepe, mi adorado Gepe, toca el martes 4 en Clamores, en Madrid. Quienes me quieran ver soltar el río magdaleniense deben ir hasta allá. Una persona me ha dejado un comentario muy cariñoso en mi otro blog, en mi pobre y triste Cámara de las Maravillas: alguien va a escuchar a Gepe gracias al artículo publicado en Rock de Lux 256. En el otro lado del globo, se comenta dicho artículo, en un sitio chileno, y mi nombre resuena allá donde empezó mi historia de corazón roto. Gepe, ese músico infinito, que canta pa ti y pa mí, acaba de publicar este video de la canción Samoriseva. "Lo hiciste todo al tiro / y un espacio se perdió". Mañana entrevisto a Gepe, mi adorado Gepe, de nuevo, en la misma taberna donde lo conocí hace un mes. No he preparado la entrevista y me temo que todo va a ir mal. Mi vida se desintegra y no hay nada firme bajo mis pies. Me siento como la vaca del vídeo. No es para esto que tengo blog, pero qué coño.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Como el musguito en la piedra

Me autocito: "Aunque suene chocante, cuando se ha escuchado a la poetisa popular de Chile, se intuye esa conexión lírica que va desde Violeta Parra hasta Daniel Riveros, una poética del intervalo, de hueco sin rellenar, de espacio de incertidumbre y pena". Se trataba de hablar de Gepe, pero no hay Gepe sin Violeta, sin melancolía, sin gap. Es un discurso que elaboro hace tiempo, pero a un nivel muy interior; espero lograr compartir esa subespecie del sentimiento. Hay mucho más, empero.

Gepe - Como el musguito en la piedra - RdL 256. Aunque hace varios días que salió la revista, yo no la he visto hasta hoy. Con celo de promiscua y orgullo de paridora, anuncio: el artículo al que dio lugar esta entrevista ha visto la luz este mes en la revista Rock de Lux.

Como el musguito en la piedra

miércoles, 10 de octubre de 2007

El inmenso placer

De una entrevista mucho más satisfactoria de lo que en mis mejores sueños hubiese imaginado -porque una ya no está para idealizar a nadie. Gepe, Daniel Riveros, estuvo a mi merced por treinta minutos en una taberna irlandesa del centro de Madrid, mientras las luces crepusculares se apresuraban por dejarnos solos.

La enfermedad de los ojos

martes, 22 de mayo de 2007

Belleza americana

Kristin Hersh es una estrella. Despide una intensa luz genuinamente americana, hecha de alma oscura e historias agridulces. Escribe e interpreta. Hace aquello que sabe hacer. Siete discos en solitario y una decena a lomos de grupos. En la música desde los catorce. Hoy tiene cuarenta y su nombre forma parte de uno de los capítulos más memorables del indie-rock. Ha pasado por todos los estados de la lucha, hasta afianzarse en el firmamento. Ella puede enseñarte a cantar como una estrella.

¿Alguien duda hoy día de que Throwing Muses fueron tan importantes como los Pixies? Banda aparte en el indie, de fuerte personalidad, el grupo escribió un capítulo fundamental al hermanar new wave y punk con el country-folk y al tener, todo sea dicho, a dos mujeres al frente, cuando eso era todavía curiosidad de museo. Tanya Donelly y Kristin Hersh destaparon sucesivas cajas de Pandora desde 1983 hasta que, en 1991, tras ‘The Real Ramona’, se separaron. Kristin se aferró al grupo mientras fue humanamente posible, secundada por el fiel David Narcizo. Throwing Muses era para ella, hasta entonces, su vida. Bajo su manto se hizo adulta, sufrió decepciones, se recolectó de nuevo.

Pero hubo de disolver la banda, aduciendo que ya no podía perder más dinero. Toda pasión tiene un precio. Tiempo antes, y sin creérselo, había hecho su debut en solitario: ‘Sé que llevo veinte años haciendo discos, pero mi carrera solista me fue impuesta, nunca me la plantée realmente. Hice unas canciones para mi marido y él las envió a Warner Brothers: eso es mi primer disco. Entonces pensé “¡¡no!!”. He estado siempre escondida detrás de Throwing Muses, yo sería chica-en-una-banda para siempre; y, de pronto, ponen mi nombre en un disco.’

Así sucedió ‘Hips and Makers’ (Sire/4AD, 1994), disco largamente celebrado que vendió más que cualquiera de los álbumes de su banda. Desde entonces, a veces abrazó sonidos de apariencia llena o luminosa (‘Sky Motel’, 1999), otras desnudaba su guitarra en ambientes fantasmales (‘The Grotto’, 2003). Pero es ahora, en ‘Learn to Sing Like a Star’ (Yep Roc, 2007), donde se la oye pisar todo lo fuerte que se puede con una Collings. ‘He tenido que aprender a sentirme afortunada, en lugar de estar con el corazón roto por Throwing Muses. He debido darme cuenta de que éste es mi trabajo y dejarme de pamplinas. Ahora mismo lo que hago involucra a cinco personas en el escenario y eso es maravilloso. Realmente soy muy tímida, no tengo el gen del “artista”, del “espectáculo”. Me siento muy afortunada, porque me dejan fingirlo y hacer mi trabajo’.

Es como si, por fin, se aceptara con su rasposa voz y su lírica arisca. ‘El título vino de… ¿conoces el spam? Entre las mezclas que me mandaba mi ingeniero por e-mail, me llegó uno titulado así, ‘Aprende a cantar como una estrella’; era tonto, pero al mismo tiempo me molestó. Estoy trabajando en mi disco y me dicen “hey, debes aprender a cantar”, ¡y es verdad! Empezamos a usarlo, como broma. Cada productor con el que he trabajado me ha hecho repetir mil veces las voces… Cuando intento cantar como una verdadera cantante, ¡suena como una conversación! Pero, a la vez, la verdadera razón por la que los seres humanos cantan es… para alcanzar las estrellas, para llegar al espacio...’

Sus canciones emocionan a fans en medio mundo, pero ella sostiene que le son “dictadas”: ‘Es casi como una incautación: mi cabeza tiene un resultado, y de alguna forma sé qué necesito y qué no. La oigo, y yo sólo la transcribo. Sí, utilizo la guitarra para llegar ahí, pero… no creo que sea mental, es… otra cosa y no precisamente pensar’. Bajo esta desmigajada forma de componer, se trituran las historias de decadentes, solitarios, borrachuzos, milagrosos, portadores de gracia, falsos, raros, o rarísimos; el desamparo, la depresión, la amargura, las separaciones, lo cómico, lo trágico, la pléyade infinita de oscura belleza americana es invitada a sus canciones: ‘Tiene su gracia, porque yo tengo un problema, personalmente, con los sentimientos. Yo estudiaba para ser científica cuando la música apareció. Nunca he querido estallidos emocionales, todo lo quería “divertido” y “bonito” y “ligero”. Lo que sucede es que una canción no juzga las experiencias en términos de bueno o malo, oscuro o claro; toma la intensidad de la emoción. La canción dice “esto es un punto alto y esto es uno bajo y vamos a hacerlos casar y creamos un punto enorme”. Yo no tengo paciencia para altos y bajos. Quizá es lo que sucede cuando tu personalidad no está hecha para lidiar con esas cosas… En ese orden, componer música siempre ha sido para mí una salvación.’

Y ahora una protesta: basta ya con el discurso de “mira, es una mami rockera”. Como la mitad (estadísticamente y sin comprobación alguna) de sus pares hombres, tiene familia a la que atender y facturas que pagar. Pero es cómodo no recordar eso cuando se repasan las carreras de Michael Stipe, Bob Mould o Andrew Bird -músicos que la han acompañado alguna vez. Es su “curro”, así lo llama ella, pero también: ‘Es droga. Lo he intentado dejar, sí, porque soy madre y no debería estar haciendo esto. Pero ni siquiera puedo vivir sin escuchar a otros haciéndolo. Cuando parece que estoy cansada… no, no… estoy a la espera de ese subidón, una y otra vez. Es como una terrible misión, y sé que esta vida me llega a enfermar... Soy muy feliz cuando veo a Vic Chesnutt o Howe Gelb haciéndolo, y sé que siguen adelante, son mis mejores amigos, así que también yo puedo’.

Kristin Hersh 18-03-2007

//Artículo aparecido en la revista Clone -número 26 mayo-junio 2007 //

martes, 15 de mayo de 2007

Fnk con un solo pie

A veces, encargos. Procuro no rechazar nada. Es la oportunidad de entrar en contacto con un grupo, o un autor, al que de otro modo quizá no prestaría atención. Lo-Fi-Fnk son jóvenes, viven en un mundo helado pero sus sintetizadores ponen armonía y dulzura a su alrededor. Reinventan melodías y bailan despacito con un solo pie. O quizá soy yo la que ya no sabe bailar.

jueves, 12 de abril de 2007

La menor distancia entre dos puntos

Una entrevista al autor de Un hombre: Klaus Klump (publicada en GO, febrero 2007)

Los textos de Gonçalo M. Tavares son complejos. A pesar de sus discretas longitudes y la asistencia de dibujitos, las ideas se apelotonan en su interior. Pertenece a esa especie de escritor que aún confía en la literatura para percibir (que no explicar) el mundo y busca cimentar en sólida filosofía lo que el lenguaje investiga por su cuenta. Sin una pizca de arrogancia y con la lógica por montera.


Gonçalo M. Tavares, por su actitud humilde y colaboradora, parece un recién llegado. Nada más lejos de la realidad. En Portugal, tiene cerca de veinte títulos publicados. Traducciones en Brasil, Suiza, Francia, Italia, India, Polonia… Mondadori trae dos de sus libros y planea más. Por un lado, ‘El señor Valéry’, breves relatos protagonizados por un formalísimo personaje-símbolo, basado lejanamente en el poeta francés. En su español trufado de palabras propias, nos explica: “Es, a mi modo de ver, un personaje con nombre de escritor, que toma prestados algunos rasgos del personaje real, sólo como idea. No se trata de una recreación, sino de una construcción de lector”. Valéry forma parte de “el Barrio”: “El plano total del barrio abarca muchos más personajes y no sólo escritores, hacerlos todos me va a llevar toda la vida”.

Tiene novelas, ensayo y poesía, tiene el premio Ler Millenium (2004) y el José Saramago (2005). Dado que cuenta treinta y siete años, su producción es digna de envidiar. “No soy tan prolífico. Es mi manera de trabajar, ceñirme a una disciplina estricta, porque en caso contrario, mi mente va saltando de un proyecto a otro. Lo cierto es que, desde los veinte a los treinta, me concentré en formarme y prácticamente todo lo que hice fue leer y escribir, leer y escribir”(y lo repite, recreándose en la pronunciación, como si “leer” y “escribir” fuesen sabores de un misterioso helado).

El señor Brecht, el señor Henri, el señor Juarroz, la señora Wolf… “El Barrio es una forma lúdica de acercarme a los autores, a mi modo de leer a estos autores”. Independientes unos de otros, en cada libro el estilo fundamenta al personaje. El señor Valéry frecuenta la lógica de una forma maniática: “He querido remarcar esa característica del poeta Valéry. En el personaje, la utilización del razonamiento y de la lógica lleva al extremo de generar situaciones propias del absurdo”. La inhabilidad para relacionarse con el mundo es directamente proporcional a la perfección formal de su pensamiento, con la consecuencia de una cada vez más honda soledad –y de un agrio humor. ¿Una alegoría del sino de escritor? “Sí, en lo esencial, es un solitario. En el barrio, los personajes tienen muy poco contacto. El señor Calvino ve, al fondo, una sola vez, al señor Henri. Es un poco lo que pasa con los escritores”.


El señor que piensa mucho

Por otro lado, la novela ‘Un hombre: Klaus Klump’sí posee una filiación con la realidad, y ésta es irremisiblemente pardusca. “En esta novela (y quedará más claro cuando salgan las siguientes) intento mostrar cómo el mal aparece por el borde. Es más duro, violento. Las novelas son respuestas de alguien que está observando el mundo”. La palabra “respuesta”, que yo retomo inocentemente para preguntarle “¿Es esa la función del escritor? ¿Entregar luz sobre la realidad?” le hace saltar del sillón, ponerse firme: “Luz sí, pero no una luz inequívoca. El escritor no tiene que presentar respuestas; las respuestas las presentan los dictadores. Pretendo introducir problemas y puntos de vista de esos problemas. El escritor tiene dos responsabilidades: una frente a la literatura y una frente al mundo. Si el escritor asume tener sólo la responsabilidad ante el mundo, probablemente también dejará de ser escritor. Porque un escritor tiene que responder a la literatura. El compromiso tiene que ser con la vida, con el mundo que acontece, y también con la literatura; mas no como el periodista, no es su misión responder a lo que está aconteciendo en este momento; el escritor debe comprender lo que está por detrás del presente”.

Como su personaje Valéry, piensa mucho, escribe poco. Hace recordar a Antonio Porchia, quien decía que todo el conocimiento se condensa en veinte palabras. Sin llegar a tal extremo, Tavares declara: “Me planteo que la prosa sea geométrica; persigo la mejor frase, la que guarda menor distancia entre dos puntos: exactamente igual que una recta. La forma más depurada para decir algo siempre será la mejor forma”.