Una soberana estupidez es escribir (y publicar) sobre algo donde la opinión mayoritaria es tan mayoritaria, particularmente cuando mi opinión es justamente la otra, la que no tiene importancia ninguna.
Una soberana estupidez es criticar un acontecimiento (¿deportivo?) como el Mundial de Fútbol.
Una soberana estupidez es abanderar al equipo nacional, de repente todos tan patrióticos, cuando los esquemas nacionales nos importan aquí (diversidad, regiones, lenguas, afanes de independencia) tan poco.
Una soberana estupidez es la que inviste de pronto a todos los hombres del país, que algunos incluso nos llegan a gritar desde sus tribunas de gurús blogueros que en este mes y medio no nos quieren oir hablar (a las mujeres, sean como sean).
Una soberana estupidez es la de las mujeres que intentarán acoplarse a la fiesta, más que sea aparentando que lo pasamos bien viendo por una vez el fútbol, a escala multinacional que mola más, donde lo entendemos un poco mejor, y disfrutando con las piernas y culos (para esto, mejor el waterpolo).
Una soberana estupidez es la de la épica del fútbol, la que intenta hacerme pasar por contemporáneos gladiadores a los jugadores: aquellos morían, estos se llevan primas millonarias. Y otra soberana estupidez es idiotizarse por estas seis semanas, hartarse de pizzas y cervezas, abandonarse al carpe diem como si realmente de esto alguno de nosotros pobres mortales fuese a sacar algo. Que ustedes disfruten el Mundial.
Nos mudamos
Hace 12 años
