domingo, 2 de diciembre de 2007

Transgresión

Voy a transgredir un rosario de reglas autoimpuestas en este blog, a saber:

- no hablar de mi vida personal
- no dejarme llevar por impulsos
- no improvisar posts estúpidos que la blogosfera ya está saturada de idiotas
- no publicar nada que no guarden dentro necesidad, libertad y osadía crítica

Pero Gepe, mi adorado Gepe, toca el martes 4 en Clamores, en Madrid. Quienes me quieran ver soltar el río magdaleniense deben ir hasta allá. Una persona me ha dejado un comentario muy cariñoso en mi otro blog, en mi pobre y triste Cámara de las Maravillas: alguien va a escuchar a Gepe gracias al artículo publicado en Rock de Lux 256. En el otro lado del globo, se comenta dicho artículo, en un sitio chileno, y mi nombre resuena allá donde empezó mi historia de corazón roto. Gepe, ese músico infinito, que canta pa ti y pa mí, acaba de publicar este video de la canción Samoriseva. "Lo hiciste todo al tiro / y un espacio se perdió". Mañana entrevisto a Gepe, mi adorado Gepe, de nuevo, en la misma taberna donde lo conocí hace un mes. No he preparado la entrevista y me temo que todo va a ir mal. Mi vida se desintegra y no hay nada firme bajo mis pies. Me siento como la vaca del vídeo. No es para esto que tengo blog, pero qué coño.

Monstruos

Cuentos de horror cósmico cotidiano. Cualquiera sabe qué saldrá. Hasta que pueda volver a escribir como dios manda.

martes, 20 de noviembre de 2007

Editors

El pasado sábado 17 de noviembre tocaron los de Birmingham en Madrid. Contado con mis ojos y las puntas de mis dedos: crónica del concierto en mtv.es, y galería de fotos.

Editors

jueves, 15 de noviembre de 2007

Fabular es crudo

Al hilo de fabular, de probar a recoger el hábito -pero no es, no será más, como antes-, he escrito mucho estos últimos días. A decir verdad, crecen más los párrafos que dedico a explicarme el hecho que la ficción propiamente dicha. No sirven a nadie, sólo son meta-texto vacío, narcisismo ensimismado. Aún así, extracto:

Hace dos meses.
Necesidad de inmediatez, es virtualmente imposible elaborar, y todo queda al nivel intuitivo, pudriéndose en horas. Necesidad del ya. Escribir es lento y trabajoso, duele, como una herida desangrada lentamente. Necesidad de la expresión instantánea y bruta, contundente, explícita y a-dimensional, como el punto geométrico. Necesidad de abolir la discursivización, todo es imagen, extenuante y volátil. Ínfima.

Indefensión ante la dureza, lo objetual de la palabra. Para poder escribir cosas originales y decentes he de discurrir con la conciencia clara de la dureza que revisten las cosas detrás de las palabras.

Cinco días después.
Esa inmediatez. Esa necesidad de no fijar nada me acosa. Sólo cantar puede expresar el infinito en que quisiera estar.

Diez días después.
Quisiera encontrar ese lenguaje agallesco, dotado de uñas, de salones de espejos que revierten todo, de caleidoscopios simbólicos y de aristas de alambre.

Veintiún días después.
Sé que sé narrar. Sé que sé pero nadie más lo sabe pues hace mucho que no escribo ficción. Lo de antes no vale un pimiento. Si tiene más de dos años no se corresponde conmigo. Me pregunto cómo he podido ser tan condescendiente con mi trabajo.

Dos días después.
He decidido revisar y utilizar viejos argumentos, intentos abortados de ficción. Que eso no suponga quedarme varada en VIEJOS SUPUESTOS y bases completamente caducas.

Un día después.
El disco "White Chalk" se corresponde maravillosamente con el gloomyness que quisiera darle a este relato. Creo que mi lenguaje tiene que ver con lo social-personal, aunque todavía estoy lejos de articularlo. Tengo una primera línea y estoy contenta por ello.

Miedo de hacerme caso. Miedo de comprometerme con las palabras. Sin embargo, sé que tengo dentro mucho más de lo que estoy dispuesta a dar. Quisiera llegar, sin tener que recorrer todo el camino, al desarrollo extático de la emoción que se contiene en el estribillo de una canción hermosa.

Cinco días después.
Trabajar, concentrarme firmemente. Fiction is my trouble.

Quiero que suene loca, desquiciada. Yo soy y aplico una inteligencia a los discursos de mis personajes que los hace poco creíbles. Buscar una mímesis con otras estructuras mentales. Dejo de aplicar mi lógica y mi discurso racionalista, escribo como demente y la demencia se ceba, me atiborra de ella, me come.

Seis días después.
Desorganizada, como siempre. Incapaz de hacer una buena mañana. Por qué me lastra tanto la dispersión que soy incapaz de trabajar, de creer en esto que digo que hago.

Hace pocas horas.
Me pongo cachonda cuando escribo.

Fabular duele

Me encuentro, toda esta semana, viendo una docena larga de cortometrajes diarios, servidos en cómodas salas oscuras y calentitas a cargo de Alcine 37. Con más cosas en la cabeza de las que quisiera, dejarme mecer por historias ajenas, en fluida sucesión, es una excelente forma de desembarazarme del exceso de carga mental. Allí, tranquila, segura, pensaba qué gratificante es dejarse conducir por los relatos de otros...

Producirlos es otra cosa. Porque -posiblemente no sepa hacerlo mejor- hace rato que intento volver al hábito de la fabulación, y no me está saliendo. No es que no salga, es que cuesta mucho. Entonces, chocamos con un poco de incapacidad y otro poco de pereza. Es un problema de concentración, de dolor. Hay algo tan complejo en levantar una historia, que hace daño. Que esto apeste a fraudulenta bohemia y tópico de pose creativa no le quita verdad. Pero lo peor viene cuando consigo escribir.