domingo, 10 de julio de 2011

¿Dónde estabas tú en 1998?

1998. Año en el que se funda ZEMOS98. El acta de constitución legal de la Asociación Cultural comenzemos empezemos está firmada el 4 de octubre de 1998. Legalmente, el colectivo ZEMOS98 veía la luz por primera vez a partir de entonces. El Último de la Fila se separaba definitivamente, mientras el Gobierno español autorizaba la utilización de la base de Morón de la Frontera (Sevilla) a las tropas de Estados Unidos en caso de un ataque contra Iraq. Mientras la película Titanic recibía 11 Oscars, Netscape Communications Corporation anunciaba la creación de mozilla.org para coordinar el desarrollo del navegador web de código abierto Mozilla. El desastre de Aznalcóllar, la detención de Augusto Pinochet en Londres, la transexual Dana International venciendo con el tema Diva en Eurovisión, el Mundial de Fútbol en Francia, la creación de la Asociación de Internautas, la victoria de Hugo Chávez por primera vez en las elecciones presidenciales en Venezuela y hasta el nacimiento de Google. Todo eso ocurrió en el año 98. ¿Dónde estabas tú en 1998?

//Rubén Díaz en el texto: Nosotros, siempre nosotros... más algunos amigos, incluido en Código fuente: La remezcla, Zemos98 10ª edición//

¿Dónde estaba yo en 1998?
Sirviendo de camarera en un restaurante.
Intentando escapar de mi ciudad natal, Sevilla.
Intentando comprar un ordenador para conectarlo a Internet.
Ingresando a ciertos foros y contactando con personas con inquietudes similares.
Enamorándome.
Viajando a Chile (sí, el "hogar" de Pinochet).
Instalándome allí por cuatro años.
Instalando el virus de ese otro lugar en mi ADN.
Y teniendo hijos.

¿Dónde estoy yo en 2011?
Muy lejos de aquello y a la vez muy cerca.
En Madrid y en las redes, sin culpa.
Recuperando narrativas internas y externas.
Recreando otras.
Creando cosas y criando hijas.
Devota de nuevas personas, de nuevas redes, de nuevos amigos.
Remezclando, haciendo del concepto algo central en mi forma de entender la creación. Y escribiendo, de nuevo, un manuscrito que tiene varios años de preparación. Quisiera creer que es la definitiva.
Preparando el último programa de la 2ª temporada de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?
Que va de... mezclar y remezclar, de un libro, de una filosofía, de un sistema epistemológico de entender el mundo y de una experiencia.
Código fuente: la remezcla.

sábado, 2 de julio de 2011

Este cuento tiene dedicatoria

Bastantes años ha que remuevo la melancolía y los cafés con leche en los bares. En esto de no usar tacones hay una verdad al descubierto. Recuerdo los cócteles de marisco por todo almuerzo en un lugar en una plaza sevillana que queda muy atrás en la memoria. Era tan pobre como ahora. Hace poco me han dicho que soy poco femenina y por toda respuesta fumé dos cigarrillos más de lo habitual, sintiéndome Alejandra. Pero sin palabras.

No dispongo de barcos, aunque sí de una pizarra: en ella no escribo. Aparecen los nombres de mis fantasmas y obsesiones. Robert Burton, Madame Bovary, Mario Levrero, Pizarnik, Katherine Mansfield y una triste malfollada que no existe desde que no sueño con ella.

Era por junio. Flamaba. No, no flameaba.

Anduve casi a gatas las escaleras de los treinta y cinco pisos que llevaban a tu guarida. Quizá esté exagerando. Me gustaba hacerte esperar e imaginarte tomando una cerveza tras otra al lado de mujeres y hombres a los que despreciabas por su falta de compromiso.

Si no tenemos sueños... me dijiste una noche. Pero yo olvidaba los míos tan pronto despertaba y el otro lado de la cama siempre estaba frío y seco. ¿Sabes aquí? ¿Ese hueco?

Hubo una vez un hombre muy cruel con las personas con las que vivía, a los que maltrataba en sus diarios mientras eran ellas las que le permitían, al hombre, el tiempo y el espacio para escribirlos. Yo no quiero ser así, te dije, por ese dejé de verte.

Y más adelante alguien dijo quererme.

Pero entre un tiempo y el otro nada puede ser contado, salvo de esta forma: no eran trasgos, demonios, monstruos, freaks, pero todos ellos eran feos en extremo y allí encajaba bien. Era una jet set desarraigada que no se vanagloriaba de nada y sabía vivir la vida a concho. Fueron tiempos felices, entregados al puro sibaritismo sensorial: los más hermosos libros, y no otros, eran discutidos hasta la madrugada por la mujer de piel translúcida, parecida a un gusano, y por el jorobado cuyo apéndice servía para asentar las copas de vino. El oso de pelo marrón con manos callosas, humanas, la estrafalaria bailarina bigotuda, los gemelos con sonrisa reventada de dientes negros, el señor que no tenía ninguna tacha salvo negarse a salir de la casa, nunca, jamás. Y yo misma.

Vaciamos varias botellas, una noche, en el agua de la piscina, y bebimos y nadamos desnudos sin tocarnos, las paredes de roble nos hacían sentir larvas del vino. Nos intoxicamos.

Bebía una cerveza, una tarde, buscando el caleidoscopio que me permitiera reflejar el sinsentido coherente de la vida, con el cual pudiéramos acribillar en masa a aquel hombre cruel que detestaba en secreto a su familia. Sabíamos que, llegado el momento, sabríamos cómo encontrarlo. Pero entonces el hombre sin tacha me besó en la mejilla muy cerca de la boca y todo explotó.

No podíamos permitir que lo normal se introdujera. Tampoco yo podía y me fui.

Me he ido tantas veces, de tantos sitios, unas veces más tambaleante, otras menos. Corrígeme si me equivoco: eras tú quien decía que siempre estaría sola porque era demasiado mujer. Para celebrarlo, otro trago.

Mientras, yo, no quería ser nada, salvo un canal de Youtube en el que se introdujeran innumerables piezas remezcladas con mis obsesiones, con las esquirlas, con el mal de Montano y el aliento infatigable de las mujeres y hombres que escriben atendiendo a sus sueños. Cómo odio caminar con tacones.

viernes, 17 de junio de 2011

Microfeminismos

Estoy muy calladita sobre el tema feminismos estos días. Estoy muy calladita sobre casi todos los temas. Acumulación de trabajo, no mucho más que el que tiene cualquiera en una situación de empleado laboral, sólo que no soy empleada y tengo, además de clientes, una jornada a tiempo completo de madre y ama de casa.

En torno a las acampadas, el #15M y los grupos de trabajo feministas han existido una serie de polémicas que han puesto de relieve algo que vengo pensando desde mi -más o menos reciente- toma de conciencia: que en algún punto, entre los setenta y los ochenta del siglo XX, se perdió el empuje; hombres y mujeres -sobre todo éstas- hemos crecido recibiendo una información del todo sesgada. En mi generación (podéis contradecirme los nacidos en los setenta), se nos dijo que habíamos avanzado tanto, tanto, que ya accedíamos a casi todas las profesiones imaginables; que la lucha feminista estaba consumada; que el campo de batalla estaba, quizá, en las interrelaciones domésticas y en esa eterna cantinela de la "violencia de género", amplificada hasta la saciedad, y probablemente con razón.

Pero esa violencia se ejerce a diario en aspectos de apariencia inocente, y es ahí donde se ha de trabajar. Niños y niñas están siendo programados desde que nacen. Estos días, en el blog que mantengo en Yahoo, escribí sobre una familia canadiense muy curiosa, que había decidido no contar a nadie, ni siquiera tíos o abuelos, si el bebé recién nacido en casa era niño o niña: absolutamente shocking.

Hoy mi hija pequeña (5 años) me trae el discurso que tiene que leer frente a todos los compañeros del colegio en la "graduación" que se celebra con motivo del fin de ciclo, Educación Infantil. Y hallo esto: "Esta nueva etapa que vamos a descubrir es uno de los primeros avances que tendremos en nuestra vida hasta que seamos peluqueras, abogados, médicos, camareros, ingenieros, mecánicos, profesores...".

He hablado con las profesoras que están organizando la "fiesta de graduación": No me parece de recibo que la única profesión que incluya el femenino sea la de "peluquera", una profesión absolutamente respetable; pero el mensaje es muy falaz.

Me han mirado con cara rara, condescendiente, y les he dicho que de aquí al lunes V. se va a aprender una versión un poco diferente del discurso.

Uno de los talleres organizados en Acampadasol por la asamblea feminista se llamaba "micromachismos". Entre nosotras y por nosotras, por nuestras hijas e hijos, es urgente y necesario trabajar dentro y fuera, hoy y mañana, en los microfeminismos.

Como nos recuerda Pedro Jiménez en el programa 82, el uso del masculino englobando a todas las personas es una convención más, cargada de machismo, por mucho que se nos diga que es el "genérico". "Genérico" del 50% para el 100% bien puede ser decir "abogada", "ingeniera".
Es urgente y necesario generar microfeminismos desde la más pequeña escala (o escuela).

jueves, 16 de junio de 2011

Tú eliges

miércoles, 8 de junio de 2011

Esto es reflexión

Mensajes en el contestador: a) Desde el ayuntamiento de Sant Quirze del Vallès, una invitación a dar una conferencia sobre Finnegans Wake, de James Joyce, una propuesta extravagante, nunca he destacado por saber algo de ese libro; b) tres agobiantes peticiones de los departamentos de prensa de tres editoriales de Barcelona para que presente tres libros de autores más o menos amigos o conocidos míos, tres libros que yo sé que son horrendos y que me hacen recordar aquello que decía Bioy Casares de que a veces hay amigos que te mandan sus libros y parece que lo hagan para que acabes perdiendo la fascinación por la literatura.

Enrique Vila-Matas, El mal de Montano


Las novelas son de largo aliento. Eso quieren los novelistas. Nadie sabe exactamente lo que significa pero todos dicen: largo aliento. Yo tengo una bebé y un niño mediano. No me dejan respirar. Todo lo que escribo es -tiene que ser- de corto aliento. Poco aire.

Valeria Luiselli, Los ingrávidos


Escribe, que nadie te retenga, que nada te detenga: ni hombre, ni imbécil máquina capitalista donde las editoriales son los astutos y serviles relevos de una economía que funciona contra nosotras y a nuestra costa; ni tú misma.

Héléne Cixous, La risa de Medusa


Que “dentro” somos libres para okuparnos, experimentarnos y resignificarnos. Que el cuarto propio de la amiga Woolf es y no es verdadero, porque si se mira de cerca roza la falacia pequeñoburguesa y resulta francamente irreproducible en según qué contextos; y que en ningún lugar somos más libres que en nuestra vida interior. La colonización sigilosa de nuestros pensamientos es, para muchos y muchas, la última libertad posible.

Autocita de aquí, Prólogo para Lola


¡Somos amapolas, muchas amapolas en el campo! Todas de tallo delgado, rojísimas, fragilísimas. Esforzándonos con ahínco por permanecer agarradas a tierra un minuto más, subsistentes por inercia y fervor. Miro a S. y a su trabajo de (auto)creación y la veo formar parte del puñado de amapolas que, siendo exactamente iguales a las demás, conseguirán pasar la noche, vivir otro día. Su esfuerzo la retroalimenta. Pero no sólo a ella: su hazaña será permitir que, en unas cuantas generaciones más, estas amapolas cabezotas consigan modificar la programación a la que está sometida la especie. En esto consiste su toma de poder: normaliza la anomalía.

Autocita, no publicado


Esto es reflexión.