domingo, 21 de junio de 2009

A mí me gusta

Que me dejen.
Me hace sentir más viva.
Viva el abandono.
Estoy creciendo como una planta de judías.
Tanto como te llore
tanto más me riego.

jueves, 18 de junio de 2009

La penúltima página

"La chica de la última página" me digo a mí misma, dado que desde hace cinco años, con muy pocas excepciones, todo lo que sale con mi firma en Go Magazine es una crítica de 1500 caracteres en la sección libros, ubicada precisamente en ese lugar.

Y me gusta tener ese sitio, tanto que trato de cuidarlo mucho. Este mes de junio -y que hoy sea 18 contando esto se debe a que llevo doce días sin ordenador, además de otros muchos avatares, pero el servicio técnico no le ha encontrado ningún problema, pero ya se me ha caído dos veces desde que lo encendí- me he mudado: mi texto, una entrevista al autor de Zona, Mathias Enard, está justo un pelín antes de que se termine la revista que con tanto denuedo hacen cada mes mis compañeros en Barcelona.

La subo al box.net y pego el enlace, por si acaso alguien tiene interés. A estas alturas de mes, no debe quedar mucha Go Magazine, tan poca como autoestima tengo.

PD: Un río de sangre, el título del artículo. No pude resistirme. Es el título de esta canción de Violeta Parra -por supuesto, grandiosa- y uno que planeaba usar para uno de los relatos que tengo por escribir. Todo se andará.

domingo, 7 de junio de 2009

Si aún queda belleza

El aburrimiento, Lester, de Hipólito G. Navarro, es quizá el primer libro que "reseñé" en la prensa. Por entonces era una estudiante becaria en una especie de guía del ocio que me abstendré de citar. Allí no se reseñaba, más bien ejercían orgullosos (me consta que siguen haciéndolo) el género "solapas-mecanografiadas-apenas-resumidas". No recuerdo cómo cayó en nuestras manos (si lo trajo el propio autor) el libro en cuestión, una colección de cuentos deliciosos, desarmantes, cuya originalidad es difícil de aprehender y fácil de disfrutar. Lo he releído unas cuantas veces desde entonces.

A decir verdad, lo que hoy he descubierto, lo sabía, pero el tiempo, los trece años transcurridos hacen que esa crítica-satisfacción-del-criticado brille con mucha más intensidad. Porque recuerdo a Hipólito agradeciéndome la reseña, unas cuantas frases para llenar un hueco de la maqueta, escritas con ardor y entusiasmo de manera subrepticia en un lugar donde, si comentabas algo poniendo cierto empeño personal, te echaban la bronca. Menos mal que el tiempo.

Me encuentro a Hipólito G. Navarro esta mañana, en la feria del libro de Madrid, firmando un libro (obviamente de cuentos) publicado hace un año en la editorial Páginas de Espuma: El pez volador, antología preparada por Javier Sáez de Ibarra. Una breve introducción, el nombre de la revista aquella donde trabajé, el reconocimiento casi instantáneo y, otra vez, la reseña, que dice él guardar en la carpeta de las reseñas bonitas y, según dijo, en primer lugar. Todavía agradecido por aquello, para mí queda la incredulidad, el asombro de que aún quedan cosas que valen la pena, un insólito cariño como sólo se puede albergar por los libros que crecieron dentro de una, que se plantaron con fuerza cuando no era más que una adolescente creyéndose periodista. Lo que daría por leerla ahora.

Un poco más adelante, cuatro o cinco casetas después, me acordé de algo que llevo tiempo queriendo comentar aquí. En esta editorial, Index, hace pocos meses apareció uno de esos volúmenes gigantes llenos de fotografías e ilustraciones, cuyo leit motiv es el producto que diversos artistas crearon para sus amigos, para regalar, para expresar el amor. Se llama Just for you y dentro de sus muchas páginas hay algunas muestras del trabajo -la expresión de amor- de mi amiga Rocío Macías.

A quien me consta que alguna vez le hablé de Hipólito G. Navarro, y a lo mejor hasta le regalé El aburrimiento, Lester. La belleza del caso -en el plano a la vez profesional e íntimo- es que ella está en ese libro, invitada a participar, con sus peces voladores y sus cazadoras bordadas, porque la incluí hace ya tres años en un reportaje dedicado a ilustradoras de nuevo cuño. Lo cierto es que, al menos, cuatro de los cinco ilustradores a los que di un repaso en aquel texto están también presentes (su editor bien podía haber reconocido sus fuentes). Pero está sobre todo Rocío Macías. Yo tengo una camiseta-pájaro confeccionada por ella, cuya etiqueta interior, bordada, dice "para Carolina". Uno de los trabajos que aquí se muestran (el tocho cuesta 39 euritos) es uno de sus "logotipos" dulces, silenciosos, necesitados de dejar este mundo lo antes posible.

Qué pena que Hipólito y Rocío no se conocieran. Porque estoy segura de que su grabado le habría venido de perlas como portada de la nueva antología.
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