miércoles, 23 de diciembre de 2009

Diez cosas


Estos días he terminado Los Soprano forever (una reseña aquí) y en uno de sus artículos puede leerse: "La vida, para quien no la tiene asegurada, es demasiado intensa y corta para atender a esta oferta por entregas. (...) no os dejéis robar una hora, en una hora puede ocurrir algo crucial" (Ignacio Castro Rey).

Es absolutamente verdad (y no). Tanto aquí como en todos los filósofos a los que a veces me atengo (sobre todo en épocas de crisis, y crisis quiere decir etimológicamente cambio, y no hablo de la economía, la filosofía debería ser la receta de la Seguridad Social y menos solomillos de buey para todos, ¡atiborrarse ¿para qué?! ¡bájense de las escaleras mecánicas del hipermercado! ¡huyan a una biblioteca! ¡escuchen en la calle! ¡reflexionen! ¡escriban sus ideas!), está la certeza de que el tiempo es consumido (no sólo hoy, pero especialmente en nuestra época) como una suma de distracciones hacia la muerte, en la que por supuesto nadie piensa. Nadie tiene tiempo de pensar, ocupados como estamos consumiendo distracciones.

Yo sí pienso en la muerte. A diario y sin histeria. Para eso tengo mi calavera, comprada en Disney hace ya tiempo, en época de Halloween (nada menos). Porque sí quiero dar sentido al tiempo que consumo, aunque a veces (muchas veces) me las vea muy oscuras para entregarle sentido, simplemente porque una es mortal y poca cosa y... Pues tomo esos dos conceptos (mortal y poca cosa) y escribo (lo intento) una novela, o algo así.

Yo sí creo que es necesario gastar 86 horas en ver Los Soprano, y algunas otras maravillas del poco espacio que encuentra la maravilla en la producción audiovisual. He gastado muchas horas en ver series de televisión en los últimos años. No están mal gastadas. Ahora, este año que cerramos (¡por fin!) las he usado en otras cosas. Sobre todo en leer. No es mejor ni peor, es el momento. También en estudiar, mirarme dentro, estar con gente que me quiere y a la que quiero. También en jugar con mis hijas, bañarlas, seleccionar los alimentos -sí, yo también compro- y prepararlos para la cena, también en cientos de miles de tareas que no anotamos, que ni siquiera llegan a tener la consideración de tareas, que se hacen, como se levanta uno y se cuela las zapatillas de estar en casa, como se lava uno los dientes, sin pensar, y sin pensar en la muerte sobre todas las cosas.

El tiempo nos come. Me gustaría, algún día, comérmelo a él. Trabajo en ello. Con socavones inmensos en los que me hundo cada poco y, seguidamente, urgente gastar más tiempo para intentar salir de ellos. Pero consumir -música, cine, series, fotografía, exposiciones, encuentros y conferencias, ratos y conversaciones- es la única manera que conozco para después poder producir trabajo, amor, historias.

No se tira el tiempo (no lo tiro yo) que invierto en leer, ver, escuchar, aunque a veces quede huérfano y cojito si no dispongo de otro intervalo necesario para procesar, reflexionar lo consumido, integrarlo dentro.

Y, así y todo, algunas cosas fueron mejor hechas que otras. Casi a punto de poder tomarme unas insólitas vacaciones (de quien no tiene mucho trabajo, pero trabajo más que cualquier condenado a trabajos forzados, Pizarnik dixit), se me antoja escupir un poco de tiempo en estas listas. Mías, y absurdas, pero mías.

Diez libros que no me arrepiento de haber leído en 2009
Zona, Mathias Enard (Belacqua)
El miedo, Gabriel Chevallier (Acantilado)
Matar en Barcelona, Varios (Alpha Decay)
Señales que precederán al fin del mundo, Yuri Herrera (Periférica)
Nueve lunas, Gabriela Wiener (Mondadori)
En Grand Central Station me senté y lloré, Elizabeth Smart (Periférica)
Fin, David Monteagudo (Acantilado)
El fondo del cielo, Rodrigo Fresán (Mondadori)
Papeles inesperados, Julio Cortázar (Alfaguara)
Lo que arraiga en el hueso, Robertson Davies (Libros del Asteroide)

Diez discos que no he comprado pero he escuchado hasta saciarme (gracias, Spotify)
Grizzly Bear - Veckatimest
Animal Collective - Merriweather Post Pavilion
Gossip - Music for Men
Pj Harvey & John Parish - A Woman a Man Walked By
Pram - Dark Island
Hanne Hukkelberg - Blood from a Stone
Robin Guthrie - Carousel
Throwing Muses - House Tornado (no dije que tuvieran que ser del año)
Fennesz - Black Sea
Ryiuchi Sakamoto .- out of noise

Diez maravillosas formas de ocupar el tiempo aquí donde vivo
Mi casa
La biblioteca de La Casa Encendida
La Biblioteca Nacional
El Retiro
La Plaza del 2 de Mayo
Las piscinas municipales en verano
El Palentino o cualquier tugurio grasiento, con mi ex compañera de trabajo
El barrio de Lavapiés
Deambulando por el barrio de las Letras, luego por Sol y la Plaza Mayor, luego por la Plaza de Isabel II y sus inmediaciones. Asomarme al sur desde cierta terraza.
Tu casa

Diez cosas que podía haberme ahorrado
Aquella tarde en que lloré sin saber por qué
Aquella noche en que me dio por llorar agarrada a la almohada y desperté con dermatitis en el párpado, que aún no he podido curarme
Aquella sensación de no merecerme nada de lo que tengo que a veces se me agarra al cuello y me impide respirar
Hacer el ridículo delante de mi mejor amiga (menos mal) y caerme de culo en plena calle
Escribir dos palabras que nadie quiere leer en estos días
Obsesionarme con tantas cosas sin importancia
Disgustos ganados donde nadie debería ganar más que algo de dinero, para continuar subido al carro
Demasiadas veces en que lloré por algo que se rompió en el pasado
Demasiadas veces en que no supe cómo administrar mi potencial y éste se me escapaba por los ojos
El constipado que arrastro desde hace una semana

Diez cosas que he hecho y muy bien hechas
Recoger mis pedacitos, pegarlos uno a uno, abonarme, crecer
Terminar mi primer libro de cuentos, aunque no se vea jamás en ningún lado
Empezar mi primera "novela"
Volver a la radio, con Elena
Dejarme arrastrar a Estado Crítico
Entrevistar a Ryuichi Sakamoto
Escribir docenas de cartas que algún día quemaré
Dejarme llevar a tu casa
Abandonar el lugar en que me machacaban la psique a diario
Marcar el número de teléfono que me dio alguien, en algún lugar que no recuerdo

domingo, 20 de diciembre de 2009

Échame a los lobos

Un avispado editor de revista musical me envía el disco con el encargo de comentarlo: "Creo que te va a gustar". No sabía que estaba echando carne al lobo hambriento. ¿O sí? Llevo semanas sin toparme con un disco que se me prenda mínimamente a los oídos. No puedo parar de escucharla.

Como un interminable rizo, sus temas y motivos se mueven, sólo en apariencia, sin desplazarse ni un milímetro del primer "tarara ta tara", allá donde comenzó, y da vueltas sobre el eje de una melodía triste y pegadiza, como un estribillo eterno, enreda una y otra vez las notas y las palabras, y tiene ese halo de hermosa canción de desamor (como en aquel With or without you, tan kitsch) y todo sucede como si dos estuviesen jugando a rebozarse en una playa llena de conchas troceadas. Es más grande el kitsch aquí, precisamente por ese ritmo trotón, los sonidos housoides y las ganas que me dan de levantarme de la silla y bailar.

Que le eches a los lobos si se equivoca una sola vez más. Que encontrará una manera de hacer que te quedes. Que por favor le dejes respirar. Que te las arregles para aliviar el dolor. Nada es amable en la canción ni nada hay que no sea absolutamente deleitable. Hermosa como la mejor horterada post-postmoderna.

Can you find a way to ease this pain?

Logan Lynn - Feed Me To The Wolves

jueves, 17 de diciembre de 2009

De otro

Él la miró tiernamente a los ojos y pronunció aquello: "Te quiero".
"¿Te estás enamorando de mí?"
"¿Es que tu corazón es de otro?"
"Mi corazón ya me pertenece por entero".

lunes, 14 de diciembre de 2009

Fin (reseña)

Fin
David Monteagudo
Acantilado

Nueve personajes delineados con cuatro detalles de su aspecto y formas de reacción. Relato de foco desnaturalizado, sin un solo asomo de empatía, como el que haría la más incruenta de las cámaras de seguridad, acerca de un encuentro de confusa causa. Peripecias que convergen en una noche en un refugio, especie de “bodas de plata” de otra noche “mágica” para aquellos personajes, ahora veinticinco años más viejos, incapaces de encontrar una buena excusa para aquella amistad de contornos desvaídos por el tiempo. Una pesada broma que todavía les escuece en las conciencias. Viejas rencillas y rencores que se destapan, mezquindades de adulto con problemas para encarar el fracaso, torpeza relacional, inmadurez sentimental, ¡frustración! Nueve desconocidos que se han dejado convencer en cierta fiesta y... un apagón. Ya pueden ver las estrellas y encontrarse con ellos mismos. En la primera aventura narrativa de David Monteagudo, trescientas cincuenta páginas saben a poco. Ni el autor sabe más que los personajes a los que maltrata, ni el lector se despega ni un momento de la ignorancia que a ellos acosa. Ha de seguir, dar la vuelta a la página, comenzar otro capítulo, exprimir los sentidos de cada nueva frase descriptiva, austera, ausente, incisiva de tan poco comprometida. Prosa sin brillantez, pero brillante. Es imperativo saber qué será de estos nueve, bajo esa desarmante amenaza que se los va comiendo. Apaguen sus televisores -dejen la serie de moda para después- y abran “Fin”.

//Publicado en Go Magazine 106 Diciembre 2009. Sobre el mismo libro, también escribí una crítica en este sitio, Estado Crítico.//

Kings of Convenience (crítica)


Kings of Convenience

Teatro Circo Price (Madrid) 1/11/2009


Se juntan dos talentos y salta la chispa. Se enlazan armonías y explotan corazones. Se plantan con actitud comunicativa y el fan los adora. Él, el fan, está en su derecho de deificar. ¿Qué les da, pues, ese sex appeal suyo?


Se traen a la telonera expresamente (Javiera Mena, a la que conocieron en una gira por Chile, es un astro pop en su país, aquí ya estamos tardando) y el mismísimo Erlend Øye sale a presentarla. Le dejan veinticinco minutos y un piano. No hay maniobra musical que pueda con la expectación de tener por fin sobre el escenario a los noruegos (nunca antes en Madrid). Las conversaciones y la impaciencia se comen su show. Y la sala (2500 almas) está a rebosar. Erlend y Eirik ocupan su lugar, con la impuntualidad necesaria para hacer brotar más ooohs y aaaahs. Entre bromas -ya les conocemos el carácter, uno va de entregado, el otro de introvertido- van dejando caer algunas de sus canciones más conocidas, entrelanzando con elegancia sus voces y sorteando la simplicidad instrumental con soltura. Hacen que los “lata-man” apaguen sus lucecitas y cuentan (Erlend) una anécdota sobre su vinculación con España: todos sabemos ahora que su tía abuela estaba reporteando en Madrid el día en que entraron las tropas franquistas. Dice sentirse bien de llegar a la ciudad “ahora que ya no hay guerra”. Mas aaaays.


Para una segunda parte, invitan al escenario a dos músicos más (violinista y bajista), y entre los cuatro el show pierde intimidad pero gana en ímpetu. Las evoluciones del chico del violín arrancan aplausos por sí solas y ellos están entre felices e incrédulos con la ola de amor que les llega desde abajo. Navegan en aquel mar de admiración -sólo un poco menos cálida con las canciones del álbum nuevo, pero deleitosa con las ya clásicas ('Stay Out of Trouble'). Más allá de si suenan o no a otra pareja de cantantes-guitarristas de hace varias décadas, lo de Kings of Convenience en directo es una entrega con revulsivo. Cuanta más generosidad, más líquido se vuelve su público.


//Publicado en Go Magazine 106 Diciembre 2009//

martes, 8 de diciembre de 2009

Mexican women

Leave home
Blood becomes a foreign substance
And see it as you let it dry


Hace semanas que empiezo y abandono este post. Mientras, también en estas semanas, recupero un viejo disco de mi discoteca, uno de esos que son como las almohadas usadas desde la niñez, cómodos y ajados, desvencijados, familiares y tranquilos como aquello en lo que uno mismo se ha convertido. Mientras, escribo otras cosas, que no se han de publicar emitiendo un click sobre el botón "Publicar"; y que, quizá, algún día llevarán su propio camino hacia el botón mágico.

Throwing Muses y Kristin Hersh son una obsesión recurrente en mí. Regreso a sus canciones siempre, ya pasen dos semanas o dos años, y redescubro temas que siempre estuvieron allí y a mí me toca ahora señalar como importantes. Eso pasa con esa canción, con Mexican Women, de donde saco las frases del encabezamiento.

En uno de los libros más lúcidos y emocionantes que me ha tocado leer en las pasadas semanas -antes de que me diera por escuchar compulsivamente este disco- se puede pasar por todos sus párrafos y subrayar barbaridades hermosas y verdaderas. Como, por ejemplo, ésta:
"A las brujas las quemaron en la hoguera, en toda Nueva Inglaterra, sólo por culpa del amor, sólo porque llevaban el aura del deseo satisfecho".
Es bárbara y hermosa en el contexto de una novela dedicada a amar. A relatar la deflagración causada por el amor más bestial. Pero lo que no sabía Smart, que tenía este aspecto años después de escribir En Grand Central Station me senté y lloré,

... es que me daría una de las citas que podrían encabezar una de las tres partes de mi nuevo libro. O de mi libro, como se ha de decir cuando no se tiene otro.

Su frase, además, me habla de otros sentidos. Algo que se viene cuadrando desde hace mucho tiempo. Aquél me prestó una película, aquél otro me recomendó una canción. Todo me habla en el mismo idioma, pero es uno que adquiere frases y giros nuevos por momentos, sólo para mis oídos.

Este post, que se llama hoy Mexican Women, y que se quiere referir (aunque el topic no estuviese ahí cuando Kristin escribió la canción) a todas esas mujeres masacradas en aras de no sé qué sinrazón, presentes en unos cuantos libros que debo leer con urgencia, se debería haber llamado Marte Herlof.

Hay un viejo amigo del que no sé nada hace semanas. Antes, al menos, podía espiar que él me espiaba. No sé cómo decirle que quiero saber de él.

Marte Herlof es un personaje secundario de una película impresionante, Vredens Dag o, como se la conoce aquí, Dies Irae. Pero, como pasa en otras películas de Carl Theodor Dreyer, es un secundario el que hace arrancar la acción, aunque luego pase el testigo a los demás.

Había oído hablar mucho de esta película en mis años de facultad, y había leído que su tema era la brujería. No, no, no, nada de eso. El que me venga con que es un filme sobre las brujas del siglo XVI le arrojo mi colección de Throwing Muses a la cabeza. Es una de las películas más radicalmente feministas y comprometidas con el amor que me ha tocado ver jamás.

Ahí está Marte Herlof (a la que he cercenado el sabueso clérigo que la interroga en el mismo fotograma gracias al photoshop). Una vieja despojada de todo, y de su última dignidad en forma de prenda de ropa, suplicando por su vida. Una mujer que, cuando desearía pasar tranquilos sus últimos años, es llevada a interrogatorios, vejada y conducida a la hoguera. Esa mujer y su desnudez conforman una de las imágenes más patéticas que me ha tocado ver en una pantalla.

Luego está, por supuesto, Ana. Ana, la protagonista de Dies Irae, que podría ser Elizabeth, que podría ser yo misma, o la protagonista de Anticristo. Casada con el pastor del pueblo, Ana es una mujer joven que arde por dentro de deseo. El pastor tiene un hijo. Él es el objeto inobjetable de los deseos de la mujer, y por eso Ana, por conseguir lo que desea, será acusada también de bruja.

Por conseguir lo que la completa. Luego está Charlotte Gainsbourg.


A quien le arrebatan todo. "Ella" sucumbe al dolor a una pérdida muy honda y arrastra a "Él" a las tinieblas de su alma, al tiempo que "Él" pretende salvarla.

Aún no entiendo bien, del todo, por qué Anticristo está dedicada a Tarkovsky. Quizá por el personaje, magnético, de Hari, el fantasma-imagen-proyección-sombra que le entrega Solaris al profesor Kris Kelvin. Hari es otro personaje tentador, grandioso en su capacidad de amar y de absorber, como un gigantesco planeta con una tremenda fuerza de gravedad, lo que a sus inmediaciones se acerca. Hari no tiene conciencia ni inteligencia ni sensaciones, ella toda es amor, es un fantasma de amor, y se trata de quitar la vida, ese fantasma (el apelativo es lo de menos, bruja es lo más común), cuando el doctor Kris se le aleja veinte metros.


Debe ser por eso que es tan difícil encontrar una imagen en internet que muestre a Hari sola.

Qué mierdas vamos a querer estar solas. Ni ser maltratadas. Ni ser malqueridas. Ni ser malditas. Ni ser mal...

Kristin y yo. Hari y yo. Ana y yo. Marte y yo. Todas ellas podrían ser mujeres mexicanas. Hoy son el tema de mi libro.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Percusión contemporánea


Después de muchos meses desde el minuto en que pensé en el tema de este artículo, después de varios atrasos y de muchas entrevistas bonitas y placenteras, después de haber conocido a Miquel Bernat, a Juanjo Guillem y a todos estos músicos dedicados al arte sonoro de nuestro tiempo, por fin, cerramos el año editorial junto a la revista Calle 20 con esta colaboración. La percusión en España está ahí para ser escuchada.

La revista está en plena distribución por locales de Madrid, Barcelona, Valencia y alguna otra ciudad. El repor se puede leer todo él aquí.
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