martes, 17 de febrero de 2009

De hijos a padres

El que no tiene hijos, difícilmente puede imaginar la humilde belleza dentro del momento en que los llevas a acostar. El que no cuenta cuentos, difícilmente llegará a entender la ligazón que nos une a aquellos que nos piden un cuento antes de dormir. El que no sabe de historias, no podrá estremecerse hasta el asco con la ficción de unos niños que sacaron a pasear a una niña y la hicieron no volver jamás. El que no sabe qué es vivir en plena lucha, tampoco comprenderá mi satisfacción por haber invitado esta noche a mis padres a la ópera.

Un piano es un piano


Hauschka es el nombre artístico de un pianista que mantiene una extraña relación con su instrumento, con el que convive hace muchos años: lo aporrea, le introduce objetos, le busca las cosquillas. Cosas del amor. Ésta es mi reseña, publicada hoy en portada de notodo.com, de su último disco, Ferndoff. (¡Ah, qué bonito, ahora se pueden poner comentarios!)

lunes, 16 de febrero de 2009

El médico

La mujer descorría maniáticamente la cremallera de su blusa celeste. La abría y la volvía a cerrar, sin pausa, sentada ante la mesa del médico.
- Es aquí, y aquí –decía mostrando la otra mano.
- ¿Desde cuándo?
- ¿No me va a recetar?
- En el dedo no tiene usted nada.
La cremallera seguía de arriba abajo, enloquecida, el meñique dentro del aro del tirador, lacado y brillante.
- Me refiero a lo otro.
- Está usted sanísima.
- Y ¿este agujero?
El dedo se detuvo abajo del todo. Del cierre afloró un ramillete de piel blanquísima, con un botón encarnado del tamaño de una chuchería.
- Mire bien.
El médico bizqueó.
- Me duele tanto –dijo ella, hundiéndose el dedo meñique en el agujero rojo. Componiendo el gesto, él declaró:
- Será un momento.
Tomó la mano de su paciente, la apretó contra la mesa y, sacando un machete de algún bolsillo bajo la bata, cercenó el dedo pequeño, sin emoción.
La mujer, entonces, comenzó a sangrar abundantemente del botón rojo.
- Hala, hasta la semana que viene.
- Doctor.
- Sí.
- Mi marido no me quiere.
- Tráigalo la próxima vez.

//Para mi serie micromonstruos. Me lo pasé tan bien con él, que hice de "el médico" un personaje de mi siguiente relato//

viernes, 13 de febrero de 2009

Avishai Cohen es portada

Bueno, lo fue hace dos días. Yo apagué esto para poder configurar el dominio que tengo hace dos años y no utilizaba, con la intención de instalar ya para siempre www.carolinkfingers.net. Como no me ha funcionado de momento, vuelvo al blogspot de toda la vida.

Y mi reseña no firmada de Avishai Cohen Trio está disponible en la fantástica web notodo.com aunque ya no sea portada.

martes, 10 de febrero de 2009

Lo que arraiga en el hueso (reseña)


“Lo que arraiga en el hueso”
Robertson Davies
Libros del Asteroide

Entre las novelas de grandes ambiciones, las de Davies llenan un espacio hecho por él mismo de complejidad, astucia, coherencia, estilo y maldita-sea-la-buena prosa. Y entre las abocadas a ilustrar una vida humana, pocos (en la tradición anglosajona se juntan unos cuantos) han llegado tan lejos en la empresa de desmenuzar hechos y circunstancias integrantes de una sola existencia. El escritor canadiense está bien pertrechado contra el analfabetismo de los “límites de la conciencia”, que podría arrastrar un novelista más anticuado; y tampoco es de los que concede excesiva importancia al “viaje interior”. Así, la segunda parte de su Trilogía Cornish es otro ejercicio brillante de osadía en el trabajo imaginativo; de convicción para rellenar todas las zonas posibles de un personaje y de elegancia para descorrer el velo en cada una de las experiencias narradas, mostrando un matiz diferente que el lector, siempre, había pasado por alto. El pellejo de “Lo que arraiga en el hueso” pretende ser una exposición biográfica total, en pos de aquello que a duras penas rastrearía un investigador, ni el más dotado, cuando se trata de entender quién fue alguien ya desaparecido. La tarea es sobrehumana. La suma de intelectualidad vigorosa y sentido práctico hace que la lectura de este libro –y de los demás- se convierta en una fiesta de la inteligencia, una arrebatadora sesión espiritista hecha de puras palabras. Que sea otra novela de Davies es el menor de los alicientes para entrar en ella.

//Reseña publicada en Go Mag, febrero 2009. No complementa la antirreseña, es lo que es//

domingo, 8 de febrero de 2009

Mi cierre particular (a toro pasado)

ADN.es era un diario que yo solía leer. Tal vez, lo reconozco, porque una gran amiga mía era parte de la sección cultural, y me había pedido en los tiempos del beta que navegara por el proyecto en el que se había embarcado tan ilusionada. Pero me quedé todo el tiempo, incluso cuando exigí que alguien borrara mi cuenta de usuario porque decidí que ya estaba bien de andar desperdigándome en estúpidos alter-egos virtuales, dejando huellas poco medidas, que luego, más tarde o más temprano, vendrían a sangrarme con reclamaciones, o chantajes emocionales, o pies sacados del tiesto.

Ésa y otras muchas huellas he querido borrar. Pero yo seguí siendo lectora de adn.es. En pocos sitios se ha podido encontrar, con tal profusión de datos y tan golosa documentación, un perfil tan bien escrito de Aleister Crowley, por ejemplo. En muchos menos encontramos homenajes -y conste que me sobraba tanta foto destinada al macho machete que inunda la lectura de diarios digitales- a iconos de nuestra cultura como la gran Bettie Page. Frente a la pacatería de la información cultural de la gran mayoría de diarios, el aire fresco estaba en adn.es, estuvo. Yo, como otro millón y pico de lectores, me voy a sentir terriblemente huérfana por las mañanas, cuando hurgue entre las pestañas de mi browser sin saber a qué botón darle cuyo combinado de código y buenas prácticas me alegren un poco el día.

Sin embargo, me fue requetemal tratando de convertirme en colaboradora. No explicaré los detalles, pero mi falta de éxito la achaco, más que nada, al hecho de que vivo abstraída de lo que interesa, tanto a los gerifaltes de la cultura como a los extravagantes asiduos a rebuscar en el fango de lo irreconocible.

Fracaso que se traduce en mi baja penetración como redactora cultural en cualquier tipo de prensa diaria, puesto que cuando me ponen en la tesitura aquella de "proponme temas", mis ocurrencias son insólitas, peregrinas, difícilmente manejables, editorialmente superfluas o melifluas. Me sucede con casi todos, pero obviamente no con todos. Menos mal que existen el coordinador de la sección libros de Go Magazine y el director -con toda su trupe- de la revista Calle 20.

En su día, sin embargo, conseguí publicar algo, una breve nota, en adn.es. Llámenlo cruce de circunstancias, me da lo mismo. Esa breve nota que es toda mi historia en este medio da cuenta del tipo de medio que era, capaz de hacerle un hueco incluso a mí. Ante el riesgo de que ya no estén disponibles los históricos dentro de cuatro días, lo copio y lo pego aquí, porque estoy en mi derecho, copyright mediante. La nota data de hace quince meses, noviembre de 2007. Y Gepe sigue ahí, entre mis temas, esperando que haya disco nuevo (ya hay ep nuevo).

Esta misma mañana, mientras compraba el pan en el chino del barrio, un adorable-cuasi-flaite-maravillosamente-fresco acento chileno me asaltó en la forma de una espalda vestida de cuero negro que se alejaba. Cachai?

Gepe trae a Vivamérica el folk chileno evolucionado

Desde Chile, llega Gepe, Daniel Riveros, como parte del variado programa musical del Festival VivAmérica

Madrid | 11/10/2007 | 2 comentarios | Votar
Chile se agita musicalmente, desde inicios de la década del 2000: una nueva generación de artistas, aglutinados muchos de ellos bajo el sello Quemasucabeza, está tomando los espacios culturales y las salas independientes de conciertos. Uno de los que mayor resonancia internacional está alcanzando es Daniel Riveros, más conocido como Gepe, cuyos dos álbumes han sido editados en nuestro país. En 2006 apareció Gepinto, de la mano de Astro, y su más reciente producción, Hungría (2007), acaba de ser editada por el Sello Autor.

En ambos discos, el chileno de 24 años combina con ciencia y elegancia la raíz folklórica de su país -y la herencia de las figuras líricas de Violeta Parra y Víctor Jara- con el pop de origen norteamericano, en especial el cuidado en los arreglos de gente como Brian Wilson. Aunque las influencias y las resonancias implícitas no se limitan a esos dos polos. Sus canciones funcionan como bocetos melódicos sin excesivas pretensiones, donde el azar y la combinación fonética juegan un importante papel; y las letras, hechas de impresiones, oscurecen deliberadamente los significados: "Me gustan las imágenes, la fotografía de algo; sentir las cosas más que describirlas", dice Daniel un día antes de su concierto en la capital.

No es el único que está poniendo en práctica la incorporación del folklor en esquemas pop y electrónicos; el antecedente directo es la argentina Juana Molina, con quien ha compartido cartel en más de una ocasión. En un contexto de relativo aislamiento cultural, propio de Chile, la música de Gepe interesa, además de por su anclaje folklórico, por su falta de prejuicios y su tendencia a la experimentación sonora.

Ya ha visitado nuestro país en discretas giras promocionales. Este jueves 11 se presenta en Madrid, sin acompañamiento, en el marco del Festival VivAmérica (22:00, Anfiteatro Gabriela Mistral en Casa de América). En los últimos días de noviembre, el músico transandino formará parte de Artistas en Ruta, ofreciendo conciertos con banda en varias ciudades: aprovechará para llevar al escenario las canciones de Hungría y las composicones para un tercer disco que dice tener ya listas.

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Por fechas cercanas, aparecieron más cosas acerca de Gepe y otros chilenos: aquí y aquí (algún día arreglaré lo de las fotos perdidas).
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