sábado, 22 de mayo de 2010

Alfabeto


Hace unos días, en una reunión con profesores. La maestra de mi hija mayor se quejaba, con terror, de la amenaza que pesa sobre ella de quedarse sin jubilación. "¿Y te preocupa realmente eso?", le dije. "Si ni siquiera sabemos qué puede pasarnos mañana". Dije "mañana" cuando podía haber dicho "en el próximo segundo ".

El caso es que salí de allí y ya han pasado varios cientos de miles de segundos, desde entonces. Sigo con la misma fe (sin fe) en las cosas dispersas, inseguras. No sé dónde lo aprendí, no sé cuándo realmente me di cuenta de que no valía la pena creer en nada, lo cierto es que se vive mucho más tranquilo sin esperanza -ni qué decir sin deseo.

Me estoy almorzando, a las cuatro y media de la tarde, unas papas enconejás, como las llamaba mi abuela Francisca -papas fritas, huevo, perejil y ajo, para qué más. Llevo encerrada detrás de esta pantalla semanas y semanas, perfilando un nuevo futuro profesional o, al menos, una suerte de obligaciones diarias que me permitan no preocuparme demasiado sobre el segundo siguiente. Así está hecho el mundo. No sé cuándo aprendí a quedarme con tan poco. A priorizar mi alfabeto constituyente. A que no me importara ni lo que piensan otros de mí ni lo que otros hacen por mí. Lo cierto es que así se vive mucho más tranquilo.

Es tanto lo que tengo.

Podría ir a revisar viejos cuadernos y me encontraría con expresiones como "mi mundo interior", "mis aventuras imaginarias". De niña, púber, vivía en mis fantasías sin ningún tipo de sentimiento de culpa, ni vergüenza, ni simulación. Vivía allí. Es quizá por eso que sé que no he aprendido nada, sólo estoy desenterrando.

Quiero ir a Chile. Lo quería, pero en estas semanas el deseo me posee entera, y además puedo vislumbrar el cómo. Quiero volver y recuperar lo que es Chile para mí, sin intermediarios. Y conformarme con una ensalada chilena (tomates y cilantro). No pido nada más. Querer no conduce a ningún lado. Y quizá mi proyecto, mi deseo, se quede conmigo y venga a formar parte de mis aventuras de las dos de la mañana. No pasa nada. Trabajaré los recuerdos. Recompondré experiencias que nunca tuve. Adoraré en la distancia. Despediré las ganas. Viviré dentro mío.

Viví allí por cuatro años. Esa realidad es mía aunque se esté difuminando. Es como adorar un cuerpo, algunas horas, y mientras te lo comes estar ya despidiéndose de él, porque sabes que no volverá más. Pero te despides de él y al mismo tiempo lo chupas, lo besas, lo lames, y los segundos que transcurren no son más que segundos, no trascienden más allá, pero son ricos en sí mismos, son pesados, gruesos, petulantes, son los guijarros del río, y el tiempo es el agua que les pasa por encima. No pasa nada porque queden atrás, no pasa nada.

Mañana en la tarde actúa en Casa América, en Madrid, un par de mis artistas favoritos. Vienen de Chile, y hace ya algunos años que me acompañan, forman parte de mi trupe de amigos invisibles. No sé si podré ir a verles en directo, no sé si el tiempo me otorgará tal beneficio. Incluso no estando allí, yo estaré allí. Incluso perdiendo la luz, perdiendo la casa, perdiendo la vida, yo estaría allí. Declamando mi nuevo, aprendido o recuperado, alfabeto.

martes, 11 de mayo de 2010

El perro de la casa de al lado


Arf, arf, arf
No es el perro, soy yo que no llego a todo.
Hoy publiqué esta cosita sobre ¿Fue él?, libro de Stefan Zweig, en notodo.com.

domingo, 25 de abril de 2010

En modo microrrelato

Los pobrecitos directores de oficina bancaria u operadores inmobiliarios cuyos chalés me circundan cruzan un par de cuadras hasta el quiosco de mi calle, compran el periódico y lo leen mientras toman una caña en el bar con terraza. Mi pobrecito cuerpo molido por llevar trabajando sin parar, con jornadas que empiezan a las nueve de la mañana y acaban, quizá, a las dos (am), baja al quiosco y compra el periódico, que no leeré, sólo por tomar cinco minutos de sol.

Corto y cierro. Quedan cincuenta páginas por escribir antes de dar la jornada por concluída.

martes, 20 de abril de 2010

Sonic Youth Delirio (y 3)


Aquí mismo, 19 de abril 2010

Querido Zito,

¿Es esto una monumental paja nostálgica? Me voy esta noche a encontrar con mi mito. ¿Se caerá? En la época en que la música la escuchábamos en cassettes grabados, Goo era mi favorito. Llegué a pintarme la portada, con rotulador textil, sobre una camiseta blanca. Línea a línea, letra a letra (I stole my sister's boyfriend. It was all whirlwind, heat and flash. Within a week we killed my parents and hit the road), y llegué a aprenderme la letanía de memoria. La usé tanto y tantas veces que terminé dejándola para las mañanas de batallón de limpieza. Ya no la tengo.

No deja de parecerme divertido que una música absolutamente indispuesta para la belleza (alguien me dijo ayer mismo: "suenan como gatos asesinándose") me toque las coordenadas estéticas de forma tan íntima. En el fondo, creo que me da lo mismo que esta noche toquen el primero o el último (lo más probable), y me dan risa todos aquellos que se masturban con la idea de escuchar en directo Teenage Riot o Catholic Block o Death Valley 69 (la canción con la que nombré a mi grupo, por cierto). Ellos evolucionan, sus fans se quedan. Yo me quedo con aquello que me quieran dar. Me dejaré llevar a las habitaciones más oscuras, puercas, encerradas, claustrofóbicas, de la mano de aquello que les dé la gana echarnos encima. Como si no quieren tocar ninguna y nos someten a dos horas de acoples. Lo más bello de SY es su consistencia. El mundo, si ha cambiado una pizca desde 1982, no ha dejado de tener esas habitaciones apestosas que ellos han transformado en espacios donde dejarse herir. No estoy segura de lo que digo.

Me pondré cerca de Kim. No he conocido en ningún grupo de rock a una mujer tan femenina, tan prodigiosamente sexy, tan absolutamente ajena a todos los estereotipos. No he conocido en mi vida a ningún grupo de rock que no utilice a la mujer como un reclamo, SY son especiales también por eso. Y ella sabe y conoce que cuando canta Tunic produce una descarga de tristeza y sensualidad gigante, irresistible.

Me da lo mismo lo que nos den esta noche: lo único que me importa es que no son remedo, no son fantasmas, no están ahí para divertirnos, no nos van a dejar indiferentes. No te apartes de mi lado.
Tuya,

Carolink


La vuelta de la esquina, 19 de Abril de 2010

Querida Carolink,

Yo, que soy menos auténtico, les escuché por primera vez en un recopilatorio de sus primeros tiempos llamado "Screaming fields of sonic love" y me pusieron patas abajo. Sí, lo que encontré no fue estético, porque no son bellos en el sentido convencional, como tampoco lo es Kim. Allí estaban las guitarras abrasadoras de, por ejemplo Expressway To Your Skull, o sus posters/collages/manifiestos fotocopiados que remontaron todos los 80. Yo no había visto ni escuchado antes nada igual y, como a ti, me llevaron a habitaciones en los que nunca me había atrevido a entrar.

En unos momentos cogeré la puerta para ir contigo a cumplir el sueño de verles en directo, ese que ahora tendré que tachar de mi lista de "Cosas que hacer antes de que estés muerto". E ire vestido de fan absouto, demente y descerebrado. Debemos apasionarnos, debemos entregarnos, Carolink. No es solo una paja nostálgica. Porque SY no son formulas pactadas. No son remedo. No son fantasmas. Lo seríamos nosotros de no hacerlo.

Salgo a buscarte.

Tuyo,
Dr Zito

De vuelta, 20 de abril 2010

Zito,

¿Dónde coño te metiste?

jueves, 15 de abril de 2010

Sonic Youth Delirio (2)


Casi al lado, 13 de abril 2010

Sueño a veces que salto tramos de ocho escalones de una larguísima escalera que nunca llega a la calle, en un bloque de pisos interminable, con el hueco de bajada iluminado por una luz cenital donde el polvo baila al compás de Schizophraenia. Soy capaz de saltar esos ocho escalones como si volara, desde el rellano alto hasta el bajo, y aterrizo como si mi cuerpo no pesara. ¿Cuánto más se puede seguir soñando así?

Porque Kim, Lee, Steve y Thurston... ¿cómo crees tú que han mantenido las ganas de seguir exactamente igual de fieles a sí mismos y a sus sueños? Esta mañana me levanté con una canción de Nirvana en la cabeza. Malditos perdedores. Me hacen pensar en el fracaso, en los estúpidos años noventa, en la inexperta creencia en una forma de vida que nunca fue la nuestra. Pero están ellos al otro lado del espejo, están SY duplicados, omnipresentes, fantásticos, sabiendo envejecer y tan, pero tan modernos.

¿Cómo lo hacen? ¿Qué maldito pacto tienen con el diablo del underground para ser tan maravillosamente coherentes?

Hoy no tengo ganas de despedirme. Siempre,

Carolink


París, 14 de abril 2010

Querida Carolink,

Tal vez lo que ocurra, tal vez la respuesta, sea que los SY han alcanzado un algo que está más allá de lo mundano, una corriente de verdad inmutable, no sé si de belleza, que les mantiene jóvenes y activos, vitales, haciendo esto y lo otro, incansables, siempre con ganas de intentar algo nuevo, porque les mueve esa corriente, ese fluido rosa, blanco y negro del que, creo, viven y se alimentan.

Cuando les escucho, sobre todo el Rather Ripped; cierro los ojos y consigo escuchar ese fluido. Es como sintonizar el universo, las cuerdas, las supercuerdas, la materia que lo conforma todo, que conforma tambien tu sueños, Carolink. Por eso no acabarán nunca con un tiro de escopeta en la cabeza. Porque ellos no necesitan validación externa como los rockeros viejos (aunque sea para pagar las facturas) ni se asustan por la dimensión del éxito, como el bello suicida.

Ellos son nosotros y nosotros somos ellos. SY nos pertenece.

Tambien tuyo,
Dr Zito