martes, 13 de octubre de 2009

Dexter Gordon

Lo que se puede hacer.
Esta es una entrada sin pies ni cabeza.
Sigo el invisible hilo que desenredará la ilusión (nótese, r simple después de n o s, único caso en que la r dentro de una palabra no se desdobla en rr; no puede escribirse ni leerse, con riesgo de agudización de miopía y otras tragedias: "microrelato", "antireseña", "derame ocular").
Estudio para escribir unas preciosas piezas que serán servidas en papel dentro de pocas semanas, un maravilloso encargo.
Me exilio una tarde más y he recalado en un café cuyo nombre, Anticafé, es muy prometedor y se ajusta muy bien a la realidad, dos circunstancias que no suelen ir bien juntas. Llevo aquí casi dos horas que hubiesen sido la delicia de mi compañera de penas y alegrías, Elena Cabrera (y sí, sé que hablo de ella mucho, pero es uno de los agentes motores de mi estrenado modo de vida), escuchando exclusivamente música rankeada en su last.fm en los primeros puestos.
Tengo una impresionante entrevista que hacer -de la que ya daré buena cuenta aquí- y miro todos los alephs que internet me ofrece sobre dos peculiares artistas que, si no controlaba hasta hoy, es por esta nueva modalidad mía permanentemente on con la literatura y un poco off con todo lo demás.
He leído mucho hoy acerca de SEOs y SEMs y me doy cuenta de que trabajo exactamente haciendo eso, ingresando la décima parte de lo que ingresa uno de estos cojonudos consultores. Por eso, y por las trampas que dicen que los buscadores castigan, y porque me siento jocosa como un bufón medieval, lleva esta entrada el título que lleva.
Además, estoy aprendiendo a editar audio y vídeo para internet, pero doy mis pasos sola, sin guía ni perro pastor, me sumerjo en softwares gratuitos y no me leo ni los manuales -que para leer ya tengo dos docenas de libros recientes y no me da el cuero para más.
Escucho a Hanne Hukkelberg y dice su hoja de promoción: "el disco muestra la influencia de Sonic Youth, Cocteau Twins, Pixies, Einstüerzende Neubauten, P. J. Harvey y Siouxsie & The Banshees". Yo, que soy una noventera sin redención posible -puedo aceptar música noventera que no escuchase en esos años, música hindi o senegalesa o puertorriqueña, nótese la doble rr-, podría admitir desde ya que Hanne es la artista que estaba esperando encontrar. Lo haré, o no.
Espero que os haya gustado mucho el caótico programa del 12 de octubre, y la reseña que os mostré de Dissipatio humani generis, también muy del fin del mundo, y si no fuera por nuestra pésima gestión del tiempo igual habríamos hablado de este libro.
Mientras, cierro este post tramposo y me declaro: yo quiero ser un personaje de Yuri Herrera.

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