martes, 8 de febrero de 2011

País largo como una hebra

Me encontré el viernes con un artículo en el periódico-cuyo-nombre-no-volveré-a-mencionar. Ése que despide a 2500 personas de su plantilla para, días después, plegarse a las protestas de unos cuantos airados y decir que "ninguna broma con..." (ponga usted aquí: la abuelita, el niño deficiente, la mujer maltratada o las víctimas del terrorismo, a gusto del consumidor).

Cualquiera que me conozca un poco, sabe de mi fascinación por Chile, que no puedo racionalizar, que está hecha de corazón, recuerdos y vestigios, y que quisiera actualizarse con un viaje futuro, una nueva toma de contacto real (volví de allí hace ya ocho años).

Todo ese tiempo es el que llevo observando desde lejos lo que sucede culturalmente en Chile. Esto que da título al artículo vengo predicándolo desde hace varios años, así que me satisface comprobar que la tendencia se hace palpable. Hasta Vincent Moon se ha visto seducido por lo que allí está pasando (estuvo hace un año en Valparaíso y otras localizaciones grabando con los artistas, el vídeo es parte de ese documental). No se le puede pedir a un diario de difusión masiva que esté a la última (más bien están p'al arrastre), pero los músicos a los que hace referencia, los argumentos y casi todo lo demás (salvo los discos más recientes) están en una serie de artículos que publiqué en 2007-2008. Di luz a una entrevista a Gepe en Rock de Lux, un reportaje al pop indie latinoamericano (ampliando un poco el foco) que salió en Calle 20 y a este artículo de Clone Magazine que, en su día, no subí al blog (ni tengo respaldado en ningún lado, por lo que veo). Por eso me apetece rescatarlo.

Take Away Show _ special 'TEMPORARY VALPARAISO' (teaser) from Vincent Moon / Petites Planetes on Vimeo.



INDEPENDENCIA CULTURAL
Indie chileno en la década del 2000


País largo como una hebra, entre la cordillera y el océano, sufre de aislamiento natural. Pero, dentro, experimenta un momento de creación musical efervescente que se vive como una sacudida del abotargamiento. Los artistas de esta generación se presentan sin complejos, evolucionan sin pedir permiso y van dejando, en lo que va de década, el poso de un trabajo serio y creativamente goloso. Eso sí, en este reportaje, no hay dos iguales.


Era 1986, duros tiempos para hacer pop en Chile. Uno de los grupos de la época (mitológicos de punta a punta del subcontinente), Los Prisioneros, cerraba con ese tema el recordado ‘Pateando Piedras’ (Emi Odeón Chilena, 1986): ‘Independencia cultural’ es tan lúcida y actual que fascina. En Chile, creativamente, siempre se ha mirado poco, o a destiempo, hacia fuera. Pero aquí vamos a hablar del hoy. La agitación interna que se vive en lo musical merece que nos detengamos a revisar qué, y por qué, y quiénes.

Daniel Riveros, Gepe, ha acaparado recientemente la suficiente atención (siendo bien recibido además en Argentina, México y España) para tener que vérselas con envidias y otras yerbas. Alguien dijo en la prensa que era “el nuevo Víctor Jara” y el eco se amplificó. Puede que no lidere ningún movimiento ideológico pero –salvando las distancias-, él está recorriendo el camino de búsqueda de un lenguaje que todo autor debería seguir. Dice, “yo lo tengo como referente musical, no como figura”. No es el único, voto a bríos. En la senda de la recuperación desacomplejada y recreativa del folk, está el trabajo de Manuel García, con ‘Pánico’ (Alerce, 2005), aliento trovero y una voz que remite inmediatamente a la de Silvio Rodríguez. Cerca, pero sin tocarse, se sitúa Leo Quinteros (telonero de la reciente gira de Dominique A); su cuarto álbum es ‘Los accidentes del futuro’: esquemas pop-rock sesenteros, jugueteo melódico y textos de enorme solidez. Escucharle trae a la memoria grandes nombres del rock y figuras sabias del pop latinoamericano como Charly García.

Ni tanto ni tan calvo
“En Chile hubo un periodo cultural un poco vacío o muy reprimido durante los 70 y 80. En los 90 empezaron a ocurrir cosas. La segunda mitad de los 90 sirvió para crear una plataforma para que la generación más joven, la que empezó a florecer en el 2000, pudiera tener mejores herramientas de creación. A la vez, esa generación quiere sacarse el estigma de arte politizado que tenían la mayoría de las creaciones chilenas”, dice Rodrigo Santis, capo de Quemasucabeza, uno de los sellos que más y mejor agitan allí. Desde Neurotyka, discográfica que anima la escena alternativa desde el 2004, opina Hixaga: “Siempre ha existido una escena independiente, no muy grande, claro, por el tamaño de nuestro mercado. Ahora bien, desde la irrupción de las nuevas tecnologías, las que tienen que ver con la internet social o web 2.0, la escena musical se ha expandido. No creo que sea un momento especial, sino que tanto el público como los mismos artistas, profesionales y aficionados, pueden dar a conocer de manera mas fácil y abierta su trabajo, lo que genera que se produzcan movimientos, intercambios y colaboraciones”. El concepto de autor se ve representado en esta casa por el trabajo de Fernando Milagros, de profesión actor, que se inspira en el country-folk, la intimidad de un Devendra y el eco arrastrado de un Yann Tiersen, sin renunciar a su identidad: ‘Vacaciones en el patio de mi casa’ (Neurotyka) es su debut. Este sello, por su lado, presta atención a otros estilos, como el hip hop de Colectivo Etéreo (maravillosa su ‘Balas y Falos’), integrado por Prospegto Arkano, Menda, Dj Vaskular, Tonossepia y una de las almas más inquietas de Santiago: Dadalú. Rapera porque, dice, en un rap se pueden decir muchas más cosas que en una canción, habla sin tapujos de la creación, de ser mujer y músico en Chile hoy, y su desparpajo da mucha envidia.

Despegando del underground, hay más mujeres de carreras prometedoras. Javiera Mena ya editó su ‘Esquemas Juveniles’ (Índice Virgen) en Argentina y México: coquetea con el tecno-pop, cuenta historias de corazón roto con dulzura y, entre lo frívolo y lo sentimental, está creando una imaginería poderosa. Imprescindible su dúo con Gepe en ‘Sol de invierno’. Francisca Valenzuela, jovencísima debutante con ‘Muérdete la lengua’ (Feria La Oreja, 2007), ha llamado la atención por la frescura de su pop de autor, aunque parece que quiere jugar en otras ligas. El tiempo dictará sentencia.

El Sueño de la Casa Propia encierra un proyecto personal (José Manuel Cerda), desde Valparaíso, con personalidad electrónica y sentimiento lírico. Y mucho más: el pop marciano de Teleradio Donoso (‘Gran Santiago’). Perrosky (‘El ritmo y la calle’), músicos con años de experiencia que hacen un blues-rock con resonancias de The Gun Club o Violent Femmes. Matorral, Guiso, los hermanos Mostro, Familea Miranda o los restos del mejor grupo de fusión, Fulano, reconvertidos en La Media Banda. Pero aquí, ya, estamos “pateando piedras".

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De regalo, una lista de música (Spotify) en la que he metido todo lo que he podido encontrar de los grupos recientes chilenos, para quien tenga curiosidad.

4 comentarios:

Blumm dijo...

De siempre, Carolink, de siempre hemos tenido a Chile en el retrovisor. Chile destila muy bien.
Enhorabuena por el post. Me vas a hacer tomar apuntes.

Blumm dijo...

Por cierto, sigues sin poner los iconitos para twittear desde el post, jolín.
Iba retwittearlo (¿Con dos tés?)
Tú te lo pierdes...

Carolink dijo...

Gracias por venir tan a menudo. Llevo media hora trasteando y algo he puesto, aunque no sé muy bien el qué y creo que funcionará bien solamente si estás viendo la url del post en concreto. Ay, con lo bien que se me daba a mí programar html hace diez años...

Carolink dijo...

Por cierto, algo debe de tener que ver con las ciclotimias... En estas fechas, 1999, estaba yo aterrizando y quedándome a vivir en Santiago. Quizá por eso esta nostalgia es tan intensa.

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