martes, 10 de julio de 2007

La cagada (1)

Un intento de poética en tres partes (y las que están por venir).
Parental advisory. No apto para meapilas.

Parte 1. De la crítica del vertido. Corte sin puntada.

Ensayo una nueva forma de hablar. Ejercito una nueva manera para la crítica. Para decir, para producir, para escuchar, para sentir. Tomemos todo como palabras llanas. Sin dobleces. Y la etimología de la “crítica” es: corte, separación. “Crítica” es hermana de “crisis”. La crítica se ejerce hacia dentro tanto como hacia fuera.

Busco deshacerme de las barreras levantadas. Tres son las paredes de mi casa que no quiero: una en mi creatividad, otra en mi lenguaje y una más en la imaginación. Parcelas que no sé cómo, cuándo aparecieron: muros de maleza, quizá, de ejercitar esas facultades poco y mal durante algún tiempo.

Quizá siempre escuché. Años de necesaria investigación. Aprehender, tanto y tan intensamente como aprender. Veo maneras, opciones, sendas a mi alrededor. Estudio modos. Siempre fui buena estudiante. No de las contestonas. De las soñadoras. De las que suspiraban por un buen verso o una irrefutable teoría. Básicamente, si te faltan categorías, no puedes dar la réplica en según qué temas. Hoy es diferente.

Nip/Tuck. Hoy no me callo. No es que lo sepa todo. No, no. Ya sé cuáles son las cosas que no sé, eso es todo. Hoy tengo una guadaña –y no un bisturí- bien afilada para, como la amiga de mi amiga la melancolía, ejercer la crítica, el corte. Usted pasa, usted no pasa.

Bla-bla-bla. Elefant talk, everywhere. Medios de comunicación, gente de la política y del show business –misma cosa-, de la cultura y del deporte. A diario, abren la boca y sueltan. No hay pensamiento previo –Descartes, ¿dónde estás? No hay poética: y poieses es realización, transformar el pensamiento en acción. No hay consecuencias. El vertido es insano, de proporciones pantagruélicas. Asesinaron nuestras conciencias a base de verborrea y baba. Anestesia total. El hambre oblicua e infinita de dotar de contenidos a nuestros mass media tiene a los spokesmen y women trabajando a destajo en el sinsentido. Se aventuran patrañas, órdenes, directrices, amenazas, teorías, reportajes, tendencias, visiones del mundo, obras totémicas, novelas monstruosas, paradigmas culturales, económicos, sociales… Dictados por quién, por qué, desde qué poder. Y, mira, mira más de cerca: con qué tasa de errores, con cuánta irrelevancia o inconsistencia entre forma y contenido. Spread the word, it gives me the creeps.

Como primer paso. No se puede decir de todo, no se puede decir de cualquier manera. Perdemos los referentes, emborronamos los contornos, se desafila la guadaña como inmersa en líquido viscoso y caliente. Hemos de ser pesados, pesados hasta decir ¡basta! La duda infinita, la inquina, el corte. No podemos dejarnos colar tanta mierda con queso. En todos los órdenes. Ejercer la crítica sabia, responsable e implacablemente. ¿No dudáis nunca, sacos de pensamiento débil?

Es que ocurren demasiadas cosas, se dicen y producen demasiadas sandeces. Algo de todo esto nos va a salpicar de mala manera, tarde o temprano.

Busco algo de verdad, ahí fuera. Aquí dentro, busco un modo de expresión, una voz, un estilo. Si alguna vez encuentro alguno, será como en aquel trip en busca de cápsulas lisérgicas en los lavabos más asquerosos de Escocia. Así será.

Hay que pringarse para encontrar algo. Para sacar algo en claro. La guadaña corta y desbroza el infame vertido de contenido incontinente sobre nuestras cabezas. Eso es hacia fuera. Y hacia dentro: está el rotulador. El papel de gramajes tozudos. La luz de interrogatorio, la silla alta y dura y el abismo. Instrumental imprescindible. Dentro / fuera. Nip / tuck. Tú pasas / tú no pasas. Abismo / Más hondo. Quiéreme / Olvídame. Hablar / Callar. No hables si no tienes nada que decir.

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