domingo, 6 de enero de 2008

Carta abierta a Jorge Vergara

Entre otras muchas cosas, me echas en cara que no expuse mi amor por ti. Mierda de las cosas que se dan por seguras. Ahora no estás, no te tengo más. Ahora ya no tengo nada que perder y a duras penas puedo hacer que ninguno de estos gestos te toque. La vida real nos mató, por no decir la vida virtual. Jugué juegos peligrosos, jugué con fuego. Descubrí nuevos términos, rompí las reglas, fui más allá de lo permitido y rasgué la confianza, para siempre. Para siempre, mi amor, para siempre. Hubo tantas cosas que pude haber expresado. Hubo pasión, a manos llenas, y planes de futuro, y realidades turbias, y otras hermosas, y amor. Mierda de las cosas que, por desidia, quedan en el limbo de lo no expresado. Canto ahora este dolor aquí. Yo que perdí la voz y las ganas de oirme. Yo que ahora escucho cada canción de amor (mierda de José González, por poner uno) como si hubiese sido escrita para herirme. Canto inofensivamente: público es inocuo. Pero público, y no costumbrista, y no privado, y no rutinario, tenía que haber sido amarte. Yo me dije hace tiempo: éste no es el medio para airear mis problemas personales, aquí sólo las cuitas de trabajo. Pero hace semanas que no puedo trabajar porque me engancha la pena -antes, mezclada de incertidumbre, ahora de triste certeza. Desabroché el compromiso, me escurrí por las fisuras. Mierda de acciones, cobardes y crueles, mierda de palabras que odio tanto como mis acciones. Desenredo aquí lo enfermo que tengo dentro, y no pido perdón por el exhibicionismo emocional. A la mierda con todo eso. Ya no te tengo, qué me importa. Estoy mirando dentro de las costillas de la soledad y el silencio para encontrar materiales con que hacerme un abrigo: el invierno es largo, el luto nuevo, el dolor amargo, la calvicie pronunciada, la farsa ciega, los juanetes quejosos, los vicios afincados, la debilidad vieja, el amor silente, cercenado. Traje la guadaña otra vez y se quedó sin manos, se quedó sin piernas, se quedó sin lengua, sin alma, sin piso, sin asidero alguno. Me perdí, cómo tanto. Yo te traje aquí y luego te empujé a un lado. No me duele nada porque ya no tengo cuerpo. Mierda de canciones. Todo se puede leer al revés y al derecho No voy a callarme ahora porque ya maté todo, de un solo golpe. Te perdí. A qué llorar ahora. Tú a tu vida y yo a la mía. Pero es que tú eres eso: mi vida.

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