lunes, 15 de diciembre de 2008

Soy una caja



“Soy una caja”
Natalia Carrero
Caballo de Troya

En el mundo de la literatura de nuestros días, hay cosas que son valientes y cosas que no lo son. Los más se instalan en lo último: repeticiones irreflexivas de moldes archi-transitados. Los pocos vienen a vivir al otro segmento de la acción literaria. Aquél en que la construcción de la identidad, del qué decir genuino y personal, es el primer peldaño a escalar. Literatura como psicoanálisis o apertura gratuita de venas, pero búsqueda de pasos propios. ¿Que por qué puede llegar a ser tan doloroso? Porque algunos carecemos de la arrogancia para adentrarnos en lo trillado, así, en general. La valentía de Natalia Carrero está en el esfuerzo ofrecido –a vena abierta- por objetivar los balbuceos y hacerlos dignos de libro. Nos lanzamos a escribir sobre asuntos que no dominamos en absoluto o investigamos con armas primordiales –abecedario, collages, fantasías, manualidades- en donde nadie más ha estado. Así, el personaje-persona que lleva adelante “Soy una caja” es un sacacorchos ficcional, empeñado en la lectura de su autora fetiche, Clarice Lispector, que desentraña pocas cosas ciertas de los libros, salvo que tiene que escribir. Trabajo que, a pesar de su liviandad formal, se hace espeso como un diálogo surrealista, donde cualquiera tendrá problemas para separar lo literario de lo vivido. Lástima que las inmersiones en el “relato” de viejo cuño sean tan escasas, incluso un poco pacatas. Pero queda el esfuerzo del original esbozo. Escribir es un dictado, pero un dictado infame.

//Reseña publicada en la revista Go Magazine, diciembre 2008//

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