miércoles, 9 de septiembre de 2009

La condesa sangrienta (reseña)


La condesa sangrienta
Alejandra Pizarnik
Libros del Zorro Rojo

El personaje es fascinante -e incluso el libro que inspiró este texto, de la francesa Valentine Penrose- pero no necesario. "La condesa sangrienta" de Alejandra Pizarnik -urdido como reseña y publicado en la revista Testigo de Buenos Aires, en 1966- es un texto sobresaliente por sí mismo, de factura tan definitiva que uno no puede sino dejarse atrapar por su prosa, tan pronto inicia la lectura. Esa prosa: afilada y precisa, descriptiva pero cargada de lujuriosas connotaciones, organizada en breves "cuadros" que van perfilando el cotidiano deambular/torturar del sujeto al que se adhiere, generando una reflexión sin trampa sobre el horror, el abismo, la libertad, la melancolía y la "belleza inaceptable", fragmento tras fragmento. Esos esbozos funcionan como representación hirsuta, tan vivaz y tan mentirosa como un cuadro barroco, tan irónica y autoconsciente como una novela postmoderna. "La condesa sangrienta" no es un libro fácil, sí envolvente. Y, a tenor de las ediciones que se podían encontrar hasta ahora, alguien tenía que venir pronto a darle al texto entidad de libro. Lo que hace de esta edición una experiencia nueva -disfrutable, también- es concluir uno cualquiera de los cuadros, pasar la página, y encontrar uno de esos demenciales dibujos -rojo, negro, blanco- del ilustrador argentino Santiago Caruso: entre el simbolismo y la representación, fraguados en la oscuridad, casi puede sentirse en ellos el dolor de las mujeres que sacrificó para sí misma la triste Condesa.

//Publicada en Go Magazine septiembre 2009//

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