martes, 13 de julio de 2010

Just a working girl (episodio 2 y 3)

Et quoi que tu fasses? La foto se la tomo prestada a Alé.

Cap. 2. Saberes inútiles


Once y media de la mañana. En la puerta del local hay personas que conoce. Seis desconocidos entran en un local frente a la puerta del local de Traficantes de Sueños (tiene un nombre, que no puede recordar nuestra protagonista, pertenece a una asociación de mujeres del barrio).

Comienza la charla, su misión es delimitar los problemas que afectan al trabajo creativo. Dos personas, uno y una, hacen de directores de función. Participa, sintiéndose siente parte de, al mismo tiempo que extraña.

Le gusta lo que escucha. Le gusta la “dinamizadora”, que forma parte de un colectivo. Le gusta la atención tranquila que pone en todo lo que dicen los demás, y cómo va tomando notas en su portátil. Hay una botella de agua. Queremos trabajar y que nos guste. Casi siente la excitación, pero aquí no existen ni egos ni sexos. Tanto él como ella se dirigen al grupo (cuatro hombres, dos mujeres) como “las trabajadoras culturales”, las “productoras de la cultura”. Tiene todo el sentido, si hasta hoy hemos pretendido englobar al común de la gente bajo el masculino...

Se habla de problemas. Nuestra prota no tiene mucho que aportar, como colectivo, porque está claro que es una y no tiene mayor enredo con otras capacidades productoras (aunque le gustaría), pero sí es o se considera una trabajadora cultural. Le hace gracia la etiqueta, la hace sonreir. Le recuerda a esa otra de “trabajadora sexual”.

En nuestra teleserie, el lenguaje audiovisual ha sido sustituido por un lenguaje transversal, desarrollado desde el pensamiento. Nuestros telespectadores pueden recibir, sintonizando la frecuencia adecuada, qué es lo que pasa por la cabeza de los personajes. Así que vuelve a recordar uno de los leit motivs de estas jornadas: “trabajar y que nos guste”. Es muy complicado todo: estar en el mundo, ser productiva sin sentirse esclava, obtener un rendimiento suficiente y digno por las capacidades de cada cual sin sentirse vendida. Y son sólo las doce y media de la mañana.


Cap. 3 Matar la noción de trabajo

Dos preciosas mujeres están ahí detrás de los ponentes -portavoces de cada grupo- tomando notas sobre papeles dispuestos en la pared. Es la primera puesta en común, todos a la vez viéndose las caras.

Hay militancia, hay seriedad, hay sensación de que todo tiene un sentido. Eso es precisamente lo que buscaba nuestra protagonista. La legitimización a su soledad. Se trata de trabajar a todas horas. Uno no se hace creativo, uno ha nacido creativo, no tiene más remedio que seguir los dictados. ¿Qué es creatividad?

Creatividad puede ser no saber cambiar una casquillo de lámpara.

Nuestro personaje no puede imaginarse haciendo otra cosa que lo que hace, estar dentro de su cabeza, discurrir, imaginar mundos posibles. Sabe que los tiempos están duros, que puede necesitar bajarse los pantalones, o las bragas, para introducirse en una estructura económica la-que-sea. El telemárketing, le han dicho, tiene un convenio más o menos bien atado. Que puedes sacar 900 euros por ocho horas de trabajo y tienes todas las prerrogativas de un asalariado formal, bien protegido. La divagación se detiene.

Salen los portavoces, uno tras otro, y tienen que explicar los problemas que se encuentran las trabajadoras de la cultura en su día a día. Semi-intermitencia económica... Situación perenne... Falta de profesionalización... Dependencia económica de las administraciones... Canibalismo entre nosotros mismos. Porque se trata de subsistir.

Y ¿si fuésemos albañiles? ¿Si nos dedicáramos a colocar productos en los estantes del hipermercado? ¿Habría menos canibalismo? ¿Qué saben los vendedores o los mudancistas del procomún? ¿No tiene ninguno de ellos la sensación, a veces, de trabajar con intangibles, de dominar técnicas y saberes que no tienen ningún valor en la sociedad?

Todavía está un poco perpleja por el contexto en el que necesita insertarse para no sentirse (¡no, otra vez, no!) una alien: muchas de estas personas han puesto en marcha proyectos que dependen única y exclusivamente de la subvención o el contrato público. O es el Estado el que te permite ser, o es el Estado el que te permite existir.

Sin embargo, ninguno de ellos desea ser funcionario. Está en el último escalón de su escala de deseos. Como ella, lo que quieren es que su trabajo sea remunerado. Que sea remunerada su creatividad. Bien consista en realizar festivales, instalaciones o novelas.

Está muy lejos de sus aspiraciones profesionales, pero las reconoce. Cree que ha llegado la hora del café. De hacer networking.

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